El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha declarado este sábado en Barcelona que el tiempo de la derecha y la ultraderecha se agota, marcando el inicio de una nueva era donde "la verg enza cambia de bando". Sus declaraciones se produjeron durante la clausura del foro Global Progressive Mobilisation, un evento que congregó a más de 3.000 representantes de partidos, sindicatos y organizaciones progresistas, todos unidos en la defensa de sus políticas como alternativa al autoritarismo.
En un discurso enérgico y con el objetivo de insuflar ánimo a sus bases, Sánchez argumentó que el ruido y las críticas provenientes de la derecha y la ultraderecha no son señal de fortaleza, sino de temor a perder su influencia. "La derecha no lidera, languidece", afirmó, antes de proclamar que, a partir de hoy, la verg enza recaerá sobre aquellos que promueven la injusticia, la explotación laboral, la criminalización de la diversidad, la mercantilización de los derechos, el privilegio de las élites y el apoyo a conflictos bélicos en Gaza, Cisjordania, Ucrania, Líbano y Oriente Medio.
El líder socialista denunció la rendición de las derechas al negacionismo climático, la xenofobia y el machismo, calificándola como un error estratégico que les costará mucho tiempo superar. En este contexto, recordó la reciente regularización de inmigrantes impulsada por su gobierno, dirigiendo un mensaje directo al Partido Popular y a Vox, afirmando que "España es hija de la migración y no va a ser madre de la xenofobia".
El discurso de Sánchez, interrumpido en varias ocasiones por los aplausos entusiastas del auditorio, no incluyó ninguna mención directa al expresidente de Estados Unidos, Donald Trump, pero sí una firme garantía de que España continuará defendiendo el derecho internacional y la paz, situándose en el lado correcto de la historia. En este sentido, instó a "gritar una y mil veces sí a la paz y no a la guerra", una consigna que fue coreada por los asistentes al acto.
Para lograr este cambio de rumbo, Sánchez hizo un llamamiento a la unidad entre partidos, países y generaciones, instando a recuperar el orgullo después de intentos de avergonzar a quienes defienden sus ideas e historia, y a mantener la fe en el progreso. Criticó la estrategia de la derecha de buscar un progresismo abatido, asustado y derrotado, preocupado únicamente por evitar retrocesos en lugar de avanzar.
"No lo vamos a hacer. No vamos a comprar su pesimismo ni su desesperanza", aseguró Sánchez, defendiendo las políticas de su gobierno en materia de cambio climático, creación de empleo, igualdad, protección de los más vulnerables y ampliación del tiempo libre. Para alcanzar estos objetivos, propuso "doblar el brazo a quienes se creen intocables", incluyendo a los multimillonarios que explotan a la gente, los especuladores que juegan con los ahorros y las viviendas, y los tecnoligarcas que buscan beneficios a costa de la salud de las democracias y la salud mental de los jóvenes.
El presidente del Gobierno concluyó su discurso con una llamada a trabajar incansablemente para hacer realidad los sueños de los progresistas, con la esperanza de que, en el futuro, se pueda mirar atrás y afirmar que "en Barcelona empezó todo". Su mensaje buscó transmitir un sentimiento de optimismo y determinación, marcando un punto de inflexión en la política española y delineando un nuevo camino para el progresismo a nivel global. La declaración de que "la verg enza cambia de bando" simboliza una inversión de roles, donde las políticas y valores progresistas se presentan como la norma y las posturas conservadoras como algo que debe ser cuestionado y rechazado. El evento en Barcelona se posiciona así como un catalizador para un nuevo ciclo político, impulsado por la unidad y la determinación de los movimientos progresistas.












