Tras una década de implementación, la gratuidad en la educación superior es cuestionada por el exministro Harald Beyer, quien afirma que no ha cumplido su objetivo principal de facilitar el acceso, manteniendo niveles similares a los previos a su instauración. Beyer, economista y asesor presidencial en gobiernos de Michelle Bachelet y Sebastián Piñera, ha sido crítico de la política desde sus inicios, considerándola regresiva y motivada por factores políticos más que pedagógicos.
Si bien reconoce que la gratuidad ha supuesto un alivio relevante para estudiantes que evitan endeudarse, Beyer subraya el considerable esfuerzo fiscal que ha implicado, desviando recursos que podrían haberse destinado a otras áreas de la educación superior. Ha dejado a otra dimensión de estudiantes un poquito olvidada , advierte.
El economista critica que el sistema de financiamiento actual se centra en los costos y no en el valor agregado de los programas académicos, un problema que, según él, debió abordarse hace tiempo. Además, señala que la gratuidad ha generado una constante tensión entre el gobierno y las universidades en la regulación de los aranceles. Una vez que uno decide avanzar en gratuidad tiene que fijar el monto que le va a traspasar a las universidades. Y eso siempre va a estar en disputa, porque el gobierno quiere controlar el gasto público lo más posible, independientemente del signo político, y las universidades indudablemente quieren más recursos , explica.
Beyer también advierte sobre el riesgo de segregación universitaria, ya que algunas instituciones han optado por no adherirse a la gratuidad, atrayendo a un tipo de estudiantes diferente. Aunque reconoce que se necesitan más datos para confirmar esta segregación, considera que el riesgo es indudable .
En cuanto a la equidad en el acceso, Beyer sostiene que la gratuidad no ha modificado significativamente el perfil social de los estudiantes. En términos de equidad de acceso creo que no ha cambiado el perfil social de los estudiantes, no parece haber afectado , afirma. Sin embargo, reconoce que ha mejorado el bienestar de algunos grupos, aunque sugiere que un sistema de crédito contingente al ingreso podría haber logrado resultados similares.
Un aspecto preocupante, según Beyer, es la disminución de los umbrales de admisión a las universidades. Antes se admitía a estudiantes que estaban del percentil 34% de la PSU y hoy se está admitiendo gente desde el percentil 10 , señala, lo que podría afectar la calidad de la educación superior.
La relación entre las instituciones y el Estado, desde la implementación de la gratuidad, ha estado marcada por la desconfianza, según Beyer. Los procesos de regulación de aranceles son incomprensibles y las decisiones gubernamentales son percibidas como complejas e inconsistentes por las universidades. Además, muchas instituciones han experimentado un aumento en el número de estudiantes, lo que ha reducido sus ingresos y obligado a ajustes en sus proyectos educativos.
Beyer también señala que alrededor del 20% de los estudiantes que reciben la gratuidad pertenecen a deciles socioeconómicos que no deberían ser beneficiarios, lo que representa un importante gasto para las instituciones. Todo el mundo aprende cómo asegurarse beneficios sociales. En el percentil 60 tengo el beneficio y en el percentil 61, que es básicamente lo mismo, no. Indudablemente que se va a tratar de, entre comillas, defraudar al sistema , comenta.
Respecto al detrimento económico que denuncian las universidades, Beyer reconoce que algunas instituciones han visto mermados sus ingresos debido al aumento inesperado de estudiantes, lo que ha obligado a recortes en sus proyectos. Los ingresos operacionales por estudiante han disminuido en promedio un 9%, y en algunas universidades la caída podría ser aún mayor.
En cuanto a la posible limitación de la adhesión de nuevas instituciones a la gratuidad, Beyer considera que no afectará significativamente el acceso, ya que este ya es alto. Además, los estudiantes que eligen instituciones sin gratuidad son conscientes de ello.
Finalmente, Beyer se muestra escéptico ante la propuesta de limitar la gratuidad a estudiantes menores de 30 años, argumentando que los ahorros serían modestos y que la medida podría ser injusta. Tampoco ve factible la negación de la gratuidad a estudiantes que cometan delitos en el contexto escolar, ya que considera que su implementación sería problemática y su impacto limitado.












