El Fondo Monetario Internacional (FMI) advierte sobre un aumento generalizado de precios en América Latina, provocado por la guerra en Oriente Medio, que afectará el costo de combustibles, alimentos e insumos básicos. Si bien algunos países productores de petróleo podrían experimentar beneficios temporales, el organismo prevé que la inflación aumentará para todos los países de la región. En el caso específico de Costa Rica, el FMI proyecta una inflación de 1% para 2026, después de registrar una deflación de -1.2% en 2025, con una normalización progresiva que alcanzará el 2.4% en 2027.
El informe de Perspectivas de la economía mundial del FMI señala que, aunque la región inició 2026 con un desempeño económico favorable, el conflicto internacional introduce riesgos que podrían frenar la recuperación. Los efectos serán desiguales, dependiendo de la estructura productiva, la dependencia energética y el acceso al financiamiento internacional de cada país.
Países como Argentina, Brasil, Canadá, Colombia, Ecuador, Estados Unidos, Guyana, Trinidad y Tobago y Venezuela, que son productores de petróleo, podrían beneficiarse del aumento en los precios de la energía, fortaleciendo sus exportaciones y mejorando sus finanzas públicas. Sin embargo, incluso en estas economías, el encarecimiento de los combustibles y los alimentos afectará desproporcionadamente a los hogares de menores ingresos.
En contraste, los países del Caribe, altamente dependientes del turismo, se consideran los más vulnerables debido a su elevada deuda y su fuerte dependencia de las importaciones de energía, que representan en promedio alrededor del 6% de su producto interno bruto.
Costa Rica, junto con otros países de América Central, no está exenta de los aumentos en los precios internacionales de la energía y, en algunos casos, cuenta con una capacidad limitada para implementar medidas que mitiguen sus efectos. Las economías con déficits en cuenta corriente o alta dependencia del financiamiento externo podrían enfrentar mayores costos de crédito y menor acceso a los mercados internacionales, debido a la mayor aversión al riesgo entre los inversionistas.
El FMI enfatiza que el impacto en el crecimiento económico variará entre países, pero el efecto sobre la inflación será más uniforme, manifestándose en un aumento de los precios del transporte, los combustibles, los alimentos y otros bienes esenciales.
El organismo recomienda a los gobiernos utilizar de forma estratégica el espacio fiscal disponible y priorizar el apoyo a los hogares y sectores más vulnerables, en lugar de ampliar el gasto generalizado. Subraya la importancia de preservar la estabilidad económica y mantener políticas fiscales y monetarias prudentes para reducir los impactos negativos de la guerra sobre las economías y el bienestar de la población.
En cuanto a Costa Rica, las proyecciones del FMI indican que, después de la deflación de 2025, la inflación regresará gradualmente a niveles positivos. Se estima que el país registrará una inflación de 1% en 2026 y de 2.4% en 2027, lo que refleja una normalización progresiva de los precios.
En términos de actividad económica, el crecimiento del producto interno bruto se mantendrá en niveles relativamente altos, aunque con una moderación respecto al dinamismo reciente. El PIB crecería un 4.6% en 2025 y se estabilizaría en un 3.6% tanto en 2026 como en 2027, según las proyecciones del FMI.
El informe del FMI destaca la importancia de que las economías con instituciones macroeconómicas más fuertes y políticas fiscales creíbles estén mejor preparadas para enfrentar los efectos del conflicto internacional. La capacidad de respuesta de cada país dependerá de su solidez económica y de la implementación de políticas adecuadas para mitigar los impactos negativos.
La advertencia del FMI sobre el aumento de la inflación en América Latina subraya la necesidad de que los gobiernos de la región tomen medidas preventivas para proteger a sus economías y a sus ciudadanos de los efectos de la guerra en Oriente Medio. La estabilidad económica y la prudencia fiscal se presentan como elementos clave para enfrentar este nuevo escenario de incertidumbre global.
El FMI también advierte que la región enfrenta un entorno económico más incierto y que los riesgos para el crecimiento han aumentado, especialmente si el conflicto se prolonga o se intensifica. Por lo tanto, la vigilancia constante y la adaptación de las políticas económicas serán fundamentales para garantizar la estabilidad y el bienestar de la población en los próximos años. La situación exige una respuesta coordinada y estratégica por parte de los gobiernos de la región para minimizar los impactos negativos y aprovechar las oportunidades que puedan surgir en este nuevo contexto internacional.












