Manuel Retana Parra, ingeniero aeroespacial mexicano, lideró el desarrollo de equipos de emergencia cruciales para la misión Artemis II de la NASA, un logro que lo ha llevado desde un pequeño pueblo en Guanajuato hasta el centro espacial Johnson en Houston, Texas. Su historia, marcada por la perseverancia y el ingenio, es un testimonio del talento latino en la exploración espacial.
Retana relata que su fascinación por el espacio comenzó en la secundaria, en San Miguel de Allende, cuando su maestro de física mostró un lanzamiento de cohete de Cabo Cañaveral. En ese momento, desconocía la ubicación de Florida, pero el evento encendió una pasión que lo impulsaría a superar numerosos obstáculos. A pesar de haber nacido en Texas, Retana enfrentó dificultades con el idioma inglés al regresar a México con su madre, originaria de Durango. No podía terminar una oración, veía las noticias y no entendía nada. El idioma me costó trabajo , confiesa.
Sus padres, emigrantes en busca de mejores oportunidades, regresaron a México donde su madre estableció un negocio de ropa en Guanajuato. A los 15 años, Retana regresó a Estados Unidos con el apoyo de su tía y una serie de becas académicas, decidido a dominar el inglés y alcanzar sus metas. Su camino hacia la NASA fue arduo, lleno de rechazos y desafíos. Tras once intentos fallidos, finalmente obtuvo una pasantía en el Centro Espacial Johnson a los 20 años.
Inicialmente, Retana se dedicó a la pirotecnia, probando explosivos para la separación de naves espaciales. Posteriormente, trabajó en operaciones espaciales, aprendiendo a reparar y mantener la Estación Espacial Internacional, y en robótica, donde su especialización no pudo concretarse debido a la saturación del área. En 2020, durante la pandemia de COVID-19, fue contratado como gerente de proyectos de vuelo para sistemas de soporte vital, un área que describe como el aire acondicionado de la nave espacial, lo que crea la atmósfera dentro .
Este puesto lo llevó directamente a participar en la histórica misión Artemis II. Actualmente, Retana lidera un equipo de 15 ingenieros siendo el único mexicano responsables de desarrollar los equipos de emergencia para los astronautas y las naves espaciales, abarcando presupuestos, pruebas, prototipos, documentación y la entrega final del equipo, un proceso que puede extenderse por años. Tengo que ver qué es todo lo que hay que construir en soporte vital de aquí a la fecha del lanzamiento del cohete , explica.
La responsabilidad que conlleva su trabajo es inmensa. Si este equipo no funciona a la perfección, puedo matar a una persona, y no nada más una persona, a la persona que está llevando a la humanidad de regreso a la Luna , afirma con seriedad. El equipo de Retana desarrolló 46 piezas para la nave espacial Orion, incluyendo 5 máscaras, 16 cartuchos contra fuego, 24 prefiltros y el filtro para la nave, diseñados para proteger a los astronautas en caso de incendio.
Las máscaras, similares a las utilizadas por bomberos pero sin oxígeno, permiten respirar aire limpio durante ocho horas. El filtro OSEF, con un tiempo de funcionamiento de cuatro horas, dispersa partículas, elimina humo y ceniza, y pesa alrededor de 8 kilos. El costo de cada máscara ronda los 20.000 dólares, mientras que el filtro supera los 250.000 dólares, más los gastos de desarrollo, lo que Retana bromea llamando las llaves del Lamborghini .
El desarrollo de estos equipos no estuvo exento de contratiempos. Las máscaras, iniciadas en 2020, sufrieron fallas en 2023, pero gracias a la colaboración con los astronautas de la Estación Espacial Internacional, se identificaron y corrigieron los errores, permitiendo la entrega completa del equipo en 2025.
Retana tuvo la oportunidad de interactuar con algunos de los astronautas de Artemis II, incluyendo Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen. Con Hansen y Koch probó el equipo, mientras que con Glover compartió clases de salsa en la NASA, donde admitió que el astronauta tenía dificultades, pero reconoció su dedicación y preparación.
Aunque inicialmente aspiraba a convertirse en astronauta, aplicando sin éxito en dos ocasiones, el nacimiento de su primer hijo cambió sus prioridades. Actualmente vive en Houston con su esposa, originaria de Tamaulipas, pero viaja regularmente a San Miguel de Allende para visitar a su madre y hermanos.
Sus sueños futuros se centran en inspirar a jóvenes interesados en el espacio y dedicarse a la docencia. Retana destaca el ingenio mexicano como clave de su éxito, su capacidad para encontrar soluciones sencillas y económicas a problemas complejos. No sé si haya sido la falta de recursos al crecer, pero nos la inventamos, le sacamos la vuelta y en realidad no me rompo la cabeza , afirma.
Retana, orgulloso de su identidad mexicana, presenció el lanzamiento de Artemis II desde el centro espacial de Houston con su familia, lamentando la ausencia de su madre debido a problemas con la visa. Sin embargo, su madre pudo seguir el lanzamiento desde San Miguel de Allende, animándolo a no sentirse inferior y a defender sus derechos.
Además de su trabajo en la NASA, Retana fundó el Mariachi Celestial , un grupo musical integrado por compañeros de raíces mexicanas y otros entusiastas de la cultura mexicana, demostrando que, incluso en la exploración espacial, los lazos con sus raíces permanecen fuertes.
Retana considera que para que un mexicano viaje en una misión de Artemis, es necesario un mayor compromiso del gobierno mexicano con la investigación espacial y la creación de oportunidades laborales en el sector.
La misión Artemis II concluyó con éxito el 10 de abril, tras un viaje de 10 días que llevó a los astronautas a sobrevolar la Luna y alcanzar la mayor distancia recorrida por un ser humano en la historia. Mientras tanto, Manuel Retana Parra se prepara para Artemis III, continuando con su labor de superar límites y inspirar a otros a soñar con el espacio, sin olvidar sus orígenes.











