La Feria de la Bristol, un centro comercial a cielo abierto con más de 25 años de historia, fue demolida durante la madrugada de hoy en un operativo realizado por la Municipalidad de General Pueyrredon. La acción se produjo tras el allanamiento ordenado por la Justicia Federal el miércoles pasado, y significó el fin de más de 170 puestos que se extendían entre la vereda y la arena de la plaza Colón.
El operativo, descrito como relámpago , tomó por sorpresa a los pocos feriantes y representantes sindicales que permanecían en la zona, cumpliendo funciones de guardia . Cerca de las 2 de la mañana, camiones y un importante despliegue de fuerzas de seguridad tanto de la Prefectura Naval Argentina como de la Policía Bonaerense anticiparon la inminente demolición. La zona fue rápidamente acordonada para impedir el acceso de curiosos y transeúntes, mientras que maquinaria pesada llegó a la playa para comenzar a derribar las estructuras.
La feria, conocida popularmente como La Saladita , se había convertido en un punto de conflicto durante años. El allanamiento del miércoles, ejecutado por personal de la Prefectura Naval Argentina, fue el preludio de la demolición definitiva. Ahora, operarios municipales han arrasado con todo lo construido, poniendo fin a una actividad comercial que involucraba a numerosas familias y generaba un importante movimiento económico en la zona.
El operativo contó con la participación de más de 100 efectivos de la Prefectura Naval Argentina, quienes estuvieron presentes desde el inicio del allanamiento hasta la finalización de la demolición. Además, más de 150 efectivos de la policía de la provincia de Buenos Aires, coordinados por el Superintendente y el Jefe Departamental, colaboraron en el operativo. La Municipalidad también desplegó a casi 100 agentes de diferentes áreas y entes descentralizados, incluyendo Seguridad, EMSUR, EMVIAL, Inspección General y SAME.
La magnitud del operativo refleja la determinación de las autoridades municipales de llevar adelante la demolición, a pesar de la resistencia y las protestas de los feriantes. Durante años, los vendedores ambulantes se habían organizado para defender su derecho a trabajar en el lugar, argumentando que la feria era una fuente de ingresos vital para sus familias. Sin embargo, la Justicia Federal falló a favor de la Municipalidad, lo que finalmente condujo a la demolición.
Tras el desmantelamiento de la feria, dirigentes del Sindicato de Vendedores Ambulantes (Sivara) y algunos de los feriantes afectados han anunciado su intención de organizar una manifestación frente a la Municipalidad. Se espera que la protesta sea una forma de expresar su rechazo a la demolición y exigir una solución a su situación.
La demolición de la Feria de la Bristol marca un punto de inflexión en la historia de la ciudad. El emprendimiento, que había surgido de manera espontánea hace más de dos décadas, se había convertido en un símbolo de la economía informal y el autoempleo. Su desaparición plantea interrogantes sobre el futuro de los vendedores ambulantes y la necesidad de encontrar alternativas para que puedan continuar con su actividad comercial de manera legal y segura.
La Municipalidad aún no ha anunciado planes concretos para el espacio que ocupaba la feria. Sin embargo, se especula con la posibilidad de que se construya un nuevo espacio público o se destine a otros fines comerciales. La decisión final dependerá de las autoridades municipales y de las necesidades de la comunidad.
El operativo de demolición se llevó a cabo con un fuerte dispositivo de seguridad para evitar incidentes. A pesar de la tensión, la demolición se realizó sin mayores contratiempos. Sin embargo, la situación sigue siendo delicada, y se espera que la manifestación anunciada por los feriantes pueda generar nuevos conflictos.
La Feria de la Bristol fue mucho más que un centro comercial. Era un lugar de encuentro, de intercambio y de vida social. Su desaparición deja un vacío en la ciudad y plantea la necesidad de repensar el modelo de desarrollo urbano y económico. La demolición de la feria es un recordatorio de que la economía informal, aunque a menudo marginalizada, es una parte importante de la realidad social y económica de la ciudad.












