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BLOQUEO A IRÁN: Trump apuesta por la asfixia económica ante el fracaso de la vía militar

BLOQUEO A IRÁN: Trump apuesta por la asfixia económica ante el fracaso de la vía militar
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El presidente Donald Trump ha virado su estrategia en relación con Irán, pasando de una posible ofensiva militar a un bloqueo económico que busca estrangular al país sin recurrir a un nuevo enfrentamiento bélico directo con Estados Unidos e Israel. La lógica detrás de esta maniobra reside en la creencia de que, al impedir que Irán exporte petróleo e importe bienes esenciales, se generarán consecuencias financieras y humanitarias tan graves que obligarán a Teherán a aceptar las condiciones impuestas por Washington para poner fin al conflicto.

Esta apuesta podría resultar efectiva, considerando que la economía iraní ya se encuentra debilitada por las sanciones existentes. Un bloqueo prolongado podría desencadenar una escasez de alimentos, hiperinflación y una crisis bancaria, escenarios que podrían desestabilizar al régimen. Sin embargo, la estrategia se basa en una suposición peligrosa: que Irán responderá a la presión de una manera predecible y racional desde la perspectiva occidental.

La historia reciente en Medio Oriente demuestra que adversarios como Irak, Afganistán, Rusia y Libia no siempre actúan de acuerdo con los cálculos de Estados Unidos. Los líderes iraníes podrían resistir la presión, priorizando la supervivencia del régimen incluso a costa del sufrimiento de su población, como han demostrado en el pasado con sucesivas represiones políticas que han causado miles de muertos. La tolerancia al dolor y la percepción de una batalla existencial podrían llevar a Irán a no ceder ante las demandas estadounidenses.

Informes de CNN y otros medios sugieren que Trump inicialmente creía que una ofensiva militar conjunta con Israel resolvería rápidamente la situación, antes de que Irán pudiera tomar medidas como el cierre del estrecho de Ormuz. El éxito del bloqueo, por lo tanto, dependerá de su capacidad para presionar a Irán antes de que la situación económica mundial se vea aún más afectada por el cierre del estrecho, que ya ha provocado una importante reducción en el suministro global de petróleo y gas natural.

Si el bloqueo no logra modificar el comportamiento de Irán, podría convertirse en un fracaso político y agravar las repercusiones de una guerra que ya amenaza las posibilidades del Partido Republicano en las elecciones de mitad de mandato. La estrategia, aunque realista desde el punto de vista militar la Armada de Estados Unidos tiene la capacidad y experiencia para implementar bloqueos, como lo ha demostrado en el pasado en Yugoslavia, Haití y Venezuela , ha sido criticada por su falta de claridad y explicación al público estadounidense.

Un análisis de la Fundación para la Defensa de las Democracias (FDD) argumenta que el bloqueo, mantenido por buques estadounidenses en el estrecho de Ormuz con apoyo aéreo y terrestre, podría dañar rápidamente la economía iraní, interrumpir su comercio, paralizar sus exportaciones de petróleo y generar inflación y presión cambiaria en cuestión de días. Más del 90% del comercio anual de Irán, valorado en 109.700 millones de dólares, transita por el estrecho, lo que lo hace particularmente vulnerable a este tipo de medidas. La interrupción del flujo de petróleo podría obligar a Irán a detener la producción en pocas semanas, al no tener capacidad de almacenamiento.

El almirante retirado James Stavridis, antiguo comandante supremo aliado de la OTAN, señaló que, si bien la ofensiva militar inicial no logró estrangular la economía iraní, el bloqueo podría lograrlo. Sin embargo, el bloqueo plantea a Irán un nuevo dilema estratégico. Las opciones de escalada son arriesgadas, ya que podrían desencadenar la reanudación de los combates y la ruptura del alto el fuego. La Guardia Revolucionaria Islámica podría responder atacando a aliados de Estados Unidos en el Golfo Pérsico, o los rebeldes hutíes de Yemen, respaldados por Irán, podrían bloquear una ruta alternativa para el tráfico de petróleo a través del Mar Rojo, lo que tendría un impacto devastador en la economía mundial y aumentaría la presión política sobre Trump.

El bloqueo también implica un riesgo para Estados Unidos, ya que busca presionar a países como China e India, que compran petróleo iraní, para que obliguen a Teherán a retomar las negociaciones. Sin embargo, la interceptación de un barco chino procedente de Irán podría provocar una crisis diplomática justo antes de la reunión prevista entre Trump y el presidente Xi Jinping en Beijing.

A pesar de estos riesgos, la Casa Blanca se muestra optimista sobre la posibilidad de que el bloqueo conduzca a una nueva ronda de conversaciones con Irán, tras el fracaso de las negociaciones iniciales en Pakistán. La secretaria de prensa Karoline Leavitt declaró que la administración es optimista sobre las perspectivas de un acuerdo, aunque no ofreció detalles concretos.

Sin embargo, muchos observadores señalan que la administración Trump ha presentado a Irán como un país desesperado por llegar a un acuerdo, a pesar de la evidencia en contrario. La estrategia del presidente, basada en la premisa de que toda crisis es una oportunidad para un acuerdo, ha demostrado ser superficial ante la complejidad de los problemas geopolíticos.

Las posturas de Estados Unidos e Irán siguen siendo irreconciliables. Washington busca impedir que Irán desarrolle armas nucleares, restringir su capacidad misilística y poner fin a su apoyo a grupos como Hezbollah y Hamas. Irán exige una compensación por la guerra y se niega a renunciar a sus arsenales de misiles y al derecho a enriquecer uranio.

En las negociaciones recientes, Estados Unidos ofreció suspender el enriquecimiento de uranio durante 20 años, mientras que Irán exigió un período de cinco años. Un posible punto intermedio podría ser la clave para alcanzar un acuerdo. Para lograr una paz duradera, ambas partes deben crear un espacio de oportunidad común donde se satisfagan sus intereses y objetivos, y presentar el acuerdo como un triunfo ante sus respectivas audiencias. Este proceso podría llevar meses e implicar intensos debates sobre temas complejos como la física nuclear y la ciencia del enriquecimiento de uranio, requiriendo de la administración Trump profundidad, sutileza y paciencia, cualidades que hasta ahora han sido escasas en su diplomacia.

La pregunta más importante sobre el bloqueo de Trump a Irán quizás no sea qué sucederá si fracasa, sino qué ocurrirá si funciona. La capacidad de Estados Unidos para comprender las motivaciones y prioridades de Irán, más allá de los cálculos económicos, será crucial para determinar el resultado final de esta nueva estrategia.

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