El presidente Donald Trump ha anunciado su intención de imponer un bloqueo al Estrecho de Ormuz, una medida arriesgada que surge tras el fracaso de las conversaciones de paz con Irán. La administración estadounidense buscaba una capitulación de Teherán, incluyendo el abandono de su programa nuclear y la reapertura del estrecho, exigencias que Irán ha rechazado rotundamente.
El plan de Trump, que busca estrangular la economía iraní al bloquear sus ingresos petroleros, ha provocado un inmediato aumento en los precios del petróleo, alcanzando los 104 dólares por barril. Esta subida amenaza con agravar la inflación y el descontento económico en Estados Unidos, donde los precios de la gasolina ya superan los 4 dólares por galón.
La Casa Blanca ha detallado que el bloqueo se aplicará a todo el tráfico que entre y salga de los puertos iraníes, permitiendo el paso libre a embarcaciones con destino o procedencia de puertos no iraníes. Sin embargo, la medida podría generar tensiones diplomáticas con potencias como China y afectar a aliados como Japón y países europeos, que dependen del petróleo del Golfo.
Expertos advierten sobre los riesgos de esta estrategia, que podría escalar el conflicto y provocar enfrentamientos militares. El senador Mark Warner ha cuestionado la lógica del bloqueo, mientras que la exembajadora ante la ONU, Nikki Haley, lo defiende como una forma de evitar que Irán financie a grupos radicales y continúe su programa nuclear.
El estancamiento en las negociaciones pone en duda la efectividad de la campaña militar estadounidense e israelí contra Irán, que no ha logrado debilitar significativamente la postura de Teherán. La administración Trump se enfrenta a la creciente presión para poner fin a la guerra, pero se ve limitada por el control iraní sobre el Estrecho de Ormuz y su reserva de uranio enriquecido.
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