La prisión federal de máxima seguridad de Alcatraz, conocida como La Roca , vio su reputación de inexpugnabilidad desafiada en 1943 por Floyd Hamilton y un equipo de reclusos, en un intento de fuga audaz y, finalmente, fallido, que culminó con el sorprendente regreso voluntario de Hamilton a la cárcel. Inaugurada en 1934 en una isla de la Bahía de San Francisco, Alcatraz albergó a algunos de los criminales más peligrosos de Estados Unidos, incluyendo a Al Capone, y se consideraba a prueba de escapes. Su historia, sin embargo, se remonta a antes de su función penal, sirviendo inicialmente como fortificación militar y, posteriormente, como prisión militar para soldados desertores, prisioneros de guerra y, en una etapa controvertida, para miembros de la tribu hopi que resistían al gobierno estadounidense.
La transferencia de Alcatraz al Departamento de Justicia en 1933 marcó el inicio de su era como prisión federal de máxima seguridad. Al Capone, con el número de prisionero 85, fue uno de sus primeros y más notorios internos, pasando una estancia difícil en una celda diminuta y sufriendo los efectos de una enfermedad venérea que lo debilitó. Pero fue la llegada de Floyd Hamilton, un criminal con un largo historial de fugas y declarado enemigo público número 1 por el FBI, lo que realmente puso a prueba la seguridad de La Roca . Hamilton, compañero de los famosos Bonnie y Clyde, había evadido la captura en múltiples ocasiones y ya había planeado una fuga de la prisión de Leavenworth, frustrada por un informante.
Las autoridades, conscientes de su habilidad para escapar, lo trasladaron a Alcatraz con la esperanza de que allí encontrara un confinamiento definitivo. Sin embargo, la advertencia de que escapar era inútil y posiblemente fatal no disuadió a Hamilton. En poco tiempo, comenzó a reclutar un equipo de colaboradores: Fred Hunter, Harold Brest y James Boarman. Hamilton, asignado al taller de carpintería, aprovechó su posición para obtener herramientas y materiales para la fuga. Con una sierra clandestina fabricada por Brest, comenzó a limar los barrotes de una ventana que daba al mar, ocultando cuidadosamente su progreso con grasa oscura. Brest también fabricó cuchillos para someter a los guardias.
Hunter, por su parte, se infiltró en la lavandería de la prisión para robar uniformes de guardias, escondiéndolos en latas para mantenerlos secos. El plan era ambicioso: utilizar tablas de surf improvisadas, pintadas de azul para camuflarse con el agua, y tubos de respiración robados de la enfermería para nadar bajo la superficie y evitar ser detectados. A principios de abril de 1943, todo estaba listo.
El martes 13 de abril, los cuatro prisioneros se quedaron más tiempo del habitual en el taller de carpintería, bajo el pretexto de terminar un trabajo. Una vez solos, redujeron a los guardias George Smith y Henry Weinhold, atándolos y amordazándolos. Se desnudaron y se untaron con grasa para protegerse del frío del agua. Sacaron los barrotes de la ventana y lanzaron dos latas con los uniformes al mar. Descubrieron que las otras dos latas eran demasiado grandes para pasar por la abertura, pero no tenían tiempo para buscar alternativas.
Saltaron al mar desde la ventana, ubicada a unos veinte metros de altura, aprovechando la niebla para ocultar su huida. Sin embargo, la corriente marina arrastró las tablas de surf, obligándolos a nadar sin ellas. El jefe de seguridad Weinhold logró liberarse y activar una alarma, alertando a los guardias. Desde la torre de vigilancia, el guardia Frank L. Johnson abrió fuego, hiriendo a Hamilton y Boarman.
Brest intentó mantener a flote a Boarman, pero este se hundió. Brest fue capturado, pero Hamilton y Hunter lograron escapar, llegando a un islote cercano donde encontraron una cueva llena de objetos abandonados. Los guardias, al día siguiente, registraron la cueva sin éxito.
Cuatro días después, Weinhold encontró a Hamilton acurrucado contra una pared del taller, debajo de la ventana de escape. Estaba semidesnudo, tiritando de frío, cubierto de sal y con una herida de bala. Hamilton confesó haber regresado nadando, convencido de que moriría de hambre o de frío en el islote.
A pesar del fracaso, Hamilton se convirtió en el único hombre en escapar de Alcatraz y regresar voluntariamente a la prisión. Fue sentenciado a 15 años adicionales de prisión, al igual que Brest. Hunter también recibió un aumento de pena. Hamilton obtuvo la libertad condicional en 1956.
Alcatraz continuó siendo considerada la prisión más segura del mundo hasta 1962, cuando Frank Morris y los hermanos Anglin lograron una fuga exitosa que nunca fue resuelta. La prisión cerró sus puertas al año siguiente. Hoy en día, Alcatraz es un popular destino turístico, donde los visitantes pueden explorar el lugar que una vez fue considerado inexpugnable. La historia de Floyd Hamilton, aunque menos conocida que la de Morris y los Anglin, es un testimonio de la audacia y la determinación de aquellos que desafiaron la seguridad de La Roca . La película La fuga de Alcatraz , protagonizada por Clint Eastwood, recrea la famosa fuga de 1962, pero la historia de Hamilton, con su regreso inesperado, merece ser recordada como un capítulo único en la historia de esta prisión legendaria.












