Lima, Perú Los peruanos acuden a las urnas este domingo en unas elecciones presidenciales marcadas por una profunda fragmentación política y una creciente desconfianza en las instituciones del país. Con un número récord de 35 candidatos compitiendo por la presidencia, se espera que ninguno obtenga la mayoría absoluta, lo que probablemente conducirá a una segunda vuelta el 7 de junio. La contienda se desarrolla en un contexto de inestabilidad política crónica, con cuatro presidentes en el poder desde 2021, y un electorado cada vez más volátil y desilusionado.
La presidencia de Pedro Castillo, quien llegó al poder en 2021 como un candidato outsider prometiendo combatir la desigualdad y reformar la economía, se vio rápidamente envuelta en investigaciones por corrupción y una gestión caótica. Su intento de disolver el Congreso y gobernar por decreto en diciembre de 2022 resultó en su destitución y arresto. La vicepresidenta Dina Boluarte, quien lo sucedió, también enfrentó una fuerte oposición y fue destituida en octubre pasado, exacerbando la crisis política. Su sucesor, José Jerí, duró apenas cuatro meses en el cargo antes de ser destituido por revelaciones sobre reuniones no reveladas con empresarios investigados. El actual presidente interino, José María Balcázar, no se presenta a las elecciones.
El voto es obligatorio en Perú, un país de aproximadamente 34 millones de habitantes con unos 27 millones de votantes elegibles. Sin embargo, las encuestas sugieren que alrededor del 20 por ciento del electorado aún está indeciso, lo que refleja la falta de un candidato claro y la profunda desconfianza en la clase política.
"Esto es muy volátil, muy contingente. Muy, muy del azar", afirma Alberto Vergara, un politólogo peruano. "Nadie sabe por quién votar. Nadie se diferencia mucho del otro. Todos son bastante mediocres. Ninguno tiene un partido político. La gran mayoría son muy desconocidos".
Entre los principales contendientes se encuentra Keiko Fujimori, quien busca su cuarta oportunidad de llegar a la presidencia. Hija del expresidente Alberto Fujimori, Keiko genera opiniones divididas. Sus seguidores destacan la estabilización económica y la derrota de las insurgencias violentas durante el gobierno de su padre en la década de 1990, mientras que sus críticos lo asocian con el autoritarismo y la corrupción. Alberto Fujimori disolvió el Congreso y gobernó por decreto, y finalmente fue condenado por crímenes de lesa humanidad por su papel en asesinatos cometidos durante la lucha contra los insurgentes.
Además de Fujimori, otros candidatos que figuran en las encuestas con un apoyo similar incluyen a Rafael López Aliaga, un empresario conservador conocido como "Porky", Carlos Álvarez, un comediante con un mensaje antisistema, y Ricardo Belmont, un populista y expresentador de programas de entrevistas socialmente conservador. Ninguno de estos candidatos ha logrado destacar como un claro favorito.
Los temas centrales de la campaña electoral son la delincuencia y la corrupción, que son las principales preocupaciones de los votantes. Perú ha experimentado un aumento de los delitos violentos, impulsado por un incremento de la extorsión, a menudo impuesta por bandas criminales mediante incendios provocados, explosivos o asesinatos selectivos. Esta situación ha generado una demanda de medidas de seguridad más duras y un mayor papel del ejército en la lucha contra el crimen.
La crisis ha puesto de manifiesto las debilidades de la policía y las instituciones estatales, erosionando aún más la confianza pública. Los críticos argumentan que el Congreso ha debilitado los mecanismos de supervisión destinados a combatir la delincuencia.
A nivel regional, se observa una tendencia hacia políticas conservadoras y centradas en el orden público en países como Argentina, Ecuador y Chile, impulsada por la preocupación por la delincuencia, la incertidumbre económica y la frustración con los gobernantes actuales. Si bien estos temas han ganado terreno en Perú, las encuestas reflejan un electorado fragmentado y un sentimiento antisistema, más que un claro cambio ideológico.
Verónica Mendoza, una vendedora de Juliaca, una ciudad en las tierras altas del sur de Perú, expresó su indecisión a la hora de elegir a un candidato. "No estamos bien informados", afirmó. "No han pasado a lo que yo he visto. La campaña poco se ha hecho". Mendoza había apoyado a Castillo en el pasado, pero ahora considera la posibilidad de votar por Belmont.
La incertidumbre que rodea estas elecciones es un reflejo de la profunda crisis política y social que atraviesa Perú. Con partidos políticos débiles y un electorado volátil, el país se enfrenta a un futuro incierto, donde la estabilidad y la gobernabilidad parecen más lejanas que nunca. La elección de este domingo podría ser un punto de inflexión, pero pocos esperan que resuelva los problemas estructurales que han afectado a Perú durante años. La segunda vuelta, si la hay, podría revelar divisiones ideológicas más claras, pero también podría prolongar la incertidumbre y la inestabilidad.










