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DEPORTIVO CUENCA: 55 AÑOS DE PASIÓN Y TRADICIÓN

DEPORTIVO CUENCA: 55 AÑOS DE PASIÓN Y TRADICIÓN
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El 4 de marzo de 1971 nació en Cuenca un equipo de fútbol que se convertiría en un símbolo de identidad para la ciudad y sus habitantes: Deportivo Cuenca. La historia del club se remonta a una conversación casual entre 16 amigos, algunos recién inspirados por el Mundial de México 1970, y el entonces alcalde de la ciudad, Alejandro Serrano Aguilar. De ese encuentro surgió la idea de crear un club que representara a Cuenca en el balompié nacional, una iniciativa que rápidamente prendió en el corazón de los cuencanos.

El primer director técnico en asumir el reto fue Carlos Alberto Raffo, quien tuvo la tarea de formar un equipo competitivo y capaz de despertar el interés de la afición. Entre los primeros refuerzos extranjeros se destacaron jugadores como Rodolfo Piazza, y los paraguayos Gerardo Laterza y Luis Martínez, este último teniendo el honor de marcar el primer gol en la historia del club.

Desde sus inicios, Deportivo Cuenca causó una gran sensación en la ciudad. Los partidos se convirtieron en un evento social, y los cuencanos orgullosos madrugaban para asegurar su lugar en el estadio municipal El Ejido , que posteriormente sería renombrado como Estadio Alejandro Serrano Aguilar en honor al alcalde que impulsó la creación del equipo.

Jugadores como Rodolfo Piazza, Ubdulio Aguirre, Iván Caicedo, Luis Martínez, Leo Vigildo Daza, Gerardo Laterza, Guillermo Jaramillo, Juan Tenorio, Vicente Martínez y Gonzalo Coronel rápidamente se ganaron el cariño y la admiración de la hinchada colorada. Su talento y entrega en la cancha contribuyeron a consolidar al equipo como una fuerza importante en el fútbol ecuatoriano. Desde entonces, en la llamada Atenas del Ecuador, el fútbol se vive con una intensidad y pasión que se transmiten de generación en generación.

Con el paso de las décadas, Deportivo Cuenca no solo se consolidó como un referente deportivo, sino también como un símbolo de identidad para la ciudad. Cada partido, cada triunfo y cada dificultad han fortalecido el vínculo entre el equipo y su gente, convirtiendo al club en parte esencial de la memoria colectiva cuencana. El club ha sido testigo y protagonista de la historia de la ciudad, compartiendo sus alegrías y tristezas con sus habitantes.

A lo largo de su trayectoria, la institución ha atravesado momentos de gloria y también etapas complejas. Sin embargo, su hinchada ha permanecido firme, demostrando que el amor por los colores trasciende resultados deportivos. Esa fidelidad incondicional ha sido clave para sostener al club en los momentos más desafiantes, brindándole el apoyo necesario para superar las adversidades y seguir adelante.

Humberto Pesántez, uno de los 16 amigos fundadores, recuerda con nostalgia los inicios del club. Mis inicios fueron como vocal suplente, pero todos trabajábamos con entrega para que el equipo se mantuviera y compitiera , comenta. Con el tiempo, Pesántez asumió la presidencia del Expreso Austral durante dos periodos, desempeñando un papel fundamental en el crecimiento y desarrollo del club.

Durante su gestión, y con el respaldo de autoridades nacionales, se logró adquirir el predio de Patamarca, al norte de Cuenca, donde años después se construyó un moderno complejo deportivo. Lamentablemente, debido a una grave crisis financiera, el predio tuvo que ser vendido en octubre de 2014, una decisión dolorosa pero necesaria para asegurar la supervivencia del club.

Además de su labor administrativa, Humberto Pesántez es reconocido por crear el sonido emblemático del equipo, que dio origen al apodo de equipo colorado . Este singular instrumento, compuesto por varias cornetas y una batería de automóvil, se convirtió en un símbolo inconfundible en cada partido, especialmente al momento de celebrar un gol. El sonido de las cornetas y la batería creaba una atmósfera festiva y emocionante en el estadio, contagiando a la hinchada con su alegría y entusiasmo.

Hoy, con más de 80 años, don Humberto continúa asistiendo fielmente a los encuentros desde su tradicional lugar en la tribuna sur, espacio que ocupa desde hace cinco décadas. No acude solo, lo acompaña su inseparable bocina y su bisnieto, César Dávila, quien desde los 10 años se convirtió en hincha del club y, desde hace seis, es el encargado de tocar la trompeta en cada partido. La tradición familiar se mantiene viva, transmitiendo el amor por el Deportivo Cuenca de generación en generación.

La pasión por Deportivo Cuenca ha trascendido generaciones en la familia Pesántez. Según cuenta don Humberto, ya son cinco las generaciones que alientan al cuenquita . Incluso el pequeño José Daniel Vélez, de apenas tres años, cuenta ya con su abono y asiste al estadio siempre que es posible, demostrando que el amor por el club se hereda desde la cuna. La historia de Deportivo Cuenca es una historia de pasión, tradición y fidelidad, un legado que perdurará en el tiempo y seguirá inspirando a las futuras generaciones de cuencanos.

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