En 1976, Raquel Sabatier y Dany Olivet, jóvenes de 20 y 22 años con una hija de un año, abandonaron Buenos Aires buscando una vida más conectada con la naturaleza. Su destino: Epuyén, en la Comarca Andina, un corredor de pueblos en el noroeste de Chubut y el sur de Río Negro, que se convirtió en imán para quienes, como ellos, anhelaban ensayar otra vida . No estaban solos. A ellos se sumaron, en los años siguientes, Fede Lichter, Cuqui Honik y Alejandra Piovano, cada uno con su propia historia y motivaciones, pero unidos por la búsqueda de un espacio donde la libertad y la comunidad fueran posibles.
La Comarca, hoy, es un mosaico de relatos como estos, un territorio que atrajo a la contracultura hippie y a personas disidentes con la sociedad de la época. La llegada no fue sencilla: requirió adaptarse a la falta de servicios, aprender a vivir de la tierra y construir redes de apoyo mutuo. Raquel recuerda su llegada a una chacra en Epuyén, un rancho humilde donde aprendió a valorar la simplicidad y la conexión con la naturaleza. Fede, por su parte, llegó huyendo del clima político de la dictadura, guiado por una red de contactos que ya se habían establecido en la zona.
Cuqui, tras años viajando por el mundo, encontró en El Bolsón la riqueza cultural que buscaba, mientras que Alejandra y su pareja, decidieron irse durante la guerra de Malvinas, encontrando en El Bolsón el país de la libertad .
La vida en la Comarca implicó desafíos constantes: cortar leña, cultivar la tierra, construir viviendas. Pero también significó la posibilidad de crear una comunidad basada en valores como la solidaridad, la ecología y la espiritualidad. Con el tiempo, la Comarca se transformó, enfrentando desafíos como la llegada del turismo masivo, la expansión de los monocultivos y los incendios forestales. Sin embargo, el espíritu original de búsqueda y resistencia persiste, encarnado en nuevas generaciones que continúan construyendo un futuro diferente.
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