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IA: Avances, Riesgos y el Debate sobre su Impacto Real

IA: Avances, Riesgos y el Debate sobre su Impacto Real
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La inteligencia artificial (IA) se ha infiltrado en prácticamente todos los aspectos de la vida moderna, desde la atención médica hasta la educación y el trabajo. Si bien ofrece beneficios tangibles en productividad, eficiencia e incluso creatividad, su rápido desarrollo también plantea tensiones significativas relacionadas con la ética, la privacidad, el impacto ambiental y la desigualdad en el acceso. Expertos de diversas disciplinas advierten sobre la necesidad de un uso responsable y crítico de esta tecnología, reconociendo que su futuro es incierto y requiere una reflexión constante.

La asimilación del potencial tecnológico y su aplicación real avanzan en paralelo, a menudo cruzándose. La consulta a expertos científicos, empresariales y usuarios revela una foto fija del momento actual, donde el pasado y el presente convergen en un futuro impredecible. La IA ya está transformando sistemas gubernamentales, educativos, culturales, de salud, laborales e investigativos. En el ámbito de la salud, por ejemplo, la IA optimiza la gestión de turnos, la atención al paciente y la detección temprana de enfermedades.

Sin embargo, este progreso no está exento de riesgos. La posible deshumanización de la relación médico-paciente, las preocupaciones sobre la privacidad de los datos y la exacerbación de las desigualdades son temas centrales en el debate. La investigadora chilena Paz Peña Ochoa, integrante de la plataforma DataCenterBoom!, destaca el impacto ambiental de la infraestructura que sustenta la IA, especialmente los centros de datos y la extracción de minerales necesarios para su funcionamiento. Su libro, "Tecnologías para un planeta en llamas", propone una transición digital que considere los costos sociales y ecológicos, priorizando la equidad, la sostenibilidad y el control democrático.

Aiala Rosá, doctora en ingeniería de la Universidad de la República, subraya la dificultad de medir los alcances de la IA debido a la velocidad de su desarrollo. Hace 5 años no me imaginaba el potencial que esta tecnología podría alcanzar , afirma, refiriéndose a su área de investigación, el procesamiento del lenguaje natural. Rosá enfatiza la importancia de utilizar la IA como asistente, asumiendo siempre la responsabilidad de los resultados generados, y advierte sobre la reproducción de sesgos discriminatorios derivados de los datos de entrenamiento. La Facultad de Ingeniería de la Udelar ha aprobado una guía para el uso ético y crítico de la IA, proponiendo diferentes niveles de uso según el tipo de curso y destacando la importancia de informar a los estudiantes sobre las pautas permitidas.

El Summit AI Human Future, un foro celebrado en Uruguay desde hace cuatro años, se ha convertido en un espacio de debate sobre las consecuencias de la IA desde perspectivas críticas y prácticas. Jerónimo Pino, fundador del Summit, señala la paradoja de que, mientras se descubren curas para nuevas enfermedades, disminuyen las oportunidades laborales para los perfiles junior. Además, advierte sobre la creciente dificultad para distinguir entre lo real y lo irreal debido a los deepfakes y la IA.

Jon Hernández, divulgador de Inteligencia Artificial en España, compara la IA con la electricidad e Internet, destacando su potencial transformador. En su opinión, la IA no es solo una herramienta, sino una revolución que está cambiando el mundo. Hernández enfatiza que incluso los desarrolladores de IA no siempre comprenden completamente su funcionamiento, por lo que recomienda centrarse en sus efectos concretos.

Juan Lavista Ferrés, vicepresidente corporativo y científico jefe de datos de Microsoft, afirma que es posible medir los alcances de la IA, aunque no de forma perfecta. Identifica tres niveles de análisis: la adopción, el impacto positivo y los riesgos. Según Lavista, más del 15% de la población mundial ya utiliza inteligencia artificial generativa, mientras que en Uruguay esta cifra asciende al 22,5%. Destaca los aumentos significativos de la productividad en tareas como la programación, la escritura y la atención al cliente, así como en áreas como la salud y la respuesta a desastres.

Sin embargo, Lavista reconoce que medir los efectos negativos es más complejo, ya que es difícil atribuir los cambios directamente a la IA. Menciona el uso de la tecnología en fraude y desinformación, así como su potencial impacto en el mercado laboral. A pesar de los riesgos, Lavista se muestra optimista, argumentando que las tecnologías de propósito general, como la IA, han generado más empleo a largo plazo, aunque con una distribución asimétrica de los beneficios y costos.

En conclusión, la inteligencia artificial presenta un panorama complejo y multifacético. Si bien ofrece oportunidades sin precedentes para mejorar la calidad de vida y aumentar la productividad, también plantea desafíos éticos, sociales y ambientales que requieren una atención cuidadosa y una regulación responsable. El debate sobre el impacto real de la IA está en curso, y su futuro dependerá de la capacidad de la humanidad para aprovechar sus beneficios y mitigar sus riesgos. La necesidad de un enfoque crítico, consciente y equitativo es fundamental para garantizar que la IA se convierta en una herramienta para el progreso y el bienestar de todos.

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