Estados Unidos, y particularmente el estado de California, está implementando una estrategia inusual para enfrentar la creciente escasez de agua: llevar millones de litros de agua de mar hacia tierra firme para su tratamiento y posterior uso en agricultura, industria y consumo humano. Esta medida responde a una situación crítica, marcada por la sequía prolongada y la sobreexplotación de los recursos hídricos tradicionales.
California, un estado que históricamente ha dependido de un sistema hídrico complejo basado en ríos como el Colorado y grandes embalses, se encuentra en una encrucijada. Los niveles de agua en estos ríos y embalses han descendido drásticamente debido a la sequía, mientras que los acuíferos subterráneos están siendo agotados a un ritmo alarmante. Un estudio de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA) revela que el periodo comprendido entre 2000 y 2021 fue el más seco en al menos 1.200 años en la región, lo que ha intensificado la presión sobre los recursos hídricos disponibles.
Ante esta realidad, California ha comenzado a integrar el Océano Pacífico en su sistema de suministro de agua, complementando las presas, embalses y acueductos existentes. La desalinización, un proceso que convierte el agua de mar en agua dulce, se ha convertido en una de las principales técnicas utilizadas para abordar la creciente demanda de agua potable.
Un ejemplo destacado de esta estrategia es la planta desalinizadora Claude Bud Lewis, ubicada en Carlsbad. Esta instalación, una de las más grandes y eficientes del país, tiene la capacidad de abastecer a aproximadamente 400.000 personas en el área metropolitana de San Diego. El proyecto, que requirió una inversión de 1.000 millones de dólares, incluye no solo la planta desalinizadora, sino también un acueducto de 16 kilómetros de longitud.
En un día normal, la planta de Carlsbad utiliza alrededor de 300 millones de litros de agua de mar extraída del Océano Pacífico a través de una toma ubicada en la laguna Agua Hedionda. El agua se bombea a la planta a través de una tubería de alimentación, donde se somete al proceso de desalinización. Aproximadamente la mitad del agua de mar se convierte en agua potable, mientras que el resto se devuelve al océano.
Además de Carlsbad, se están desarrollando nuevos proyectos de desalinización en California. En Dana Point, en el condado de Orange, se encuentra en construcción la planta desalinizadora Doheny Ocean, que empleará tecnología de ósmosis inversa. Según la empresa Acciona, encargada de la construcción y operación de la planta, se utilizarán cinco pozos inclinados ubicados bajo el lecho marino para extraer el agua de mar, minimizando así cualquier impacto en la vida marina.
La salmuera, el subproducto salino del proceso de desalinización, se mezclará con agua proveniente de una planta de tratamiento de aguas residuales adyacente y se liberará de nuevo al océano a través de un emisario submarino existente, una práctica que se considera la más adecuada para proteger el medio ambiente.
Sin embargo, la desalinización no es la única solución que se está explorando en California. La reutilización de aguas residuales, una tecnología avalada por la Organización Mundial de la Salud (OMS), también está ganando terreno. En el condado de Orange, el Groundwater Replenishment System (GWRS) toma aguas residuales ya depuradas y las somete a un tratamiento avanzado para obtener agua de muy alta calidad. Esta agua se inyecta en acuíferos o se mezcla en embalses antes de ser potabilizada nuevamente.
El GWRS es el sistema de purificación de agua más grande del mundo destinado a la reutilización potable indirecta. Combina microfiltración, ósmosis inversa y desinfección ultravioleta con peróxido de hidrógeno para garantizar la seguridad y calidad del agua.
Estas iniciativas representan un esfuerzo significativo por parte de California para diversificar sus fuentes de agua y asegurar un suministro sostenible en un contexto de cambio climático y creciente demanda. La combinación de desalinización, reutilización de aguas residuales y gestión eficiente de los recursos hídricos existentes podría ser clave para enfrentar los desafíos del futuro y garantizar el acceso al agua para las generaciones venideras. La búsqueda de soluciones innovadoras se ha convertido en una prioridad para un estado que depende cada vez más de la capacidad de transformar el agua de mar en un recurso vital.










