La intrincada relación entre Irán e Israel, marcada por décadas de acercamientos y distanciamientos, sigue siendo un punto central en la estabilidad de la región. Un analista con cinco años de experiencia trabajando en Teherán, incluyendo el inicio de la primera Guerra del Golfo, y con conocimiento profundo de las dinámicas de las Naciones Unidas y el Mossad, advierte sobre la imposibilidad de abordar la seguridad internacional sin considerar la situación de los derechos humanos.
El experto destaca la larga historia de interacción entre ambos países, recordando la liberación de los judíos en Babilonia por el rey persa Ciro el Grande en el 539 a.C. como un ejemplo temprano de tolerancia religiosa, y la estrecha colaboración entre la SAVAK iraní y el Mossad israelí durante la década de 1970 en materia de inteligencia y operaciones regionales. Sin embargo, subraya que el régimen iraní actual representa un caso paradigmático de fracaso en la gobernabilidad, debido a su incapacidad para generar riqueza, su ideología agresiva y su sistemática violación de los derechos humanos.
La represión, según el analista, es el instrumento fundamental del régimen para mantenerse en el poder, una contradicción flagrante con su eslogan inicial de victoria de los oprimidos sobre los opresores . Critica la indulgencia de la comunidad internacional con los violadores de derechos humanos, desde el apoyo directo a dictaduras hasta el apaciguamiento, políticas que han demostrado ser ineficaces y costosas en términos de sufrimiento humano. Señala que muchas democracias occidentales prefieren la compañía de regímenes autoritarios, atraídas por intereses económicos y la corrupción.
El liderazgo político regional, a su juicio, evade con frecuencia la defensa de los derechos humanos, enfocándose en situaciones lejanas como Gaza mientras ignora las violaciones en Cuba o Venezuela. Esta actitud, califica, es un escapismo que socava la credibilidad de la región. El analista enfatiza que la credibilidad se construye resolviendo los problemas propios y de la comunidad internacional, no ignorándolos.
La seguridad de un país, argumenta, está intrínsecamente ligada a los derechos humanos, al combate del crimen organizado y del terrorismo, y a la prevención de la proliferación nuclear. El cambio de régimen, aunque a menudo se equipara a una guerra, requiere que las violaciones de derechos humanos sean escuchadas y defendidas, aunque algunos Estados carezcan de la capacidad o la voluntad de actuar.
El analista considera que el fin de la guerra entre Irán e Israel sería un éxito significativo, pero reconoce la complejidad de lograrlo, especialmente a la luz de las vulnerabilidades de seguridad israelíes demostradas el 7 de octubre de 2023. Aboga por un Irán gobernado bajo nuevos parámetros de amistad regional, tanto para Israel como para los demás países del Golfo.
La seguridad de Israel, según el experto, depende de la incapacidad operativa de Hamás, los hutíes, Hezbollah y otras milicias chiíes regionales. La persistencia de estos problemas es insostenible, citando el ejemplo de Armenia y Azerbaiyán, donde la superioridad militar de este último resolvió el conflicto de manera drástica. Israel, advierte, no puede permitirse una situación similar.
El analista critica la tendencia de Estados Unidos a ganar guerras militarmente pero perderlas políticamente, debido a la falta de voluntad para promover cambios de régimen. Señala que la administración Trump parece priorizar la supervivencia del régimen iraní sobre un cambio de régimen, una postura que genera desconfianza en Israel.
Describe la diplomacia iraní como un juego de enredos, diseñado para ganar tiempo y asegurar la supervivencia del régimen, recordando su habilidad para negociar con diferentes administraciones estadounidenses y para explotar las divisiones políticas internas de Occidente. Subraya que Irán ha sido ocupado a lo largo de su historia por diversas potencias, pero ha demostrado una notable capacidad de resistencia.
La planificación de objetivos políticos en Occidente, según el analista, ha considerado consistentemente a Irán como un objetivo estratégico, debido a su programa nuclear y sus violaciones de acuerdos internacionales. Reconoce que los bombardeos a instalaciones militares iraníes bajo la administración Trump fueron un intento de desmantelar el régimen, pero lamenta que el consenso sobre el peligro iraní se haya disipado posteriormente.
En un mundo caótico, el analista destaca la importancia de la iniciativa y la capacidad de frenar las acciones de adversarios. Critica la tendencia a enfocarse en temas como el caso Epstein mientras se ignoran las violaciones de derechos humanos en países como Cuba, Venezuela y Nicaragua.
Finalmente, el analista enfatiza que la vida es injusta, especialmente para aquellos que no pueden volver a casa o que viven oprimidos. Aboga por un enfoque en la defensa de los derechos humanos y la búsqueda de la justicia para los oprimidos, recordando que la seguridad de un país está intrínsecamente ligada al respeto de los derechos fundamentales de sus ciudadanos y de la comunidad internacional. La clave, concluye, reside en la capacidad de actuar y de proteger aquello que se valora, antes de que desaparezca o se vea gravemente comprometido.








