El Gobierno porteño relanzó un proyecto largamente postergado: la construcción de cinco playas de estacionamiento subterráneas con capacidad para 1.500 vehículos. La iniciativa, que requiere una inversión de 60 millones de dólares y se financiará a través de la iniciativa privada, busca desincentivar el ingreso de automóviles al área central de la ciudad y promover el uso del transporte público. Los espacios estarán distribuidos en distintos barrios y cedidos a privados por un plazo de 20 años, quienes serán responsables de su construcción y operación.
La medida responde a la creciente congestión vehicular en la Ciudad de Buenos Aires, donde circulan alrededor de un millón y medio de vehículos, a pesar de tener más de un millón patentados. El estacionamiento se ha convertido en un problema crónico, tanto en las calles como en los espacios habilitados. La propuesta busca ofrecer una alternativa a los automovilistas que provienen de la periferia o del Gran Buenos Aires, permitiéndoles dejar sus vehículos en las afueras y continuar su viaje en transporte público.
Este no es el primer intento de implementar playas subterráneas en la ciudad. De hecho, existen tres leyes, de los años 2000 y 2009, que contemplan la creación de estos sistemas de estacionamiento. Según archivos de Clarín, estas leyes preveían la construcción de 55 playas, de las cuales solo se concretó una: la ubicada debajo de la Plaza Mitre, en Recoleta. Otros intentos fueron abandonados o frenados por protestas vecinales, como el proyecto para el Parque Las Heras.
El nuevo llamado a licitación se centra en cinco ubicaciones estratégicas: el Parque España en Barracas, la intersección de Lavardén y Los Patos en Parque Patricios, la Plaza Inmigrantes de Armenia en Palermo, la Plaza Noruega en Belgrano y el Parque de la Innovación en Núñez.
Las playas de estacionamiento no solo ofrecerán espacios para vehículos, sino también servicios complementarios como gastronomía, entretenimiento y áreas verdes con espacios para ocio. Se espera que estas mejoras contribuyan a la valorización del entorno. Además, se prevé la integración a la red Blinkay, el sistema de estacionamiento medido de la ciudad, y la posibilidad de ofrecer beneficios tarifarios para quienes utilicen el Pase Subte o tarjetas de transporte.
La iniciativa también contempla la instalación de estaciones de carga para vehículos eléctricos y puntos de retiro de compras online, adaptándose a las nuevas tendencias de movilidad y consumo.
El Gobierno porteño enfatizó que cada proyecto será sometido a una Evaluación de Impacto Ambiental, en cumplimiento con la Ley 123 de la Ciudad, para asegurar que se minimicen los efectos negativos sobre el medio ambiente y se obtenga el Certificado de Aptitud Ambiental (CAA) antes de iniciar las obras.
La construcción de cada playa de estacionamiento demandará aproximadamente 24 meses, debido a la complejidad de las obras, que en algunos casos implicarán levantar parte de la superficie de las plazas para construir los garajes subterráneos y luego restaurar el espacio verde.
Como ejemplo de proyectos exitosos desarrollados bajo el esquema de iniciativa privada, el Gobierno porteño mencionó el Centro de Transferencia de Cargas (CTC) ubicado en el Sur de la Ciudad.
La inversión de 60 millones de dólares se enmarca en el régimen de iniciativa privada , que busca atraer capitales privados para el desarrollo de proyectos de obra pública, concesiones, servicios públicos, proyectos innovadores o de puesta en valor que sean de interés público para la Ciudad.
Las autoridades porteñas confían en que esta iniciativa contribuirá a mejorar la calidad de vida de los ciudadanos, reducir la congestión vehicular y promover un modelo de movilidad más sostenible. La experiencia de otros proyectos similares, tanto en Argentina como en el extranjero, sugiere que las playas subterráneas pueden ser una solución efectiva para aliviar los problemas de estacionamiento y mejorar la fluidez del tránsito en las grandes ciudades.












