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RUSIA REPLANTEA SU ESTACIÓN ESPACIAL: ÓRBITA, COLABORACIÓN Y UN PROYECTO LUNAR

RUSIA REPLANTEA SU ESTACIÓN ESPACIAL: ÓRBITA, COLABORACIÓN Y UN PROYECTO LUNAR

Rusia modifica drásticamente los planes para su futura estación espacial ROS, abandonando la órbita polar inicial y optando por una trayectoria similar a la de la Estación Espacial Internacional (ISS). Este cambio, anunciado en diciembre de 2025 por el director general de Roscosmos, Dmitri Bakanov, responde a las dificultades técnicas y económicas que implicaba la órbita polar, incluyendo la reducción de la capacidad de carga de los cohetes Soyuz y la mayor exposición a la radiación para los cosmonautas. La nueva estrategia contempla el uso de la ISS como plataforma de ensamblaje para ROS, un proyecto que originalmente se planteó en 2014 y que ahora se espera esté operativo en 2030.

La decisión de situar ROS en la misma órbita que la ISS (51,6 de inclinación) simplifica la logística y permite utilizar las mismas naves de carga y transporte de tripulación que ya operan en la ISS, como las Progress-MS y Soyuz-MS. Además, facilita la posibilidad de integrar ROS con el segmento ruso de la ISS antes de separarla, una opción que Roscosmos considera viable y eficiente. El plan actual prevé el lanzamiento de un nuevo módulo nodo UUM en 2028, que reemplazará al nodo Prichal y servirá como punto de conexión para el módulo NEM, que se lanzará en 2029 mediante un cohete Angará A5M. En 2030, el conjunto Nauka-UUM-NEM se desprenderá de la ISS para formar la estación ROS, a la que se sumará la esclusa ShM ese mismo año y el Módulo Base (BM) en 2031.

La primera fase de ROS, con una configuración similar a la Estación Espacial China, se completará con el lanzamiento de los módulos pesados TsM-1 y TsM-2 entre 2031 y 2034. A largo plazo, se espera que la nave tripulada Oryol, cuyo debut está previsto para 2028, se integre a las operaciones de ROS.

Más allá de la estación espacial, Roscosmos ha presentado un ambicioso proyecto para desarrollar un módulo de 22 toneladas que serviría como base para una futura estación lunar. Este módulo, basado en el diseño de los módulos de ROS como el NEM, incorporaría un sistema de propulsión derivado de la nave Oryol y se acoplaría inicialmente a ROS antes de ser trasladado a la órbita lunar mediante un remolcador o una etapa propulsiva. La idea es que este módulo lunar espere en órbita la llegada de la nave Oryol con la tripulación, lo que requeriría el uso de un cohete pesado o, de forma más factible, el acoplamiento de la nave a una etapa propulsiva adicional. Este proyecto, que recuerda a la iniciativa Gateway impulsada por la NASA, podría ser una oportunidad para la colaboración con China, aunque Roscosmos reconoce que actualmente no cuenta con el presupuesto necesario para llevarlo a cabo debido a la guerra en Ucrania.

Sin embargo, la viabilidad de estos planes ha sido cuestionada por expertos en el sector espacial. Algunos señalan que la ISS, a pesar de los problemas estructurales y su fecha de vencimiento prevista para 2030 o 2032, podría ser utilizada como base para nuevas estaciones espaciales y la reutilización de sus módulos más interesantes. Otros dudan de la capacidad de Rusia para separar su segmento de la ISS, especialmente el módulo Zarya, que se considera propiedad de Estados Unidos.

Además, se argumenta que el programa espacial ruso, más allá de su participación en la ISS, se basa principalmente en presentaciones y proyectos teóricos, sin un respaldo económico sólido. La falta de recursos, agravada por las sanciones internacionales y la crisis económica, pone en duda la posibilidad de que Rusia pueda construir y mantener una estación espacial propia, como ROS, o embarcarse en proyectos más ambiciosos, como una estación lunar.

La posibilidad de una colaboración con China también se considera improbable, ya que China cuenta con su propia estación espacial y no necesita la ayuda de Rusia para desarrollar sus proyectos espaciales. En el mejor de los casos, Rusia podría ofrecer a China materias primas a cambio de apoyo financiero o tecnológico, pero incluso esta opción parece remota.

En definitiva, el futuro del programa espacial ruso es incierto. Si bien los planes para ROS y la estación lunar son ambiciosos, su realización depende de la disponibilidad de recursos económicos y la superación de los desafíos técnicos y políticos que enfrenta Rusia en la actualidad. La guerra en Ucrania ha tenido un impacto significativo en el presupuesto espacial ruso y ha dificultado la cooperación internacional, lo que pone en riesgo la viabilidad de estos proyectos.

La situación actual plantea interrogantes sobre el futuro de la ISS y la posibilidad de que se extienda su vida útil más allá de 2032. La NASA ya está considerando opciones para ampliar la vida útil de la estación y explorar la posibilidad de utilizarla como base para futuras misiones espaciales. Sin embargo, la decisión final dependerá de la evaluación de los riesgos estructurales y la disponibilidad de recursos financieros.

En un contexto global marcado por la creciente competencia en el espacio, Rusia se enfrenta al desafío de mantener su posición como potencia espacial a pesar de las dificultades económicas y políticas. La capacidad de Roscosmos para llevar a cabo sus planes y colaborar con otros países será determinante para el futuro del programa espacial ruso y su contribución a la exploración del espacio.

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