La acción de la escritora María Galindo de cortar un tipoy como forma de protesta, argumentando que esta vestimenta representa el colonialismo y no la identifica, ha desatado un debate en Santa Cruz y el oriente boliviano sobre la identidad, el respeto a las tradiciones y los límites de la protesta. El texto, publicado el 8 de abril de 2026, analiza la reacción a este acto y la importancia de no dejarse arrastrar por la confrontación.
El autor del texto, Luzgardo Murua, reflexiona sobre la figura del tipoy en la cultura chiquitana, recordando el orgullo con el que su abuela Cecilia lo usaba. Contrasta esta imagen con la decisión de Galindo, señalando que la acción de una persona no debe definir la identidad de todo un pueblo. No veo, por tanto, por qué debiéramos los chiquitanos, los cruceños, los cambas, los orientales ofendernos por lo que ha dicho y hecho la señora María Galindo , escribe Murua.
La reacción en redes sociales, según el texto, ha sido polarizada, con algunos sugiriendo sanciones severas contra Galindo, como la muerte civil y el boicot a sus obras. Murua critica esta actitud, argumentando que solo serviría para igualar a los críticos con la persona que provocó la controversia. ¿Expulsarla? Para qué. Hoy, María se autoexilia dondequiera que va , señala.
El autor enfatiza que la cultura cruceña, y la del oriente boliviano en general, es lo suficientemente sólida como para no verse amenazada por la opinión de una sola persona. Una cultura sólida no necesita reaccionar con violencia ni venganza para afirmarse; se sostiene en su historia, en su gente y en sus valores , afirma. Subraya que la identidad cruceña se basa en la historia, la gente y los valores, y no en la aprobación o desaprobación de individuos externos.
Murua establece un paralelismo entre la postura de Galindo y la falta de respeto que algunos podrían tener hacia otras expresiones culturales, como la pollera en el oriente. Sin embargo, destaca la actitud de apertura y tolerancia de la región, que acoge y respeta las diferentes identidades. El oriental cruceño, beniano, pandino no solo respeta la pollera, sino todas las identidades diferentes, y las acoge, le extiende la mano y le invita a quedarse en esta tierra para servirse un café con cuñapé o un majau clinudo , describe.
El texto también analiza las motivaciones detrás del acto de Galindo, sugiriendo que su pose de feminista rebelde y revolucionaria ha perdido fuerza y que busca llamar la atención a través de acciones provocadoras. Actúa conscientemente porque asume que su pose de feminista rebelde y revolucionaria ha quedado vacío de argumentos y de ideas, entonces, como toda vacuidad, necesita show , argumenta Murua. Considera que es más fácil criticar hacia afuera que reflexionar internamente.
El autor insiste en que Galindo no representa ni a La Paz ni al occidente boliviano, y que responder a sus provocaciones solo serviría para darle visibilidad a ideas consideradas bárbaras, atrasadas y racistas . Además, critica la falta de conocimiento sobre la historia del oriente boliviano que, según él, se evidencia en las críticas de Galindo.
Finalmente, Murua desestima la importancia de la figura de Galindo, reduciéndola a una persona conocida solo por su vestimenta estrambótica y su actitud provocadora. María tampoco representa a La Paz ni al occidente, faltaría más simplemente una señora a la que le llaman la Galindo , y no por su conocimiento, sino tan solo por su vestimenta estrambótica, ni siquiera hecha a su medida, donde ahí sí hay mucha tela por cortar , concluye. El texto, en su conjunto, es una defensa de la identidad cruceña y un llamado a la tolerancia y al respeto mutuo.










