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Día de la Empanada: Un viaje culinario por Argentina

Día de la Empanada: Un viaje culinario por Argentina
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Todos los 8 de abril se celebra el Día de la Empanada, una festividad que exalta las cualidades de esta comida típica de la Argentina. Aunque el origen de la efeméride está fijado en el extranjero, lo que a su vez le da su carácter de Día Mundial, el epicentro de la fiesta está en la Argentina, debido a que la geografía nacional ofrece distintas variedades de esta preparación básica, que surgió de la necesidad de contener viandas en panes para comerlas en el camino.

No sorprende que un país tan vasto y mayormente llano como la Argentina, donde por siglos se impuso la parsimonia de los viajes en carreta, se favoreció el desarrollo de la empanada. Primero, como una necesidad práctica en la travesía, y más tarde, por puro gusto culinario. La empanada se convirtió en un elemento esencial del paisaje gastronómico argentino, adaptándose a los ingredientes y preferencias de cada región.

El origen de la empanada es difuso, aunque su lugar de nacimiento suele referenciarse en la antigua Persia, actualmente Irán. Allí, al calor de los largos viajes por el desierto, surgieron algunas de las primeras variantes de este plato, que aún hoy pueden conseguirse: el Fatay, la Sfiha, las Samosas y los Piroshki. Estas preparaciones, diseñadas para ser comidas con las manos y transportar alimentos de manera práctica, sentaron las bases para lo que eventualmente se convertiría en la empanada tal como la conocemos.

La invasión mora de la Península Ibérica llevó estas preparaciones a la tierra disputada por siglos entre el Islam y el cristianismo. Cuando este último se impuso finalmente en 1492, las empanadas ya eran parte de la cultura española, y todavía tienen un lugar destacado en las recetas de Galicia o Asturias, por ejemplo. La influencia árabe en la cocina española dejó una huella imborrable, y la empanada fue uno de los legados más importantes de este período.

La conquista de América tuvo como una de sus infinitas derivaciones la llegada de este tipo de preparaciones al continente. En América, el paso del tiempo, la geografía y las costumbres de las distintas latitudes le dieron repulgues, formas de cocción y rellenos distintos. La empanada se transformó en un lienzo culinario donde cada región plasmó su identidad y sus ingredientes locales.

Las variantes más famosas se estructuraron alrededor de la región andina, de donde surgieron como especialidades en Tucumán, Salta, Catamarca y Santiago del Estero, por nombrar solo algunos puntos cardinales de la empanada. Cada provincia desarrolló su propia receta, utilizando ingredientes y técnicas de cocción que reflejan su historia y su entorno.

Las diferencias son pronunciadas y causa de debate eterno: las tucumanas no pueden prescindir del jugo, los catamarqueños le suman papa hervida y cortada en daditos, mientras que los salteños buscan destacar con la sazón de su relleno, entre otros matices provinciales que vistos desde lejos forman una identidad nacional. Estas diferencias no son motivo de conflicto, sino de orgullo, ya que demuestran la riqueza y la diversidad de la gastronomía argentina.

Influenciada por su puerto y el contacto entre criollos, latinos y europeos, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires incorporó todas estas recetas y también creó su propia escuela de empanadas, cómo puede degustarse actualmente en la Avenida Corrientes o en otros lugares donde proliferan locales que sirven este tipo de comida. Buenos Aires se convirtió en un crisol de sabores, donde las tradiciones culinarias de todo el país se fusionaron y se reinventaron.

La importancia de la empanada en la cocina nacional está incluso tipificada, desde que fueron declaradas Patrimonio Cultural Alimentario y Gastronómico Argentino por la Secretaría de Cultura de la Nación. Este reconocimiento oficial subraya el valor cultural y la importancia histórica de la empanada en la identidad argentina. La empanada no es solo un alimento, es un símbolo de la historia, la cultura y la tradición de Argentina. Es un plato que se comparte en familia, en reuniones con amigos, y en celebraciones especiales. Es un pedazo de Argentina que se puede saborear en cada bocado.

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