Dos eventos energéticos clave, CERA Week en Houston y el encuentro de la Agencia Internacional de la Energía (AIE) en París, revelaron un panorama global convulsionado por las tensiones geopolíticas y la reconfiguración de las cadenas de suministro. La sombra de un posible ataque a Irán y sus amenazas al estrecho de Ormuz, vital para el flujo de petróleo, GNL, fertilizantes y otros productos, dominaron las discusiones, elevando la incertidumbre sobre precios y disponibilidad.
Ambos eventos, celebrados la semana del 23 de marzo, coincidieron en señalar el quiebre del orden mundial debido a la guerra comercial entre China y Estados Unidos, exacerbado ahora por el conflicto en Medio Oriente. Esta combinación de factores está fragmentando las cadenas de abastecimiento energético a nivel global, creando un mundo más polarizado.
Según los análisis presentados, Irán parece estar ganando la guerra económica al controlar el estrecho de Ormuz, impactando especialmente a Asia, pero con repercusiones que se extienden a Europa y al resto del planeta. La duración y el impacto final de esta crisis son inciertos, incluso con una posible solución diplomática.
En París, se destacó el posible pico de la demanda de productos petrolíferos en China para 2025, impulsado por una rápida electrificación del transporte. Ya se ha observado una disminución de 1.5 millones de barriles diarios en el consumo de gasolina y diésel. El debate sobre la electromovilidad fue central, con la creciente competitividad de los vehículos eléctricos, favorecida por los altos precios del petróleo. Se proyecta que la mayoría de los automóviles nuevos serán de cero emisiones para 2035. Un ejemplo disruptivo es el BYD Seagull, comercializado a un precio base de $8,000, desafiando los costos tradicionales de la industria.
Por otro lado, en Houston se resaltó el liderazgo recuperado de Estados Unidos en el sector energético gracias a la producción de shale y al desarrollo de la inteligencia artificial. Estados Unidos es actualmente el mayor productor de petróleo y gas del mundo, además de un importante exportador de GNL. Su capacidad para producir petróleo liviano en los shales y controlar las reservas de petróleo pesado en Venezuela le aseguran el abastecimiento y la posibilidad de exportar derivados del petróleo.
El gas natural, con precios competitivos en Estados Unidos, se perfila como la base para reactivar la potencia productiva e industrial del país. La combinación de gas competitivo y energía eléctrica asequible, junto con el auge de los centros de datos, impulsa esta perspectiva.
Las discusiones también revelaron contrastes en la situación de la refinación y la petroquímica. Mientras en París se alertó sobre la presión que enfrenta este sector, con operaciones en Asia reducidas en un 30% debido al conflicto, lo que podría generar una escasez de poliolefinas a finales de abril, en Houston se destacó el apogeo de la refinación y la petroquímica en Estados Unidos.
En conclusión, Europa emerge como la gran perdedora en esta batalla energética global. Sin gas ruso, con plantas nucleares y de carbón desactivadas, se encuentra en una encrucijada, dependiendo del GNL estadounidense. China, por su parte, se posiciona como líder en vehículos eléctricos, fabricación de baterías, paneles solares y turbinas eólicas. Estados Unidos se fortalece con la producción de shale. De Latinoamérica, se destaca el aumento de la producción de gas y petróleo en Venezuela, Guyana, Brasil y Argentina.
Alvaro Ríos Roca, ex ministro de Hidrocarburos de Bolivia y socio director de Gas Energy Latin America, enfatizó la necesidad de analizar estos eventos en su conjunto para comprender la complejidad del panorama energético actual y sus implicaciones futuras. La fragmentación del mundo y la incertidumbre geopolítica exigen estrategias adaptativas y una visión a largo plazo para garantizar la seguridad energética y la sostenibilidad.











