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El hombre que vendió la Luna y fundó su propia nación espacial

El hombre que vendió la Luna y fundó su propia nación espacial

Desde un divorcio y la necesidad económica, hasta convertirse en millonario vendiendo parcelas de la Luna, Marte y Venus. Esta es la increíble historia de Dennis Hope, un estadounidense que aprovechó los "grises legales" del Tratado del Espacio Ultraterrestre de 1967 para construir un imperio inmobiliario interplanetario.

En 1980, Hope, enfrentando dificultades financieras tras su divorcio, tuvo una idea audaz: vender la Luna. La inspiración surgió, según relató, de una simple mirada por la ventana y la pregunta de cómo podría generar ingresos. Tras investigar en la biblioteca, Hope descubrió que el Tratado del Espacio Ultraterrestre, un documento de las Naciones Unidas, prohibía a las naciones reclamar soberanía sobre los cuerpos celestes. Interpretó esto como una oportunidad: si ningún país podía poseer la Luna, ¿por qué no un individuo?

"Era tierra sin dueño", afirmó Hope en una entrevista a la BBC. Así, se apropió de la Luna, argumentando que lo hacía de la misma manera en que los europeos se apropiaron del Nuevo Mundo. Para formalizar su reclamación, Hope envió una solicitud de propiedad a las Naciones Unidas, incluyendo una propuesta para subdividir y vender la propiedad lunar. Además, ofreció a la ONU la posibilidad de impugnar legalmente su reclamación, pero nunca recibió respuesta.

Desde entonces, Hope ha vendido parcelas de la Luna por hectáreas, extendiendo su negocio a Marte, Venus y Mercurio. Entre sus clientes se encuentran celebridades de Hollywood, expresidentes estadounidenses como Ronald Reagan y Jimmy Carter, y grandes cadenas hoteleras como Hilton y Marriott. Incluso se rumorea que George W. Bush es propietario de un lote lunar. Hope reveló a la BBC en 2007 que vendía un promedio de 1.500 propiedades al día, seleccionando los lotes al azar, cerrando los ojos y señalando un punto en un mapa de la Luna. "No es muy científico, pero es divertido", comentó.

Este peculiar negocio le ha generado a Hope aproximadamente 12 millones de dólares desde 1995, siendo esta su única fuente de ingresos. Ofrece parcelas desde un acre hasta propiedades de "tamaño continental" de 5.332.740 acres, con un precio de 13.331.000 dólares. Aunque ninguna de las propiedades más grandes ha sido vendida, Hope ha logrado atraer a 1.800 grandes corporaciones, incluyendo las cadenas hoteleras Hilton y Marriott, como compradores.

Ante la pregunta de cómo se protege la propiedad y se evita la expropiación, Hope y sus compradores encontraron una solución: establecieron una república democrática llamada "Gobierno Galáctico". "Tardamos tres años en redactar la Constitución y la publicamos en línea en marzo de 2004, cuando contábamos con 3,7 millones de propietarios y 173.562 votos para su ratificación. Así que ahora somos una nación soberana con una Constitución plenamente ratificada", explicó Hope. Actualmente, el Gobierno Galáctico mantiene relaciones diplomáticas con 30 gobiernos del planeta y busca el reconocimiento del Fondo Monetario Internacional, aunque la BBC no ha podido verificar de forma independiente estas afirmaciones.

La idea de reclamar la propiedad de cuerpos celestes no es nueva. En 1936, Dean Lindsay reclamó la propiedad de la Luna y otros objetos extraterrestres, recibiendo incluso ofertas de compra. De manera similar, Jenaro Gajardo Vera, un abogado chileno, se autoproclamó dueño de la Luna en 1954, respaldado por un documento notarial. Gajardo Vera, según su propia declaración en 1969 al The Evening Independent, adquirió la Luna por un dólar con el único propósito de cumplir con los requisitos de membresía del Club Social de Talca, Chile, que exigía a sus miembros demostrar la posesión de un bien.

A pesar de los esfuerzos de Hope y Gajardo Vera, los expertos en derecho espacial coinciden en que la Luna no pertenece a nadie de forma legítima. El Tratado del Espacio Ultraterrestre de 1967 establece que la exploración y el uso del espacio deben beneficiar a toda la humanidad. Sin embargo, la ley internacional es ambigua en cuanto a las actividades comerciales en el espacio, como la explotación de recursos.

Claire Finkelstein, profesora de Derecho en la Universidad de Pensilvania y experta en derecho internacional, afirmó en 2019 que nadie puede declararse dueño de la Luna. Ian Crawford, profesor de Ciencia Planetaria del Birbeck College de Londres, señaló en 2016 la necesidad de revisar y actualizar el Tratado del Espacio Ultraterrestre para abordar las complejidades de las operaciones comerciales en el espacio.

En última instancia, según el derecho espacial actual, la Luna es de todos y de nadie al mismo tiempo. La historia de Dennis Hope, sin embargo, sigue siendo un ejemplo fascinante de cómo la creatividad, la audacia y una interpretación astuta de la ley pueden llevar a la creación de un negocio único y lucrativo, incluso en el vacío del espacio.

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