En los últimos 10 años, México ha registrado cifras alarmantes de violencia contra las mujeres, con 34 mil 645 feminicidios y homicidios dolosos, y 18 mil 862 desapariciones. El rango etario más afectado es el de 15 a 29 años, con un promedio de 14 mujeres desaparecidas cada día a nivel nacional. Durante 2023, se reportaron 2 mil 776 desapariciones, 725 feminicidios y 2 mil 73 homicidios de mujeres.
Madres buscadoras y activistas advierten que la desaparición es, con frecuencia, la antesala del feminicidio, ya que muchas víctimas son reportadas como desaparecidas antes de ser encontradas sin vida. A pesar de ello, las autoridades aún no implementan búsquedas en vida con perspectiva de género, especialmente considerando que la mayoría de las agresiones son perpetradas por parejas o exparejas.
Un análisis realizado por EL UNIVERSAL revela que los estados con mayor incidencia en desapariciones y feminicidios son el Estado de México (3 mil 469 desapariciones y mil 36 feminicidios), Ciudad de México (mil 531 desapariciones y 613 feminicidios), Nuevo León (mil 199 desapariciones y 575 feminicidios), Jalisco (972 desapariciones y 485 feminicidios) y Veracruz (788 desapariciones y 721 feminicidios) entre 2016 y 2023.
Sin embargo, estados como Tamaulipas, Michoacán, Guanajuato, Baja California y Tabasco también acumulan más de 4 mil 595 desapariciones de mujeres en el mismo periodo. Sinaloa, Oaxaca, Chihuahua, Morelos y Puebla se ubican entre los 10 estados con más feminicidios, sumando mil 902 casos según datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP).
La distribución por edad revela que 3 mil 827 adolescentes de 15 a 19 años, 2 mil 577 mujeres de 20 a 24 años y 2 mil 248 de 25 a 29 años han desaparecido en la última década. Esto significa que cinco de cada 10 mujeres desaparecidas en México tienen entre 15 y 29 años, mientras que dos de cada 10 son bebés o niñas de entre cero y 14 años, según el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas (RNPDNO).
A pesar de la reciente reforma en materia de búsqueda, localización e identificación de personas desaparecidas, impulsada en julio de 2023 por la presidenta Claudia Sheinbaum, las jornadas para localizar mujeres aún carecen de protocolos con perspectiva de género, adaptados a la edad y contexto específico de cada entidad.
La investigadora Andrea Horcasitas Martínez señala que las desapariciones de mujeres suelen estar vinculadas a agresiones sexuales, trata de personas, trata sexual, reclutamiento forzado y feminicidio. Subraya que cerca del 40% de los asesinatos de mujeres son perpetrados por sus parejas sentimentales, mientras que el resto son cometidos por familiares o personas que previamente las habían violentado sexualmente.
Al reportar la desaparición de una mujer, las autoridades deben indagar sobre posibles antecedentes de violencia de género o familiar. Si existe alguna indicación de violencia doméstica, deben sospechar de la pareja y activar protocolos de búsqueda inmediatos, que incluyan la revisión del espacio privado, como el hogar, como uno de los principales lugares donde podría encontrarse la víctima , explica Horcasitas.
Junto con la investigadora Mariana Marchand, Horcasitas ha documentado 66 fosas clandestinas vinculadas con feminicidios entre 2020 y 2024 en 25 estados de México. Más del 60% de las inhumaciones clandestinas ocurren en las casas de los perpetradores o de las víctimas. Este es un fenómeno que se desarrolla a puerta cerrada, ya que el hogar, lamentablemente, ofrece las condiciones ideales para que un feminicidio se lleve a cabo y, lo que es aún más cruel, para que la víctima termine en una fosa clandestina , afirma.
La experta señala que el Código Penal Federal tipifica como feminicidio la exhibición del cuerpo de la víctima, pero no considera el caso de aquellas que son ocultadas en fosas clandestinas, lo que representa una manifestación de la crueldad y violencia machista, impidiendo que los familiares de la víctima conozcan su paradero y puedan realizar el duelo.
Muchas de estas mujeres sufren violencia de contacto cuerpo a cuerpo: uso de armas blancas, estrangulamiento, trauma craneoencefálico y son enterradas con sus hijos o incluso embarazadas. Es necesario construir protocolos sólidos con enfoques diferenciados, adaptados a las poblaciones que se están buscando: niñas, niños, adolescentes y mujeres , enfatiza.
La investigadora considera que, si las autoridades se enfocaran en investigar a los agresores que ejercen violencia contra sus parejas sentimentales, se podrían prevenir miles de muertes violentas. Menciona el caso de Cinthia Manrique, estudiante de posgrado desaparecida en Naucalpan en abril de 2023 y encontrada sin vida días después. No se aplicaron los protocolos de búsqueda correspondientes, no se revisó el inmueble de su expareja, quien tenía antecedentes de violencia contra ella y no fue detenido. Estuvo días incomunicada y después apareció muerta, asesinada por él , lamenta.
Horcasitas, quien acompaña a colectivos de búsqueda en la Ciudad de México y el Estado de México, considera imprescindible buscar a las mujeres con vida. Sin embargo, si el contexto sugiere que se trata de un feminicidio, es fundamental garantizar que el posible agresor o familiares no puedan huir.
María de la Luz Estrada, directora del Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio, advierte que, a pesar de una ligera disminución en el número de asesinatos de mujeres, el problema radica en la falta de investigación, lo que impide que los culpables sean llevados ante la justicia y que las familias de las víctimas obtengan la reparación que merecen.
Las autoridades se niegan a considerar que toda muerte violenta de mujeres debe investigarse como feminicidio. Si las familias no luchan, si no alzan la voz y no presionan, el caso se clasifica como homicidio, suicidio o incluso accidente, a pesar de que la mujer fue asesinada por su condición de género. Esta es una práctica institucionalizada , acusa.
Estrada coincide en que existen patrones en las desapariciones y asesinatos de mujeres, especialmente en zonas con presencia de grupos criminales. Además, muchas veces las víctimas no son identificadas en fosas clandestinas o en institutos forenses hasta años después.
El riesgo de una desaparición es que se convierta en feminicidio y eso no se registra. Solicitamos que se incorporen variables como: ¿cuántas mujeres reportadas como desaparecidas fueron halladas sin vida?, ¿cuántos de esos casos se investigan como feminicidio? Las autoridades argumentan que son homicidios relacionados con el crimen organizado, pero también cometen feminicidios , expone.
La activista enfatiza que, más allá de la disminución de las cifras, es crucial que se investiguen y sancionen los delitos, ya que los feminicidas rara vez son juzgados y, en cambio, se consideran víctimas. La mayoría están prófugos y, si llegan a un proceso judicial, se amparan o apelan, y a veces quedan libres por malas investigaciones por parte del Poder Judicial, que no juzga con perspectiva de género. Tampoco quieren emitir alertas de desaparición; en 2024, la Presidenta reconoció que el mecanismo de alerta se ha burocratizado, siendo este el único medio para monitorear las violencias graves , indica.
La falta de búsqueda inmediata, los procesos revictimizantes y la ausencia de acciones concretas vinculan cada vez más la desaparición y el feminicidio, como en el reciente caso de Kimberly Joselin Ramos, estudiante de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, desaparecida el 20 de febrero y encontrada muerta el 2 de marzo cerca de la institución. El principal sospechoso es su novio, Jared Alejandro, pues en su domicilio se encontraron credenciales y pertenencias de la joven. En la misma semana y entidad, Karol Toledo también desapareció y fue encontrada sin vida con indicios de violencia. Miles han marchado para exigir justicia por ellas en un país donde se registran más de 60 feminicidios al mes.












