Mientras Israel se preparaba para conmemorar la Pascua judía, el primer ministro Benjamin Netanyahu pronunció un discurso desafiante repleto de referencias bíblicas a antiguos triunfos judíos sobre sus enemigos, comparando los ataques israelíes con las Diez Plagas. Sin embargo, pocas horas después, Irán lanzó una intensa andanada de misiles, exponiendo la brecha entre la retórica victoriosa de Netanyahu y la realidad sobre el terreno, más de un mes después del inicio de la guerra.
El líder de la oposición, Yair Lapid, criticó el discurso de Netanyahu como arrogante , señalando que Irán ya estaba disparando misiles balísticos contra Israel antes de su liderazgo. Esta crítica refleja las crecientes grietas en el establishment político y la opinión pública israelí, a medida que el optimismo inicial de la guerra se desvanece.
Las encuestas revelan un descenso en la confianza pública sobre la capacidad de Israel para cumplir sus objetivos. La creencia de que el régimen iraní colapsará o se debilitará significativamente ha caído del 70% al 43,5%, mientras que la confianza en dañar seriamente el programa nuclear iraní se redujo del 62% al 48%. Incluso las expectativas sobre la inutilización del arsenal de misiles balísticos de Irán han disminuido.
Analistas como Avi Issacharoff señalan que Netanyahu ha convertido una guerra justificada en una de la que muchos no entienden su propósito o cómo terminará. La erosión de la confianza se agrava por decisiones internas controvertidas, como la aprobación del presupuesto de 2026 que beneficia a sus aliados ultraortodoxos y recorta fondos en educación y salud.
Además, el gobierno impulsa un proyecto de ley de reclutamiento que afianzaría la exención para los hombres ultraortodoxos, a pesar de que el ejército israelí enfrenta un déficit de 15.000 soldados. Exjefes militares advierten sobre el riesgo de colapso del ejército sin una legislación que obligue al servicio ultraortodoxo.
Paralelamente, continúan los esfuerzos para obtener un indulto para Netanyahu en su juicio por fraude y corrupción, con la intervención activa del expresidente estadounidense Donald Trump. El Ministerio de Justicia israelí ha aconsejado al presidente Herzog no conceder el indulto.
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