Antoine de Saint-Exupéry, conocido mundialmente por El Principito , tuvo un rol clave en el desarrollo de la aviación comercial en la Patagonia argentina. Antes de alcanzar la fama literaria, el escritor y aviador asumió la dirección de Aeroposta Argentina con la misión de extender las rutas aéreas hacia el sur, enfrentando condiciones climáticas extremas y desafíos logísticos considerables.
Un colega suyo lo describió como un hombre de ancho de espaldas y elevada estatura , comparándolo con un oso por su forma de caminar. Sin embargo, Rufino Luro Cambaceres destacó su esfuerzo, capacidad y hombría , asegurando que Saint-Exupéry quedaría ligado para siempre al éxito de las comunicaciones más australes de la tierra .
El encuentro inicial entre Luro Cambaceres y el francés tuvo lugar el 14 de octubre de 1929, en un aeródromo cercano a Bahía Blanca. Saint-Exupéry llegó con el objetivo de extender la línea aérea desde el sur de Buenos Aires hasta Comodoro Rivadavia, una tarea complicada por los fuertes vientos, que alcanzaban los 80 km/h en superficie y 160 km/h en altura.
Además de los vientos, los pilotos debían lidiar con la nieve en las pistas y la formación de hielo en el carburador durante los inviernos patagónicos. A quince días de la inauguración del tramo Bahía Blanca-Comodoro Rivadavia, Saint-Exupéry se sumó a los preparativos finales. La inauguración oficial se realizó el 1 de noviembre de 1929, con el apoyo del Aeroclub de Bahía Blanca.
El evento fue un hito para la ciudad y para el país. Saint-Exupéry fue el piloto del vuelo inaugural, que despegó a las 7:32 de la mañana. Una hora después, Jean Mermoz partió con autoridades y periodistas a bordo de un avión Laté 28. Ambos aviones hicieron escala en Trelew antes de aterrizar en Comodoro Rivadavia, estableciendo una frecuencia de dos vuelos semanales entre ambas localidades.
Tras el éxito inicial, la compañía aérea, bajo la dirección de Saint-Exupéry, se propuso extender la línea aún más hacia el sur, hasta Río Gallegos, entonces Territorio Nacional de Santa Cruz. La tarea de Saint-Exupéry consistía en inspeccionar posibles ubicaciones para los aeródromos, negociar la compra o el alquiler de terrenos, redactar contratos y supervisar la construcción de las instalaciones.
La limitada autonomía de los aviones de la época obligó a establecer varias etapas: Puerto Deseado (a 270 km de Comodoro Rivadavia), San Julián (a 240 km de Puerto Deseado), Santa Cruz (a 90 km de San Julián) y, finalmente, Río Gallegos (a 210 km de Santa Cruz). El 31 de marzo de 1930, Saint-Exupéry inauguró los vuelos a Río Gallegos, un evento que fue ampliamente cubierto por la prensa.
La llegada de los aviones a Río Gallegos fue recibida con entusiasmo por la población local, que sentía que la Patagonia se integraba definitivamente al resto del país. Una hora después de la llegada de Saint-Exupéry, aterrizó otro avión piloteado por Rufino Luro Cambaceres, con correspondencia desde Comodoro Rivadavia y las escalas intermedias. Además, se realizaron vuelos de bautismo para familiarizar a la gente con la aviación.
El balance de la gestión de Saint-Exupéry como director de Explotación fue positivo: 644 pasajeros y alrededor de 3.400 kg de correspondencia transportados en 107 vuelos en el tramo Bahía Blanca-Comodoro Rivadavia. Además de las cifras, Saint-Exupéry acumuló experiencias profesionales y personales que lo marcarían para siempre.
Durante su estancia en la Patagonia, Saint-Exupéry participó en un seminario para estudiantes secundarios en Bahía Blanca, con el objetivo de promover el conocimiento sobre la aviación. También enfrentó los desafíos de volar en condiciones climáticas adversas, realizó vuelos nocturnos, planificó la extensión de la línea aérea y disfrutó de la camaradería de sus colaboradores y de los asados argentinos que lo agasajaban en cada escala.
A principios de 1931, Saint-Exupéry abandonó Argentina para continuar su carrera como aviador y escritor. Durante la Segunda Guerra Mundial, se unió a una unidad aérea de reconocimiento en Cerdeña y Córcega. El 31 de julio de 1944, despegó a bordo de un avión P-38 Lightning sin armamento para documentar el movimiento de las tropas alemanas en el valle del Ródano, Francia. El avión tenía una autonomía de seis horas de vuelo, pero Saint-Exupéry nunca regresó.
Algunos sugieren que las experiencias de Saint-Exupéry en la Patagonia pudieron haber influido en su obra más famosa, El Principito , en particular en el episodio en el que el Principito se evade gracias a una bandada de pájaros. Bernardino Montejano señala que, durante sus noches en la Patagonia, el autor pudo haber escuchado las leyendas locales, como la historia de Elal, un dios tehuelche que llegó a la Tierra protegido por las alas de un cisne y que, al retirarse, lo hizo con una bandada de cisnes. Esta imagen, según Montejano, podría haber inspirado el vuelo del Principito.
Más allá de la posible influencia en su obra literaria, la contribución de Saint-Exupéry al desarrollo de la aviación comercial en la Patagonia es innegable. Su liderazgo y determinación permitieron conectar una región remota con el resto del país, abriendo nuevas oportunidades para el crecimiento y el desarrollo.










