El Estado Mayor General de las Fuerzas Armadas de Haití (FAd'H) ha anunciado la activación de la Condición D , el nivel más alto de alerta dentro de la institución militar, a partir del próximo 6 de abril. Esta decisión se toma en un contexto de creciente violencia que asola el país caribeño, según un comunicado del Ministerio de Defensa difundido en la madrugada del viernes.
El comunicado castrense, recogido por el portal de noticias Haití Libre, establece que ante la inminencia de operaciones militares sobre el terreno, el Alto Mando ordena la transición a la Condición D para todas las unidades y organizaciones militares en todo el territorio nacional, a partir del lunes 6 de abril de 2026 .
La activación de la Condición D implica la puesta en marcha de una serie de medidas obligatorias que entrarán en vigor de forma inmediata y que deberán ser cumplidas de manera estricta por todos los miembros de las Fuerzas Armadas. La implementación de estas directrices recaerá directamente sobre los comandantes de unidad.
Entre las medidas más relevantes se encuentra la movilización completa del personal militar, lo que implica la cancelación de cualquier excedencia, permiso o licencia que pudieran tener concedidos, hasta nuevo aviso . Además, se establece la obligatoriedad del uso del uniforme oficial en todas las instalaciones militares y se reforzará la seguridad en las infraestructuras militares, incluyendo el control sistemático de vehículos y personal en los puntos de acceso a las bases.
El comunicado enfatiza que cualquier violación o acto de negligencia será sancionado con firmeza, de acuerdo con el Código de Justicia Militar , y se aplicará una política de tolerancia cero ante cualquier muestra de indisciplina. La Condición D representa un nivel de alerta extremo, comparable a un estado de sitio o ante un riesgo inminente, y exige la disponibilidad de la mayor cantidad posible de personal bajo las órdenes del comandante.
Esta decisión del Alto Mando haitiiano se produce en un momento crítico para el país, marcado por la expansión de las pandillas más allá de Puerto Príncipe, la capital. La violencia ejercida por estos grupos armados, junto con las actuaciones contra ellos por parte de las fuerzas de seguridad y grupos de autodefensa, ha provocado una grave crisis humanitaria y de seguridad.
Según datos de la Oficina de Derechos Humanos de Naciones Unidas, al menos 5.519 personas han muerto como consecuencia de estos actos violentos entre el 1 de marzo de 2025 y el 15 de enero de 2026. La situación ha generado una creciente preocupación a nivel internacional, con llamamientos a la comunidad internacional para que brinde apoyo a Haití y ayude a estabilizar el país.
La activación de la Condición D es una respuesta directa a la escalada de violencia y a la necesidad de que las Fuerzas Armadas estén preparadas para hacer frente a cualquier eventualidad. Sin embargo, también plantea interrogantes sobre la capacidad del ejército haitiano para controlar la situación y sobre el impacto que estas medidas tendrán en la población civil.
La movilización del personal militar y el refuerzo de la seguridad en las infraestructuras militares podrían generar tensiones y restricciones a la libertad de movimiento. Además, la política de tolerancia cero ante cualquier muestra de indisciplina podría llevar a abusos y violaciones de los derechos humanos.
En este contexto, es fundamental que las Fuerzas Armadas actúen con responsabilidad y respeto a los derechos humanos, y que se garantice la transparencia y la rendición de cuentas en todas sus acciones. La comunidad internacional también debe seguir de cerca la situación en Haití y brindar el apoyo necesario para que el país pueda superar esta crisis y avanzar hacia la estabilidad y el desarrollo.
La situación en Haití es compleja y multifacética, y requiere de una solución integral que aborde las causas profundas de la violencia, como la pobreza, la desigualdad, la corrupción y la falta de oportunidades. La activación de la Condición D es un paso importante para fortalecer la seguridad, pero no es suficiente por sí solo para resolver la crisis. Se necesita un compromiso firme de todos los actores involucrados, tanto a nivel nacional como internacional, para construir un futuro mejor para Haití.












