El veredicto en un juicio en Los Ángeles ha sacudido a la industria tecnológica, responsabilizando a Meta (empresa matriz de Facebook e Instagram) y a YouTube (propiedad de Google) por diseñar deliberadamente productos adictivos que dañaron la salud mental de una joven usuaria, Kaley (KGM). La sentencia, aunque con una indemnización de 6 millones de dólares, se considera un punto de inflexión en la lucha por la seguridad infantil en línea y ha provocado una caída en bolsa de las acciones de ambas compañías.
Kaley, quien comenzó su actividad en YouTube a los seis años y en Instagram a los nueve, testificó ante el jurado sobre su incapacidad para desligarse de las redes sociales, incluso a los 20 años. Su testimonio, junto con la evidencia presentada, convenció al jurado de que las plataformas fueron diseñadas para generar adicción, lo que contribuyó a su depresión y autolesiones a los 10 años. El jurado, compuesto por cinco hombres y siete mujeres, buscaba enviar un mensaje claro a la industria: el diseño adictivo de estas plataformas es inaceptable.
Este caso marca el segundo revés en una semana para las grandes tecnológicas. Anteriormente, un tribunal de Nuevo México ordenó a Meta pagar 375 millones de dólares por engañar a los usuarios sobre la seguridad de sus plataformas, revelando funciones que facilitaban la explotación sexual infantil. Ambos veredictos sugieren un cambio en el panorama legal y regulatorio, con un creciente escrutinio sobre las prácticas de las empresas tecnológicas.
El Tech Oversight Project, un organismo de control de Washington, calificó el veredicto como el fin de la era de la invencibilidad de las grandes tecnológicas. La caída del 13% en las acciones de Meta y del 9% en las de Alphabet (matriz de Google) refleja la preocupación de los inversores ante la posibilidad de futuras demandas y regulaciones más estrictas.
Actualmente, Meta, YouTube, Snapchat y TikTok se enfrentan a miles de demandas similares en los tribunados de EE.UU., buscando determinar si sus plataformas fueron diseñadas para ser adictivas. Las posibles indemnizaciones resultantes de estos juicios podrían ser devastadoras para las compañías.
A nivel internacional, la presión para regular las redes sociales está aumentando. Indonesia seguirá el ejemplo de Australia al exigir la desactivación de cuentas de redes sociales de alto riesgo pertenecientes a menores de 16 años. Brasil ha promulgado una ley de seguridad online para proteger a los niños del uso compulsivo, y en el Reino Unido, el primer ministro Keir Starmer ha manifestado la necesidad de tomar medidas adicionales para proteger a los menores.
El cambio en la geopolítica tecnológica también juega un papel importante. El temor a antagonizar a Donald Trump, que había frenado algunas iniciativas regulatorias, parece estar disminuyendo, lo que permite a los gobiernos avanzar con mayor determinación en la regulación de las redes sociales. Incluso figuras destacadas del Partido Republicano ahora exigen protecciones para la infancia.
Matt Kaufman, responsable de seguridad de Roblox, señala que los gobiernos están adoptando un enfoque más proactivo, buscando proteger a sus ciudadanos y establecer sus propias políticas de internet.
La noticia ha resonado especialmente entre los activistas por la seguridad infantil. Esther Ghey, la madre de la adolescente británica Brianna Ghey, asesinada en 2023, ve similitudes entre la historia de Kaley y la de su hija, y espera que este veredicto marque el comienzo de un cambio real. Brianna, quien también sufría problemas de salud mental y se aisló debido al uso intensivo de las redes sociales, padecía ansiedad y dismorfia corporal.
A pesar del veredicto, Meta y YouTube han anunciado su intención de apelar la decisión. Meta argumenta que la salud mental de los adolescentes es un tema complejo que no puede atribuirse a una sola aplicación, mientras que Google afirma que YouTube es una plataforma de streaming responsable, no una red social. El caso podría llegar al Tribunal Supremo.
El juicio también ha puesto de manifiesto la influencia política de los magnates tecnológicos. El mismo día del veredicto, Donald Trump nombró a Mark Zuckerberg y a Sergey Brin, exjefe de Google y actual miembro del consejo de administración de la empresa, miembros de su consejo de ciencia y tecnología.
Sin embargo, el caso de Los Ángeles es significativo porque establece una nueva teoría legal: que un producto de software, como una aplicación de redes sociales, puede ser defectuoso y causar daños personales. Hasta ahora, las plataformas tecnológicas estaban protegidas por la Sección 230 de la Ley de Decencia en las Comunicaciones, que las eximía de responsabilidad por el contenido publicado por los usuarios. El veredicto de Los Ángeles responsabiliza a la plataforma por su propio diseño.
Jessica Nall, socia del bufete de abogados Withers, considera que este caso es una llamada a las armas para los abogados de los demandantes, abriendo la puerta a futuras demandas multimillonarias contra la industria tecnológica.
Los activistas comparan este momento con la oleada de demandas contra la industria tabacalera, que obligó a las empresas a reformar sus prácticas de marketing y a alcanzar acuerdos multimillonarios con los estados.
Arturo Béjar, exingeniero sénior de Meta y testigo en los juicios de Nuevo México y California, espera que Meta rediseñe sus productos, eliminando funciones como el scroll infinito y los botones de me gusta . Destaca la importancia de la documentación interna que ha salido a la luz, revelando el conocimiento de Meta sobre los daños causados por sus plataformas y su intento de engañar a los padres y a los reguladores.
En el Reino Unido, los veredictos han reforzado la expectativa de una prohibición del acceso de los menores de 16 años a las redes sociales. Un lobista del sector tecnológico afirma que la industria es consciente de que se está avanzando hacia una prohibición y que podría aceptarla, ya que las cuentas de los niños no generan grandes ingresos.
La ministra de Seguridad Online, Kanishka Narayan, se reunió con una clase de niños de 10 y 11 años en Bristol, quienes describieron cómo las redes sociales consumen su tiempo y afectan su sueño.
Aunque existe un debate sobre el grado de adicción real a las redes sociales, la creciente evidencia de sus efectos negativos en la salud mental y el bienestar de los jóvenes está impulsando un cambio en la regulación y la percepción pública. La neurociencia y la infancia digital son temas de investigación en curso, y se necesita más información para comprender plenamente los efectos a largo plazo del uso de las redes sociales.
El caso de Kaley y los veredictos recientes marcan un punto de inflexión en la lucha por la seguridad infantil en línea, y sugieren que la era de la impunidad para las grandes tecnológicas podría estar llegando a su fin.











