Este 2 de abril de 2026, el Jueves Santo marca la transición definitiva de la Cuaresma al Triduo Pascual, el periodo más sagrado del cristianismo. En Guatemala, esta jornada se caracteriza por una dualidad única: el misticismo de los monumentos eucarísticos en el interior de los templos y la vibrante actividad de las hermandades que preparan los cortejos procesionales de mayor envergadura histórica. La liturgia de este día conmemora la Última Cena de Jesús con sus apóstoles, un evento central en la fe cristiana que rememora el establecimiento de la Eucaristía y el mandamiento del amor y el servicio.
En las principales catedrales y parroquias del país, los obispos y sacerdotes replican el gesto del lavatorio de pies, un acto simbólico de profunda humildad y servicio. Esta ceremonia, que imita el gesto de Jesús hacia sus discípulos durante la Última Cena, enfatiza la importancia de la entrega y la igualdad entre los hombres. El lavatorio de pies no es simplemente una recreación histórica, sino una invitación a los fieles a reflexionar sobre su propia capacidad de servir a los demás y a practicar la caridad en su vida diaria.
Tras el lavatorio de pies, se lleva a cabo la reserva del Santísimo Sacramento en monumentos ricamente decorados con flores, frutas y pan, conocidos popularmente como «Sagrarios». Estos Sagrarios, verdaderas obras de arte efímeras, representan el Sepulcro de Jesús y se convierten en el centro de la adoración y la oración durante la noche del Jueves Santo. La elaboración de los Sagrarios es una tradición que involucra a comunidades enteras, quienes dedican tiempo y esfuerzo a crear estos espacios de recogimiento y belleza. La elección de las flores, las frutas y el pan no es aleatoria, sino que cada elemento tiene un significado simbólico relacionado con la pasión y muerte de Cristo.
Una de las prácticas más arraigadas entre los guatemaltecos es la visita a siete iglesias diferentes durante la tarde y noche del Jueves Santo. Esta ruta, conocida como la “Visita a los Siete Templos”, simboliza el acompañamiento de Jesús en sus siete traslados desde el Huerto de los Olivos hasta el Calvario, los lugares donde sufrió su arresto, juicio y crucifixión. Los peregrinos recorren las calles de la ciudad, visitando cada iglesia, rezando y contemplando los Sagrarios. La atmósfera que se vive durante esta peregrinación es de profundo recogimiento y silencio, interrumpido solo por el sonido de las oraciones y los cantos religiosos.
En el Centro Histórico de la Ciudad de Guatemala, templos como San Francisco, La Merced y El Sagrario reciben a miles de peregrinos. Estos templos, con su rica historia y su arquitectura colonial, se convierten en puntos de encuentro para los fieles que buscan conectar con su fe y participar en esta tradición ancestral. La afluencia de personas es tal que las calles aledañas se llenan de gente, creando un ambiente de fervor religioso y devoción. Las autoridades locales y eclesiásticas se encargan de garantizar la seguridad y el orden durante esta jornada, facilitando el tránsito de los peregrinos y previniendo cualquier incidente.
La visita a los siete templos no es solo un acto de piedad, sino también una oportunidad para fortalecer los lazos comunitarios y compartir la fe con otros creyentes. Las familias, los amigos y los grupos religiosos se unen para realizar esta peregrinación, creando un sentido de pertenencia y solidaridad. A lo largo del recorrido, los peregrinos comparten sus experiencias, sus oraciones y sus reflexiones, enriqueciendo su propia fe y la de los demás.
Mientras las procesiones avanzan en preparación para el Viernes Santo, el ambiente se prepara para la «Sentencia» que se dictará en las primeras horas del viernes. Esta ceremonia, que representa el juicio de Jesús ante Pilato, marca el inicio del luto absoluto que se apodera de la nación. La Sentencia es un momento de profunda tristeza y reflexión, en el que los fieles recuerdan el sufrimiento y la injusticia que padeció Jesús.
El Jueves Santo es, por tanto, la última oportunidad para los fieles de contemplar las imágenes de Jesús con túnicas coloridas antes de que el luto absoluto se apodere de la nación. Las imágenes de Jesús, que durante la Cuaresma han sido objeto de veneración y devoción, serán cubiertas con telas oscuras en señal de luto y respeto. Este cambio de coloración simboliza el dolor y la tristeza que embargan a los creyentes ante la inminente crucifixión de Jesús. La transición del color a la oscuridad marca el inicio de un periodo de recogimiento y penitencia, en el que los fieles se preparan para celebrar la resurrección de Cristo.


