Poco después de que Daniel Ortega advirtiera sobre las posibilidades de la candidata de la oposición, Cristiana Chamorro, de ganarle las elecciones presidenciales en 2021, la Fiscalía de Nicaragua inició una investigación en su contra. Chamorro, periodista del diario La Prensa, propiedad de su familia, fue acusada de corrupción, específicamente de desviar fondos de ayuda internacional y lavado de dinero.
Ortega, buscando su quinto mandato, orquestó una serie de acciones para asegurar su permanencia en el poder. Cristiana Chamorro terminó bajo prisión domiciliaria, mientras que diversos organismos estatales, que constitucionalmente deberían ser independientes, fueron utilizados para reprimir a la oposición. La Fiscalía, los jueces, la Procuraduría, las superintendencias e incluso el Consejo Supremo Electoral fueron puestos al servicio de la dictadura, descalificando candidaturas y borrando partidos opositores del registro electoral.
Sin embargo, Ortega optó por no presentarse como el único candidato, seleccionando en cambio a sus opositores y candidatizándolos a través de partidos cuyas directivas había tomado bajo su control. Este accionar evidencia la manipulación del proceso electoral y la falta de garantías para una competencia justa.
El autor de este análisis, Carlos Jijón, recuerda haber escuchado por primera vez el nombre de Ortega a fines de la década de 1970, cuando una Junta encabezada por él asumió el poder tras la caída de Anastasio Somoza Debayle. La dinastía Somoza, con Anastasio Somoza García como fundador, había gobernado Nicaragua durante décadas. Jijón lamenta la recurrente presencia de la dictadura en la historia de Nicaragua, una condición que parece estar arraigada en su ADN.
A pesar de la situación, Nicaragua también es descrita como una nación que lucha constantemente por su libertad. El autor evoca la figura de Pedro Joaquín Chamorro, director del diario La Prensa y asesinado por la dictadura de Somoza, cuya muerte conmocionó al continente y contribuyó a la caída del régimen.
Violeta Barrios de Chamorro, viuda de Pedro Joaquín, jugó un papel crucial en la transición democrática de Nicaragua. Integrante de la Junta Sandinista de Gobierno, renunció al ver el objetivo de convertir al país en una nueva Cuba. Posteriormente, se convirtió en un símbolo de esperanza y se presentó a las elecciones, derrotando al dictador Somoza en los primeros comicios libres, presionados por la comunidad internacional.
En 2007, Daniel Ortega regresó al poder a través de elecciones, pero nunca abandonó sus tendencias autoritarias. Una vez en el gobierno, se enfocó en controlar la justicia y los organismos de control, asegurando que el Fiscal, los jueces y el Consejo Supremo Electoral respondieran a sus órdenes. Periodistas críticos fueron encarcelados, opositores fueron perseguidos y el diario La Prensa fue tomado por el Estado, convirtiéndose en un museo que glorifica la dictadura.
La novela Tongolele no sabe bailar , del escritor Sergio Ramírez Mercado, actualmente exiliado en España, narra de manera magistral la represión de la rebelión estudiantil, aplastada a sangre y fuego por Ortega, en la que unos 400 estudiantes fueron capturados y condenados por oponerse a su régimen, que ya dura cerca de veinte años.
La estrategia de Ortega se ha extendido a su familia. Su esposa, Rosario Murillo, ha sido candidata a la vicepresidencia, y su hijo, Danielito, se perfila como su sucesor. El autor destaca que los dictadores, especialmente en América Latina, tienden a confiar únicamente en sus familiares.
En un acto reciente, Ortega sacó de la cárcel a un grupo de opositores, incluyendo a Cristiana Chamorro, periodistas, curas y políticos, los despojó de su nacionalidad y los exilió en Estados Unidos. Este acto extremo es visto como un ejemplo de los excesos que cometen las dictaduras cuando la sociedad no se defiende y les permite consolidar su poder.
Jijón concluye que estos excesos son el resultado de una sociedad que no se defiende ante la entronización de las dictaduras. La situación en Nicaragua es un recordatorio de la importancia de la vigilancia ciudadana y la defensa de las instituciones democráticas para evitar la repetición de patrones autoritarios.










