Una dieta deficiente en alimentos nutritivos y rica en sodio y productos ultraprocesados se vinculó con aproximadamente 4,06 millones de muertes por cardiopatía isquémica en todo el mundo durante 2023, según un nuevo estudio publicado en la revista Nature Medicine. La investigación, liderada por científicos de Corea del Sur en colaboración con el Instituto de Evaluación y Métricas de la Salud de la Universidad de Washington y la Iniciativa Enfermedad Cardiovascular del Instituto Broad (MIT y Universidad de Harvard), confirma que una alimentación baja en nueces, semillas, granos integrales y frutas aumenta significativamente el riesgo de desarrollar esta enfermedad cardíaca, que puede conducir a un infarto.
El estudio subraya que el corazón es particularmente vulnerable cuando la dieta carece de estos alimentos protectores y está dominada por productos ultraprocesados. La cardiopatía isquémica, que se produce cuando el corazón no recibe suficiente sangre debido a la obstrucción de las arterias coronarias, sigue siendo la principal causa de muerte a nivel mundial, afectando a hombres y mujeres por igual.
Los investigadores se propusieron analizar la persistencia de la cardiopatía isquémica a pesar del aumento en la disponibilidad general de alimentos, observando que la calidad nutricional no ha mejorado al mismo ritmo. Anteriores investigaciones se habían centrado en ingredientes aislados o en países de altos ingresos, dejando de lado a la mayoría de la población mundial. Este nuevo análisis, que abarcó datos de más de 200 países y regiones, buscó cuantificar el problema y proporcionar herramientas para que cada país diseñe políticas más efectivas.
Se analizaron 13 factores clave de la alimentación para calcular el número de muertes y años de vida perdidos asociados a una dieta inadecuada. El estudio identificó con precisión los alimentos que ofrecen mayor protección y aquellos que elevan el riesgo, permitiendo una mejor comprensión de las deficiencias nutricionales a nivel global. Para ello, se recopilaron datos sobre el consumo de alimentos, las ventas y los registros de salud de 204 países, utilizando una herramienta estadística que permite comparar diferentes estudios y obtener una radiografía precisa de la dieta global y su impacto en el corazón.
El análisis detalló el efecto negativo del bajo consumo de frutas, verduras, granos integrales, nueces, semillas, legumbres y pescado, así como el alto consumo de sodio, carnes procesadas y bebidas azucaradas. Se encontró que las personas de 75 años y más experimentaron la mayor carga de cardiopatía isquémica atribuible a la dieta, aunque el riesgo existe para todos los adultos. En 2023, la alimentación inadecuada causó 4,06 millones de muertes por cardiopatía isquémica y casi 97 millones de años de vida perdidos ajustados por discapacidad.
Si bien la tasa de mortalidad relacionada con la dieta ha disminuido, el número total de muertes ha aumentado un 41,59% desde 1990 debido al envejecimiento de la población y al crecimiento demográfico. En los países con menos recursos, la falta de acceso a alimentos saludables fue el principal problema, mientras que en los países más ricos, el exceso de productos poco nutritivos elevó el riesgo.
Ante estos resultados, los investigadores recomiendan la implementación de políticas públicas que garanticen el acceso a alimentos nutritivos y promuevan la educación alimentaria. Enfatizan que los riesgos dietéticos, al ser modificables y estar estrechamente relacionados con las enfermedades no transmisibles, requieren enfoques de políticas integrales. Mejorar la producción y la distribución de alimentos es fundamental para garantizar una nutrición más segura.
Aunque reconocen la falta de datos en algunos países y la dificultad para medir con exactitud el consumo real de alimentos, la conclusión del estudio es clara: cuidar la alimentación diaria puede prevenir millones de muertes y años de vida perdidos, reduciendo el riesgo de enfermedad cardíaca y mejorando la salud en general.
El médico cardiólogo Ariel Kraselnik, profesor, investigador y director del posgrado de Nutrición Basada en Plantas de la Universidad Nacional de Rosario, y miembro del Consejo de Prevención de la Sociedad Argentina de Cardiología, valoró positivamente el estudio publicado en Nature Medicine. Este nuevo estudio confirma lo que ya muestran numerosas investigaciones: una alimentación rica en nueces, frutas, verduras, legumbres y granos enteros reduce el riesgo de enfermedad cardiovascular y favorece una vida más saludable , afirmó.
Kraselnik destacó que los patrones alimentarios que priorizan estos alimentos se asocian con una menor mortalidad y menos enfermedades crónicas. Advirtió sobre los efectos perjudiciales del consumo de bebidas azucaradas y carnes procesadas, como fiambres y embutidos, recomendando evitar su consumo por completo.
Es interesante que el estudio proponga metas claras, como 350 gramos diarios de frutas y vegetales, 200 gramos de granos enteros y 25 a 30 gramos de nueces y semillas , comentó. Aconsejó que se considere que las dietas basadas en vegetales, con alta fibra y bajo consumo de grasas saturadas, sodio y carnes procesadas, son las más efectivas para cuidar la salud y prevenir enfermedades. El estudio refuerza la importancia de una alimentación consciente y equilibrada para proteger la salud cardiovascular y mejorar la calidad de vida a nivel global.












