La llegada de 100.000 toneladas de petróleo ruso a Cuba representa un alivio temporal, aunque limitado, a la severa crisis energética que atraviesa la isla, exacerbada por las políticas del gobierno de Estados Unidos. Expertos coinciden en que el impacto real del suministro, equivalente a unos 730.000 barriles, tardará casi un mes en sentirse y su duración será breve, estimándose entre 10 y 30 días.
El investigador cubanoestadounidense Jorge Piñón, de la Universidad de Texas, enfatizó que Cuba necesita urgentemente diésel, no crudo, lo que implica un proceso de refinación en una antigua y poco eficiente refinería de La Habana, que podría tomar hasta 20 días. Ramsés Pech, analista del sector energético mexicano, añadió que el crudo debe someterse a una evaluación de calidad antes de ser procesado.
Una vez refinado, el combustible se distribuirá según las prioridades del gobierno cubano, con hospitales y transporte de suministros humanitarios como sectores prioritarios. La escasez energética ha paralizado la economía cubana, afectando a industrias y hogares, y dificultando la distribución de ayuda humanitaria.
El gobierno de Miguel Díaz-Canel no ha anunciado planes para racionar el combustible. Expertos sugieren que el régimen podría estar guardando reservas estratégicas ante la tensión con Estados Unidos, especialmente tras la reciente detención del presidente venezolano Nicolás Maduro y la interrupción de los envíos de Caracas.
El presidente estadounidense Donald Trump ha manifestado que no se opone al suministro de petróleo a Cuba, mientras que México se perfila como un posible aliado para brindar ayuda adicional, aunque las negociaciones del tratado de libre comercio con Estados Unidos podrían complicar esta opción. A pesar de la disposición política, Pemex podría priorizar sus compromisos existentes y evitar descompensar sus exportaciones.
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