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Arado y Compactación: El Silencioso Daño al Suelo Agrícola

Arado y Compactación: El Silencioso Daño al Suelo Agrícola
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Un equipo internacional de investigadores, liderado por la Universidad de Washington, ha revelado que prácticas agrícolas comunes como el arado y la compactación por maquinaria alteran significativamente la estructura interna del suelo, disminuyendo su capacidad para retener agua y acelerando su degradación. El estudio, publicado a través del boletín científico UW News y la propia universidad, utiliza una metodología innovadora basada en la sismología originalmente desarrollada para el monitoreo de terremotos para analizar los efectos de estas prácticas en campos experimentales ubicados en el Reino Unido.

La investigación combina técnicas sísmicas con análisis agrícola detallados, demostrando que el arado excesivo y la compactación fragmentan las redes capilares del suelo, componentes esenciales para su función natural de esponja . Esta destrucción provoca la pérdida de canales internos, favoreciendo el estancamiento superficial del agua y contribuyendo a la erosión y, en última instancia, a la reducción de la productividad agrícola.

Los resultados se basan en datos recopilados durante más de 20 años en parcelas agrícolas cercanas a Newport, gestionadas por la Harper Adams University. Estas parcelas fueron sometidas a diferentes tratamientos de arado y compactación, permitiendo a los investigadores, incluyendo a Marine Denolle y David Montgomery de la University of Washington, analizar cómo estas prácticas modificaban la respuesta del suelo ante diversos factores ambientales.

Según la University of Washington, el proceso de arado y compactación destruye la intrincada red de capilares que permite al suelo mantener su capacidad de absorción. David Montgomery explica que es un fenómeno contraintuitivo , ya que la labranza se asume a menudo como un método para facilitar la entrada de agua a las raíces, pero en realidad, destruye los pequeños canales, provocando que la lluvia se acumule en la superficie y forme una costra lodosa.

Este fenómeno incrementa significativamente los riesgos asociados al escurrimiento superficial, la erosión del suelo y el potencial de inundaciones, ya que el suelo pierde su eficiencia para absorber agua de lluvia. Los registros sísmicos obtenidos por el equipo de investigación confirman que los suelos con mayor nivel de intervención humana exhiben una menor capacidad de absorción y una degradación más acelerada. Los datos sugieren que este deterioro puede volverse irreversible si las prácticas agrícolas actuales se mantienen durante períodos prolongados, lo que representa una seria amenaza para la salud de los suelos agrícolas y la producción de alimentos a nivel global.

La innovación tecnológica empleada en el estudio incluye el uso de sensores de fibra óptica y sensores acústicos distribuidos. Estas herramientas permiten identificar alteraciones en la microestructura del suelo midiendo la velocidad a la que las ondas sísmicas lo atraviesan. La humedad, por ejemplo, disminuye la velocidad del sonido en el barro en comparación con la tierra seca, proporcionando un indicador clave del estado del suelo.

Marine Denolle, profesora de la University of Washington, detalló que el objetivo principal del estudio era determinar el potencial de las herramientas sísmicas para comprender cómo reacciona el suelo, bajo diferentes formas de manejo, ante la variabilidad ambiental. Qibin Shi añadió que los investigadores observaron la vibración natural del terreno, la cual es muy sensible a factores como la precipitación .

La estrategia implementada consistió en desplegar los sensores a lo largo de las parcelas y registrar el movimiento del suelo de manera continua durante un período de 40 horas, integrando estos datos con información meteorológica relevante. Los autores del estudio destacan que este método es relativamente sencillo y económico, y proporciona una mayor precisión espacial y temporal en comparación con las técnicas convencionales de análisis del suelo.

La tecnología sísmica no solo permite evaluar el daño asociado al arado convencional, sino que también ofrece la posibilidad de optimizar los sistemas de monitoreo de inundaciones, proporcionando alertas en tiempo real ante condiciones de riesgo. El equipo de Abigail Swann en la University of Washington subraya que la incorporación de estos datos puede mejorar significativamente los modelos climáticos, ayudar a estimar el contenido de agua en la atmósfera y actualizar los mapas de riesgo de licuefacción del terreno ante eventos sísmicos.

Según el boletín científico UW News, estas herramientas ofrecen a los agricultores la posibilidad de gestionar sus campos de manera más informada y adaptar sus técnicas de cultivo frente a los nuevos desafíos ambientales. La investigación demuestra que una de las técnicas agrícolas más antiguas, el arado, transforma físicamente la estructura del suelo y compromete su capacidad para manejar el agua, explicando los mecanismos subyacentes a la degradación y las repercusiones para la productividad de los terrenos agrícolas. En esencia, el estudio proporciona una nueva perspectiva sobre la importancia de preservar la estructura interna del suelo para garantizar la sostenibilidad de la agricultura a largo plazo.

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