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LIBÉLULAS GIGANTES: El misterio de su encogimiento evolutivo

LIBÉLULAS GIGANTES: El misterio de su encogimiento evolutivo

Hace unos 300 millones de años, las libélulas dominaban los cielos con dimensiones asombrosas, alcanzando envergaduras de más de 70 centímetros, una diferencia notable con las especies actuales que rara vez superan los ocho centímetros. Esta transformación radical en el tamaño de estos insectos ha sido objeto de debate científico durante décadas, y un nuevo estudio arroja luz sobre las posibles causas de esta miniaturización.

La era Carbonífera fue testigo de insectos de proporciones mucho mayores que sus descendientes modernos, y las libélulas se han convertido en un caso paradigmático de esta reducción de tamaño. Durante mucho tiempo, la teoría predominante atribuía este fenómeno a la concentración de oxígeno en la atmósfera. Se argumentaba que los niveles de oxígeno, un 45% superiores a los actuales durante el periodo Carbonífero, facilitaban la respiración de organismos de gran tamaño a través de sus sistemas de traqueolas. La disminución posterior del oxígeno habría hecho inviable el mantenimiento de cuerpos tan grandes, forzando su encogimiento evolutivo.

Sin embargo, una reciente investigación publicada en la revista Nature desafía esta hipótesis tradicional. El estudio, liderado por Edward Snelling, sugiere que el sistema respiratorio de los antiguos insectos poseía una notable capacidad de adaptación. Snelling explica que la anatomía interna de estos animales permitía ajustes suficientes para afrontar variaciones en la disponibilidad de oxígeno.

El equipo de investigación analizó la densidad de los conductos de aire en los músculos de vuelo de 44 especies diferentes para determinar si el espacio para el transporte de oxígeno era un factor restrictivo del tamaño corporal. Los resultados revelaron que estos conductos ocupan menos del 1% del tejido muscular, una proporción insignificante en comparación con la inversión que hacen las aves en su red capilar. Esto sugiere que el oxígeno atmosférico no fue el único, ni necesariamente el principal, responsable del cambio de tamaño en las libélulas.

Incluso en fósiles excepcionalmente preservados, como los de la especie Meganeuropsis permiana, la presencia de conductos respiratorios en los músculos era de aproximadamente un 1%. El profesor Roger Seymour, de la Universidad de Adelaida, aportó un dato relevante: comparados con los invertebrados, los mamíferos dedican 10 veces más espacio al suministro de oxígeno en sus tejidos. Esta comparación demuestra que la anatomía interna de los invertebrados no estaba limitada por la falta de espacio para el transporte de oxígeno.

Por lo tanto, las libélulas gigantes no habrían reducido su tamaño únicamente debido a la caída del oxígeno atmosférico, sino que otros factores externos habrían jugado un papel determinante. De hecho, hace 135 millones de años, durante el periodo Cretácico, la relación directa entre el tamaño de los insectos y la abundancia de oxígeno atmosférico se rompió. A pesar de que los niveles de oxígeno seguían siendo superiores a los actuales, los insectos no recuperaron las dimensiones ancestrales de casi un metro.

Según el estudio, la evolución de estos insectos dependió cada vez menos de las condiciones atmosféricas y más de los cambios en el entorno biológico. La aparición de nuevos depredadores aéreos, como las aves y los pterosaurios, transformó las reglas evolutivas para los grandes insectos voladores. Estas especies predadoras obligaron a las libélulas a especializarse y reducir su tamaño para maniobrar con mayor rapidez y escapar de enemigos veloces. La desventaja evolutiva de ser un insecto de gran tamaño se hizo evidente en los cielos prehistóricos, donde la agilidad se convirtió en un factor esencial para la supervivencia.

El profesor Seymour señala que, al comparar los capilares en el músculo cardíaco de aves y mamíferos con las traqueolas de los insectos, emerge una marcada diferencia de escala que refuerza la importancia de la competencia aérea en este proceso evolutivo.

El estudio también sugiere que el exoesqueleto moderno de los artrópodos podría imponer restricciones mecánicas que no afectaban del mismo modo a sus antepasados. Es posible que la estructura externa de los insectos actuales no soporte el peso de un cuerpo de 100 gramos sin comprometer su agilidad o capacidad de maniobra.

De este modo, la selección natural habría favorecido la miniaturización como respuesta a las exigencias del entorno y a los desafíos mecánicos, consolidando la eficacia de las libélulas actuales en comparación con sus antiguos congéneres. La historia de las libélulas gigantes es un recordatorio de cómo la evolución es un proceso complejo influenciado por múltiples factores, y cómo la adaptación a un entorno cambiante puede llevar a transformaciones sorprendentes en el tamaño y la forma de las criaturas que habitan nuestro planeta. La investigación continúa para comprender completamente las interacciones entre el oxígeno, la anatomía y la presión depredadora en la historia evolutiva de estos fascinantes insectos.

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