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Raphael Pichon conmueve Valencia con una Pasión según San Mateo renovada

«La música barroca ha vivido un mes de marzo como no se recordaba en la ciudad de Valencia»

Raphael Pichon conmueve Valencia con una Pasión según San Mateo renovada

La música barroca ha vivido un mes de marzo como no se recordaba en la ciudad de Valencia. Tras las funciones de Julio Cesar y Orlando en Les Arts, con Minkowski, tocaba el turno del Palau de la Música, en el que, al igual que las óperas haendelianas citadas, ha acontecido el delirio, como si de una gran función operística se tratara, una vez Raphael Pichon, factótum del éxito, cesó el calderón con que culmina el último gran coro «Wir setzen uns mit Tränen nieder» («Nos sentamos con lágrimas»).

Desde prácticamente la inauguración del Palau de la Música, la cita con este tesoro inefable del arte occidental que es el oratorio bachiano, ha tenido cadencia anual, en alguna ocasión alternada con la otra Pasión, la de San Juan. Han desfilado por la sala prácticamente todas las grandes formaciones especializadas en este repertorio, y los más destacados directores, coros y solistas. Es tarea imposible y absurda bucear en la memoria para decidir sobre la mejor interpretación, pero, el abajo firmante puede decir, que de unas veinticinco Pasiones que aproximadamente ha tenido la fortuna de disfrutar en esta sala, la de Raphael Pichon y sus huestes, quizás haya sido la más conmovedora. Las razones creo adivinarlas.

Más allá de una interpretación musical superlativa en todos los frentes, y a la que me referiré, Pichon, como ya sucediera en su Réquiem de Mozart, rompe una serie de normas no escritas en las interpretaciones de esta clase de obras maestras de carácter sacro, para dotarlas de cierto dinamismo visual no con una idea exactamente de escenificación como de ensanchamiento en los matices.

Pichon introduce el movimiento, las diagonales, nuevos volúmenes visuales más allá de la estática triple línea formada por los solistas y director, orquesta y coro. El ojo del oyente se desplaza e indaga. Los solistas no permanecen a lo largo y ancho de las dos horas y cuarto que le dura a Pichon su lectura, en primera línea, frente al público, sentados, esperando su turno de intervención. Tampoco los solistas van acompañados de sus partituras y textos, como es habitual dando a entender cierta falta de interiorización de una partitura tan esencial.

Las interpretaciones historicistas surgidas a finales de los sesenta, tras las monumentales versiones románticas (Klemperer, Richter, Karajan…) centran su ruptura en los aspectos estrictamente musicales (instrumentos originales, masas orquestales y corales aligeradas, dinámicas, tempos, acentos etc), pero todavía persiste el aspecto formal hierático a la hora de transmitir el relato. Pichon, salvo el caso del protagonista Mateo, defendido por un extraordinario Julian Pregardien, hijo del también tenor Christoph Pregardien, el resto de solistas avanzan desde el coro para abordar sus recitativos y arias.

Pero Pichon va más allá y no ensancha la experiencia bachiana a través sólo del dinamismo físico, sino que también lo hace con la propia música: con el uso de los silencios, las modulaciones, el carácter que imprime a los recitativos, las intervenciones especialmente incisivas del coro en la narración, como si fuera un solista más (¡dejadlo, deteneos, no lo atéis!, o ¡crucifícalo!).

No podemos hacer esto demasiado largo, así que, centrándonos en las prestaciones de los oficiantes, respecto a Pygmalion, su coro sigue siendo todavía una formación joven, y se nota en la frescura de sus voces. Hoy por hoy sin duda alguna se sitúa en la parte más alta de las grandes formaciones de su estilo. Asombra la variedad de dinámicas, el empaste de sus grupos a pesar de la variedad de inflexiones dinámicas que impone Pichon, los precisos ataques...

Se caía la sala Iturbi cuando el director galo los hizo levantarse a saludar. Admirable también el conjunto instrumental que completó con el coro un ensemble de una homogeneidad asombrosa. Excelentes los solistas de violín, viola de gamba, violonchelo, flautas dulces etc, que al igual que con el coro, también fueron agasajados con numerosos bravos por el público que hasta ese instante había guardado un silencio como en pocas ocasiones. No podemos olvidarnos tampoco de la Escolanía de los Desamparados perfectamente acoplada desde el punto de vista dinámico en sus intervenciones en el coro inicial «Kommt, ihr Töchter, helft mir klagen» y en el de cierre de la primera parte «O Mensch, bewein dein Sünde groß» («Oh hombre, llora tu gran pecado»)

En cuanto a los solistas, Julian Pregardien se lleva todos los parabienes con el Evangelista referencial de estos tiempos que corren. En parte por obra y gracia de Pichon, nunca habíamos disfrutado de un Mateo tan humano y cercano, logrado a base de infinidad de matices. No es un mero declamador del texto, sino que cobra una dimensión absolutamente novedosa del narrador: así, en ocasiones canta sentado en un pequeño y humilde cajón de madera, confesándose en privado al público, perdiendo monótona frontalidad. La voz apolínea pero no exenta de carácter, se proyecta admirablemente en todos los lugares en que se sitúa.

Excelente el gran barítono franco-canadiense Stéphane Degout como un Jesús más dramático de lo que tenemos por habitual, muy lírica pero dotada de una preciosa voz Julie Roset, o de Geoffroy Buffière encarnando a Pedro fue otra de las agradables sorpresas, como también Maïlys de Villoutreys o la de Lucile Richardot, todo un carácter y también muy aplaudida. El bajo norteamericano Alex Rosen, causó una grata impresión por los admirables recitativos llenos de detalles dramáticos. El joven contratenor franco-británico, William Shelton aunque no derrocha medios luce hermosa voz y excelente fraseo, y Zachary Wilder no desentonó con el resto de comprimarios.

En definitiva, una Pasión que marca un antes y un después por cuestiones que van más allá de lo estrictamente musical, y que colocan a Pichon en lo más alto de la interpretación en directo de esta inabarcable partitura, y principal culpable de que aun días después, la música del Thomaskantor de Leipzig todavía encuentre resonancia en la cabeza de muchos de los asistentes.

Domingo de marzo de 2026

Juan Sebastian Bach, la Pasión según San Mateo

Julian Pregardien, Evangelista, Stéphane Degout como Jesús, Julie Roset, Maïlys de Villoutreys, Lucile Richardot, William Shelton, Alex Rosen y Zachary Wilder.

Escolanía de los Desamparados

Coro y orquesta Pygmalion

Raphael Pichon, director musical

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