Al menos ocho millones de personas participaron este sábado en las movilizaciones del movimiento “No Kings”, según informaron los organizadores a medios estadounidenses. La jornada, que reunió a decenas de organizaciones y activistas demócratas, convocó más de 3.300 protestas en los 50 estados para repudiar lo que califican como “autoritarismo” del presidente Donald Trump.
Los manifestantes denunciaron la “guerra ilegal” iniciada hace un mes contra Irán, que ha provocado un alza en los precios de los combustibles y una nueva ola inflacionaria, además de reiterar sus críticas contra los “abusos” del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE). También hubo importantes concentraciones en Nueva York, Washington DC, Chicago y Los Ángeles, aunque los organizadores aún no han publicado cifras oficiales consolidadas.
La movilización más numerosa tuvo lugar en Mineápolis, ciudad donde en enero agentes federales mataron a los ciudadanos estadounidenses Renee Good y Alex Pretti, convirtiéndola en epicentro de la indignación nacional contra ICE y la Patrulla Fronteriza. Allí, decenas de miles se congregaron en una de las mayores concentraciones del tercer día de protestas en la nación estadounidense.
Los manifestantes en Ciudad de México se unieron a la jornada de No Kings denunciando la persecución y el racismo del ICE, brazo represivo de la política migratoria de Donald Trump.
Desde la Casa Blanca, el Gobierno desestimó las protestas, calificándolas de “sesiones de terapia” para el «trastorno por Trump», término utilizado frecuentemente por el mandatario y sus aliados para burlarse de la oposición. La portavoz de la Casa Blanca, Abigail Jackson, expresó que «la única gente a la que le interesan (las manifestaciones) son a los reporteros a los que les pagan para cubrirlas».
Sin embargo, la movilización ocurre en un contexto de creciente rechazo a la gestión presidencial donde una encuesta publicada el pasado miércoles reveló que el 59 por ciento de los estadounidenses desaprueba la administración de Trump, el nivel más alto registrado durante sus dos mandatos. En México también se sumaron a las manifestaciones de esta tercera jornada que refleja un rechazo a nivel internacional a la figura de Donald Trump y su proyección internacional.
Las protestas se centran en múltiples frentes de la política de Trump, pero la guerra contra Irán y las acciones de ICE se han convertido en catalizadores clave de la indignación pública. La escalada de precios de los combustibles y la inflación resultante de la intervención en Irán están afectando directamente el bolsillo de los ciudadanos estadounidenses, mientras que las denuncias de abusos por parte de ICE, especialmente tras los incidentes fatales en Mineápolis, han generado una profunda desconfianza en las fuerzas de seguridad y en la política migratoria del gobierno.
La elección de Mineápolis como epicentro de la movilización más grande subraya la importancia de los casos de Renee Good y Alex Pretti. Los detalles de sus muertes a manos de agentes federales han alimentado la narrativa de brutalidad policial y falta de rendición de cuentas, resonando con un movimiento nacional que exige una reforma profunda del sistema de justicia penal y de inmigración.
La participación de México en las protestas, denunciando la persecución y el racismo del ICE, demuestra que la oposición a las políticas de Trump trasciende las fronteras estadounidenses. La política migratoria de Trump, caracterizada por la separación de familias, la detención masiva de inmigrantes y la construcción de un muro fronterizo, ha sido ampliamente criticada a nivel internacional por violar los derechos humanos y fomentar la xenofobia.
La respuesta de la Casa Blanca, minimizando las protestas como “sesiones de terapia” y atacando a los medios de comunicación, ha sido interpretada por muchos como una señal de la creciente desesperación del gobierno ante la pérdida de apoyo popular. La encuesta que revela un 59 por ciento de desaprobación de la administración Trump es un indicador alarmante para el mandatario, especialmente a medida que se acerca el final de su segundo mandato.
La movilización del movimiento “No Kings” representa un desafío significativo para la administración Trump, demostrando que la oposición a sus políticas es amplia, organizada y decidida. La capacidad de los organizadores para movilizar a millones de personas en todo el país y coordinar protestas en múltiples ciudades es un testimonio de la fuerza del movimiento y de la creciente frustración de los ciudadanos con la dirección que está tomando el país.
La situación en Irán, con denuncias de planes de invasión terrestre por parte de Estados Unidos, añade una capa adicional de tensión a la crisis política. El Kremlin también ha catalogado como menos relevante el Consejo de Paz de Trump ante el conflicto con Irán, lo que sugiere una creciente preocupación internacional por la escalada de la tensión en la región.
La jornada de protestas del sábado es solo el comienzo de una serie de movilizaciones planeadas por el movimiento “No Kings” en los próximos meses. Los organizadores han prometido mantener la presión sobre la administración Trump hasta que cambie sus políticas y rinda cuentas por sus acciones. La respuesta del gobierno a estas protestas y la evolución de la situación en Irán serán factores clave para determinar el futuro político de Estados Unidos y su papel en el escenario internacional.


