Los salarios argentinos volvieron a perder terreno frente a la inflación en enero de 2026, registrando una caída cercana al 1 punto porcentual ante un aumento de precios del 2,9%, según los últimos datos del Indec. Esta situación se agrava con un desplome del consumo masivo del 3,4% en febrero, profundizando la crisis económica que atraviesa el país bajo la administración de Javier Milei. La consultora Scentia detalló que esta caída interanual se observa en farmacias, supermercados, mayoristas, comercios de barrio, quioscos y e-commerce, marcando dos meses consecutivos de descenso. Si se analiza específicamente el comportamiento de hipermercados y comercios barriales, la caída en las ventas alcanza el 4,8% interanual, un nivel no visto ni siquiera durante los momentos más críticos del gobierno de Mauricio Macri.
El retroceso en la capacidad de compra de los trabajadores se evidencia en el comportamiento de los precios de los bienes de primera necesidad, que se dispararon por encima del promedio general. Este escenario se combina con las políticas oficiales que buscan homologar paritarias con aumentos salariales por debajo de la inflación, un contexto que se ve exacerbado por el cierre de empresas y la consecuente falta de oportunidades laborales.
La situación actual refleja una preocupante tendencia a la disminución del poder adquisitivo de las familias argentinas. Durante el primer año de la gestión de Mauricio Macri (2016), el consumo cayó un 4,5% en comparación con el año anterior. En 2017, la caída fue del 3,1%, y en 2018, del 1,5%. El último año del gobierno del PRO, 2019, registró un desplome del 7,3% frente al año previo, sin registrarse ningún año de crecimiento del consumo en supermercados durante toda la administración.
Sin embargo, con la llegada de Javier Milei al poder, la situación ha empeorado significativamente. En 2024, el consumo se derrumbó un 13,9% en comparación con 2023. Las proyecciones indican que en 2025, el consumo volverá a caer un 2,6% en relación con el año anterior. Los números actuales del gobierno libertario duplican las peores cifras de consumo registradas durante la gestión de Macri, evidenciando una crisis de dimensiones alarmantes.
El análisis de la consultora Scentia revela que la caída del consumo no se limita a un sector específico, sino que afecta a la totalidad de los canales de comercialización. Esta situación se atribuye a una combinación de factores, entre los que se destacan la alta inflación, la pérdida de poder adquisitivo de los salarios, la incertidumbre económica y la falta de confianza en el futuro.
La crisis de empleo y salario se concentra en los motores de la economía, afectando especialmente a los sectores de menor ingreso. La falta de oportunidades laborales y la precarización del empleo contribuyen a la disminución del consumo, generando un círculo vicioso que dificulta la recuperación económica.
La presión del gobierno para homologar paritarias con aumentos salariales por debajo de la inflación agrava aún más la situación. Los sindicatos y las organizaciones sociales denuncian que esta política salarial atenta contra el poder adquisitivo de los trabajadores y profundiza la desigualdad social.
La situación actual plantea serios desafíos para el gobierno de Javier Milei, que enfrenta la necesidad de implementar políticas económicas que permitan estabilizar la economía, controlar la inflación y recuperar el poder adquisitivo de los salarios. La falta de medidas efectivas en este sentido podría conducir a una mayor profundización de la crisis social y económica, con consecuencias impredecibles para el futuro del país.
La creciente preocupación por la situación económica se refleja en las movilizaciones sociales y las protestas que se han multiplicado en las últimas semanas. Las organizaciones sociales exigen al gobierno medidas urgentes para proteger el poder adquisitivo de los trabajadores, garantizar el acceso a los servicios básicos y crear empleos dignos.
La crisis del consumo masivo en Argentina no solo afecta a las familias de bajos ingresos, sino que también tiene un impacto negativo en la actividad económica en general. La caída de las ventas en supermercados y otros comercios se traduce en una disminución de la producción industrial, un aumento del desempleo y una reducción de la recaudación fiscal.
La situación actual exige una respuesta integral que involucre a todos los actores sociales y económicos. Es necesario implementar políticas que permitan estabilizar la economía, controlar la inflación, recuperar el poder adquisitivo de los salarios y generar empleo digno. Solo así se podrá superar la crisis y construir un futuro más próspero para todos los argentinos.








