México enfrenta un momento crucial en materia de salud: o apuesta decididamente por la innovación o se quedará atrás de otros países, según un análisis reciente. El país se ubica en el grupo de naciones que necesitan impulso , produciendo poca innovación y con dificultades para integrarla al sistema, contrastando con líderes como Japón y Suiza.
Esto se traduce en una investigación aplicada, desarrollo tecnológico y modelos de atención innovadores inferiores a su potencial. Las innovaciones existentes suelen quedar aisladas en sectores especializados o privados, sin una estructura sólida para evaluar, financiar e implementar soluciones basadas en evidencia.
El Plan México 2030 , impulsado con respaldo gubernamental, busca atraer 2 mil millones de dólares anuales en investigación clínica, modernizar COFEPRIS y agilizar autorizaciones. El Programa Sectorial de Salud 2025 2030 también plantea fortalecer la atención primaria, digitalizar el sistema y estandarizar protocolos.
Sin embargo, persiste una brecha entre las ambiciones y la realidad. El gasto público en salud se mantiene por debajo de las recomendaciones internacionales, limitando las inversiones en infraestructura digital y evaluación de tecnologías. COFEPRIS, crucial para la modernización, enfrenta restricciones presupuestarias.
La federalización a través del IMSS-Bienestar, si bien busca atención universal, se ha enfocado en la reorganización institucional sin una agenda clara de innovación. La digitalización avanza fragmentada, obstaculizando la interoperabilidad de datos y la evaluación sistemática de resultados.
Para avanzar, es indispensable destinar una proporción del presupuesto a innovación evaluada, crear una agencia nacional independiente de evaluación de tecnologías y apostar por una infraestructura de información interoperable. Solo así México podrá superar su rezago y mejorar la salud de su población.
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