Con el aumento de virus respiratorios en Chile, la vitamina C resurge como un escudo popular contra resfríos y gripes. Sin embargo, la evidencia científica sobre su efectividad es más matizada de lo que comúnmente se cree, según un análisis de expertos australianos.
La vitamina C, o ácido ascórbico, es un nutriente esencial que el cuerpo humano no produce por sí solo, requiriendo su obtención a través de la dieta o suplementos. El 40% proviene de verduras, 19% de frutas y 29% de jugos de frutas y verduras, siendo la naranja, limón, kiwi, fresas, pimientos, brócoli y tomate fuentes destacadas.
Si bien es crucial para proteger las células del daño, fortalecer el sistema inmunológico, facilitar la absorción de hierro y mejorar la cicatrización, los especialistas advierten que sus beneficios a menudo se exageran. Contrario a la creencia popular, consumir 200 mg o más de vitamina C no reduce la incidencia del resfrío común, ni afecta su duración o gravedad.
Una leve reducción en la duración y severidad de los síntomas solo se observa con dosis superiores a 1000 mg, pero los expertos consideran que los riesgos superan los beneficios. La ingesta diaria recomendada para adultos es de 45 mg, fácilmente alcanzable a través de una alimentación balanceada.
El cuerpo excreta el exceso de vitamina C (la dosis máxima tolerada es de 2000 mg diarios) a través de la orina, ya que no la almacena. Un consumo excesivo puede provocar efectos secundarios como diarrea, náuseas y calambres abdominales, e incluso contribuir a la formación de cálculos renales en hombres.
En conclusión, si bien la vitamina C es vital para la salud, no es la panacea contra los resfríos y la gripe como se suele pensar. Una dieta rica en frutas y verduras es suficiente para cubrir las necesidades diarias.
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