Olas, viento, soluciones limpias
Costa Rica se encuentra ante una oportunidad estratégica para diversificar su matriz energética y fortalecer su seguridad energética a través del aprovechamiento de las energías marinas, también conocidas como energía azul. En un contexto global marcado por la volatilidad de los precios de los combustibles fósiles y la urgencia de la transición hacia fuentes renovables, el país centroamericano busca en el mar una alternativa clave para la descarbonización y la resiliencia.
A pesar de los avances significativos en la generación de electricidad a partir de fuentes renovables, Costa Rica aún depende de la importación de hidrocarburos para sectores esenciales como el transporte y la industria. Esta dependencia expone a la economía nacional a fluctuaciones externas y perpetúa un modelo energético insostenible a largo plazo. El potencial de las energías marinas – energía de las olas, mareas, corrientes, gradientes térmicos (OTEC), gradientes salinos y viento marino (offshore) – emerge como una solución viable y estratégica.
Estudios recientes del Instituto Costarricense de Electricidad (ICE) y de universidades pertenecientes al Sistema CONARE confirman el significativo potencial teórico de energía azul en el país. En el Pacífico Norte, las condiciones son favorables para el desarrollo de la energía eólica offshore, con recursos técnicos estimados en alrededor de 14.4 GW, gracias a la presencia del “jet de los Papagayos”, una banda de viento permanente. Investigaciones del Instituto Tecnológico de Costa Rica (ITCR) indican un potencial undimotriz (energía de olas) superior a los 20–25 kW/m, mientras que la Universidad de Costa Rica (UCR) ha identificado zonas en el Pacífico Sur aptas para el aprovechamiento de tecnologías de gradiente térmico.
Las energías marinas ofrecen ventajas importantes para los sistemas eléctricos, según el National Renewable Energy Laboratory (NREL) de Estados Unidos. Su mayor predictibilidad en comparación con la energía solar y eólica terrestre, su alta densidad energética y su capacidad para complementar la variabilidad de otras fuentes renovables contribuyen a mejorar la estabilidad del sistema eléctrico nacional y a satisfacer la creciente demanda, especialmente en sectores como la electromovilidad y la industria.
El desarrollo de las energías marinas también tiene implicaciones económicas y sociales positivas. La Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA, 2024) y la Agencia Internacional de la Energía (IEA, 2025) proyectan que esta industria generará miles de empleos a nivel mundial, impulsando el desarrollo de las zonas costeras. En Costa Rica, esto podría traducirse en nuevas oportunidades para comunidades históricamente marginadas, promoviendo el desarrollo territorial y contribuyendo al cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) 5, 7, 13 y 14.
Sin embargo, la transición hacia este modelo energético enfrenta desafíos considerables. La falta de prototipos probados en campo, la limitada disponibilidad de especialistas capacitados en energías marinas, la escasa infraestructura costera, los vacíos regulatorios en materia de licenciamiento ambiental y la insuficiencia de señales para el financiamiento de proyectos son obstáculos importantes. Además, es crucial considerar los posibles impactos ambientales y sociales, especialmente en zonas de alta sensibilidad ecológica.
A pesar de estos retos, el desarrollo de las energías marinas debe ser considerado una decisión estratégica a largo plazo. En un contexto de creciente incertidumbre internacional, fortalecer las capacidades nacionales y aprovechar los recursos propios se vuelve esencial para garantizar la seguridad energética. La experiencia de Costa Rica en energías renovables, su compromiso con la descarbonización y el potencial de sus dos costas constituyen una base sólida para avanzar hacia una matriz energética más diversificada, resiliente y sostenible. Se anticipa una progresiva “marinización” de la matriz eléctrica en las próximas décadas.
El más reciente informe del Estado de la Nación (2025) subraya que Costa Rica sigue siendo un emisor neto de gases de efecto invernadero y que el cambio climático está intensificando la frecuencia y la intensidad de las amenazas. En este contexto, la incursión en las energías marinas no solo representa una oportunidad técnica viable, sino una necesidad estratégica. Su integración gradual en la red eléctrica permitirá reducir la dependencia de los combustibles fósiles, fortalecer la seguridad energética y avanzar en el cumplimiento de los compromisos climáticos globales.
Para lograrlo, es indispensable superar la visión de corto plazo y adoptar una perspectiva de futuro basada en la ciencia y la innovación. Costa Rica debe dejar de estar de espaldas al mar y aprovechar el potencial de sus recursos oceánicos para construir un futuro energético más sostenible y resiliente. La inversión en investigación y desarrollo, la formación de profesionales especializados, la creación de un marco regulatorio claro y la promoción de la inversión privada son elementos clave para impulsar el desarrollo de las energías marinas en el país. La colaboración entre el sector público, el sector privado, la academia y las comunidades locales será fundamental para garantizar el éxito de esta transición energética.


