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Líbano al Borde: Niños Muertos, Terror y Desplazamiento Masivo

Hace apenas 18 meses, las bombas israelíes llovieron sobre todo el país durante semanas. Ahora, se ve asolado por un nuevo y más intenso bombardeo, con un saldo de más de 1.000 muertos desde el 2 de marzo.

Líbano al Borde: Niños Muertos, Terror y Desplazamiento Masivo

El Líbano se encuentra sumido en una espiral de violencia que supera incluso los sombríos recuerdos de conflictos pasados. Apenas 18 meses después de los intensos bombardeos israelíes dirigidos a desmantelar a Hezbollah, el país se enfrenta ahora a una nueva ola de ataques, más devastadora aún, con un saldo de más de 1.000 muertos desde el 2 de marzo, desencadenada por la respuesta de Hezbollah a la muerte del líder iraní Alí Jamenei. La capital, Beirut, lleva las cicatrices de guerras anteriores, pero la tensión actual se siente de una manera diferente, más palpable, más desesperada.

La vida cotidiana en Beirut se ha transformado en una búsqueda constante de normalidad en medio del caos. Un taxista, al hablar con CNN, describió la inquietante realidad de las calles llenas de coches estacionados, que en realidad son hogares improvisados para familias desplazadas por la guerra. Las principales vías de la ciudad se han convertido en campamentos de refugiados, un testimonio desgarrador de la magnitud de la crisis humanitaria.

En la aldea sureña de Irkay, la tragedia golpeó con especial crueldad. El funeral de cinco niños, de entre seis y 13 años, se celebró en medio de las explosiones continuas de los ataques israelíes. Los niños perdieron la vida en un ataque contra la casa de sus abuelos, que también resultaron fatales para ambos abuelos y dos tíos. La vivienda quedó reducida a escombros, sin indicios de que fuera utilizada con fines militares. El grito desgarrador de una mujer en el funeral, "¡Que Dios te destruya, Israel!", resonó como un lamento por la pérdida de vidas inocentes.

Las cifras son alarmantes. UNICEF informa que más de un centenar de niños han muerto en el conflicto de 2024, una cifra que ya ha sido superada en la actual campaña de ataques israelíes. El Ministerio de Salud libanés confirma la muerte de al menos 111 niños a manos de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) desde el inicio de la guerra, un balance que plantea serias interrogantes sobre el costo humano que las FDI están dispuestas a asumir en sus operaciones aéreas.

El portavoz internacional de las FDI, Nadav Shoshani, atribuye la responsabilidad de las bajas civiles a Hezbollah, argumentando que la milicia utiliza a civiles como escudos humanos. "Tenemos una organización terrorista cuya estrategia consiste en poner a nuestros civiles en la línea de fuego, así como a los suyos propios. Estamos haciendo todo lo posible para evitarlo", declaró a CNN. Shoshani defendió las acciones de las FDI, señalando que la guerra tiene un precio alto, pero que eso no justifica acusar a la parte más fuerte de librarla de manera incorrecta.

Sin embargo, Mohammed Rida Taqi, padre de cuatro de los niños fallecidos en Irkay, niega rotundamente la presencia de Hezbollah en la vivienda. "Somos una familia", afirmó, cuestionando la justificación de los ataques. "La gente del sur no se doblega, ni ante Israel, ni ante Estados Unidos, que los está apoyando con armas".

La incertidumbre y el miedo se han convertido en compañeros constantes para los habitantes del Líbano. A pesar de que algunos ataques van precedidos de alertas por parte de las FDI, la explosión que devastó Irkay no tuvo aviso previo. Kim Moawad, residente de Beirut, describió la angustia de vivir esperando una alerta, sintiendo incluso un alivio paradójico cuando el ataque finalmente ocurre, porque al menos la espera ha terminado.

La precisión selectiva de algunos ataques en Beirut, que impactan en una sola ventana sin previo aviso, ha añadido una nueva dimensión de terror psicológico al conflicto. Estos ataques se han convertido en una constante, alcanzando incluso barrios cristianos y las inmediaciones de los campamentos de desplazados internos.

El temor a que las FDI tengan planes similares para el Líbano que los que devastaron Gaza, donde gran parte del territorio palestino ha quedado reducido a escombros, es palpable. Sanaa Ghosn, una abuela refugiada, expresó su desesperación: "El Líbano solía ser próspero. Pero ahora está destruido; ya no existe. Ojalá que lo que ocurrió en Gaza no nos suceda a nosotros".

La retórica israelí no ha hecho más que alimentar estos temores. El ministro de Finanzas de Israel, Bezalel Smotrich, declaró a principios de marzo que "los suburbios del sur acabarán como Khan Younis", refiriéndose a la ciudad de Gaza que quedó casi completamente destruida durante la campaña israelí.

La afluencia masiva de un millón de personas desplazadas ha exacerbado las tensiones sociales. Se han registrado casos de propietarios que interrogan a los desplazados sobre sus apellidos o su aspecto físico, buscando identificar y excluir a aquellos que puedan tener vínculos con Hezbollah.

Las Naciones Unidas han documentado un aumento en los ataques en línea contra las personas desplazadas internamente, así como llamamientos similares por parte de figuras destacadas de la sociedad libanesa, lo que revela fracturas sectarias latentes. Karolina Lindholm Billing, representante de la agencia de la ONU para los refugiados en el Líbano, advierte sobre el riesgo de que esta conmoción inicial se transforme en ira, frustración y tensiones entre las comunidades.

La situación se agrava aún más por los recortes presupuestarios que enfrentan las organizaciones internacionales de ayuda humanitaria, tras la reducción de las contribuciones estadounidenses bajo la presidencia de Donald Trump. Lindholm Billing, con casi 30 años de experiencia en ACNUR, expresa su profunda preocupación y angustia por la situación actual.

A lo largo del paseo marítimo de Beirut, filas de tiendas de campaña ofrecen refugio a familias desplazadas. Samr Zahwi, un voluntario que distribuye cenas del "iftar" durante el Ramadán, describe la diversidad de los refugiados, provenientes tanto de los suburbios del sur, con vínculos con Hezbollah, como de otras partes del país.

Estos nuevos residentes han levantado sus refugios a la sombra del puerto de Beirut, el mismo lugar donde una explosión masiva en 2020 causó cientos de muertes y devastó una sección de la capital. En el Líbano, un trauma se acumula sobre otro, dejando una cicatriz profunda en la memoria colectiva.

La voz de Sako Demirjiane, un mecánico de un barrio diverso de Beirut, refleja la creciente oposición a Hezbollah. "Jóvenes, niños y bebés están muriendo. Es decir, no había necesidad de entrar en esta guerra. Y luego dicen que están apoyando a Irán. O sea, ¿qué tiene que ver eso con nosotros? Ya lo vimos antes: el apoyo era para Gaza, y vimos lo que eso nos trajo. Y ahora también están apoyando a Irán, y vimos lo que eso nos trajo. La vida aquí se ha vuelto insoportable".

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