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¡Guerra Energética! Ataques a Qatar disparan el petróleo a máximos históricos

Los precios del petróleo y del gas natural se dispararon el jueves, a medida que Irán intensificaba sus ataques contra la infraestructura energética en todo Oriente Medio y atacaba una de las instalaciones de gas natural licuado (GNL) más importantes del mundo en Qatar.

¡Guerra Energética! Ataques a Qatar disparan el petróleo a máximos históricos

Los precios del petróleo y del gas natural se dispararon este jueves ante la intensificación de los ataques iraníes contra infraestructura energética en Oriente Medio, incluyendo un ataque a una de las plantas de gas natural licuado (GNL) más grandes del mundo en Qatar. La escalada del conflicto amenaza con desestabilizar aún más los mercados energéticos globales, ya tensionados por la guerra en Ucrania y la creciente demanda mundial.

El crudo Brent, la referencia mundial, superó los 115 dólares por barril, marcando un aumento cercano al 8% y consolidando las ganancias del día anterior. El miércoles, Brent cerró en 107,38 dólares, su nivel más alto desde junio de 2022. El West Texas Intermediate (WTI), la referencia estadounidense, también experimentó un aumento, alcanzando los 96 dólares por barril, un incremento de alrededor del 1%.

En Europa, la situación es aún más crítica, con los precios de referencia del gas natural registrando un aumento del 24%, duplicándose con creces desde el inicio de la guerra el 28 de febrero. Este incremento amenaza con agravar la crisis energética en el continente, especialmente de cara al invierno.

QatarEnergy confirmó que su planta de GNL de Ras Laffan sufrió “daños considerables” tras ser atacada con misiles iraníes en dos ocasiones en un lapso de 12 horas. Ras Laffan, según la Agencia Internacional de Energía, es la planta de GNL más grande del mundo, con una capacidad de producción crucial para el suministro global. La interrupción de su funcionamiento podría tener consecuencias devastadoras para los mercados energéticos, especialmente en Asia, que depende en gran medida del GNL qatarí.

Estos ataques iraníes se produjeron como represalia a los bombardeos contra instalaciones de producción energética en Irán, marcando una escalada significativa del conflicto. Hasta el momento, la infraestructura energética iraní había sido relativamente protegida de los enfrentamientos. El miércoles, un ataque israelí tuvo como objetivo el yacimiento de gas South Pars, compartido con Qatar, considerado uno de los campos de gas natural más grandes del mundo.

Irán ha emitido amenazas de nuevos ataques en la región, apuntando a Arabia Saudita, Qatar y los Emiratos Árabes Unidos como posibles objetivos. El príncipe Faisal bin Farhan, ministro de Asuntos Exteriores saudí, informó que dos refinerías de petróleo en Riad ya han sido blanco de ataques. La Corporación Petrolera de Kuwait también reportó incendios en dos de sus refinerías tras ataques con drones durante la madrugada, aunque los incendios fueron rápidamente controlados.

Aditya Saraswat, vicepresidente senior de Rystad Energy en Dubái, advirtió que cualquier ataque adicional podría elevar los precios del petróleo en al menos 10 dólares más por barril y causar interrupciones significativas en el suministro, especialmente en los principales productores de Oriente Medio. “Qatar está particularmente expuesto dada la concentración de su infraestructura de GNL en Ras Laffan. Cualquier interrupción aquí no solo afectaría el suministro regional, sino que tendría repercusiones en los mercados mundiales de GNL, y Asia sería la más afectada dada su dependencia de los volúmenes qataríes”, explicó Saraswat.

La situación plantea serias preocupaciones sobre la seguridad del suministro energético global y el impacto en la economía mundial. Los analistas advierten que la escalada del conflicto podría prolongarse, lo que podría llevar a precios aún más altos y a una mayor volatilidad en los mercados energéticos. La posibilidad de que otros países de la región se vean involucrados en el conflicto también aumenta la incertidumbre.

La respuesta de la comunidad internacional ha sido cautelosa, con llamamientos a la calma y a la diplomacia. Sin embargo, la falta de una solución política clara y la persistencia de las amenazas de Irán sugieren que la crisis energética podría empeorar en los próximos días y semanas.

Los mercados financieros han reaccionado con nerviosismo a la noticia, con las bolsas de valores de todo el mundo experimentando caídas. Los inversores buscan refugio en activos más seguros, como el oro y los bonos del gobierno. La incertidumbre económica y política está afectando la confianza de los consumidores y las empresas, lo que podría llevar a una desaceleración del crecimiento económico global.

La crisis energética también podría tener implicaciones geopolíticas significativas. La dependencia de los países europeos del gas natural ruso ya era un problema antes de la guerra en Ucrania, y la interrupción del suministro ha exacerbado la situación. La búsqueda de fuentes alternativas de energía, como el GNL qatarí, se ha vuelto aún más urgente. Sin embargo, los ataques a la infraestructura energética en Qatar amenazan con socavar estos esfuerzos.

La situación exige una respuesta coordinada de la comunidad internacional para garantizar la seguridad del suministro energético global y evitar una mayor escalada del conflicto. La diplomacia, las sanciones y el fortalecimiento de la seguridad energética son algunas de las medidas que podrían tomarse para abordar la crisis. Sin embargo, la complejidad de la situación y la falta de confianza entre las partes involucradas hacen que una solución rápida sea poco probable.

El impacto de la crisis energética se sentirá en todo el mundo, afectando a los consumidores, las empresas y los gobiernos. Los precios más altos de la energía aumentarán el costo de vida, reducirán el poder adquisitivo y afectarán la competitividad de las empresas. Los gobiernos se enfrentarán a la presión de proteger a sus ciudadanos y empresas de los efectos de la crisis, lo que podría llevar a medidas proteccionistas y a una mayor fragmentación de la economía global. La situación actual exige una planificación cuidadosa y una cooperación internacional para mitigar los riesgos y garantizar un futuro energético sostenible.

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