Una controversia científica sacude los cimientos de la arqueología chilena y americana. Un reciente estudio publicado en la prestigiosa revista Science cuestiona la datación tradicional del sitio arqueológico Monte Verde, ubicado en Puerto Montt, Región de Los Lagos, uno de los lugares más importantes para comprender el poblamiento temprano del continente. Mientras la Fundación Monte Verde, responsable de la investigación y protección del sitio por más de cinco décadas, defiende la antigüedad de 15.000 años establecida, un equipo de investigadores liderado por Todd Surovell, de la Universidad de Wyoming (EE.UU.), argumenta que la evidencia sugiere una ocupación entre 8.000 y 6.000 años atrás.
El debate se centra en la interpretación de los datos estratigráficos y las técnicas de datación utilizadas. La Fundación Monte Verde, a través del Proyecto Monte Verde dirigido por Tom D. Dillehay y Mario Pino, denuncia “errores metodológicos y empíricos” en el nuevo estudio, calificando los fechados como “ambiguos” y desconectados del registro arqueológico excavado y meticulosamente documentado durante años. Argumentan que la investigación de Surovell y sus colegas se basa en la extrapolación de dataciones obtenidas en depósitos no arqueológicos, malinterpretados y ajenos a las capas centrales del yacimiento.
César Méndez, uno de los autores del estudio de Science, perteneciente a la Universidad Católica de Chile, explica que su equipo identificó terrazas de formación antigua, con una capa de ceniza volcánica del volcán Lepué de hace al menos 11.000 años en la parte superior. Las terrazas más bajas, donde se encuentra Monte Verde II, serían producto de procesos erosivos posteriores. Según Méndez, la interpretación tradicional proyecta deducciones desde el interior del sitio hacia contextos no comparables, lo que lleva a conclusiones erróneas sobre la cronología y la integridad del registro arqueológico.
La Fundación Monte Verde, sin embargo, rechaza esta perspectiva, señalando que los autores del estudio realizaron una visita breve al sitio, de apenas unas horas, lo que consideran insuficiente para comprender la complejidad de los procesos geológicos, ecológicos y paleoambientales que caracterizan el área. Subrayan que estos procesos son distintos a los de los ambientes áridos o semiáridos en los que se desenvuelven las investigaciones de Surovell y su equipo, lo que podría conducir a interpretaciones infundadas sobre la formación y preservación del registro arqueológico en un entorno húmedo.
La controversia se agudiza al revelarse que el proyecto de investigación de Surovell fue presentado al Consejo de Monumentos Nacionales como un estudio no arqueológico, sin excavaciones ni recolección de material arqueológico. La Fundación Monte Verde cuestiona cómo datos obtenidos bajo este marco metodológico se utilizan ahora para formular interpretaciones sobre la cronología y formación de uno de los sitios arqueológicos más estudiados del continente.
Méndez defiende su trabajo, destacando que es la primera investigación independiente realizada en Monte Verde en más de 50 años, sin la participación de los investigadores originales. Argumenta que la revista Science y sus evaluadores consideraron valiosa la nueva interpretación y el conjunto de datos presentados, ya que ofrecen una explicación más consistente de la evidencia presente en el sitio.
Esta no es la primera vez que la validez de Monte Verde es puesta en duda. En 2019, el paleontólogo Michel Brunet, conocido por el descubrimiento de restos fósiles homínidos en Chad, África, sugirió durante el Congreso Futuro en Chile que, para validar la teoría del primer asentamiento humano en Monte Verde, sería necesario encontrar restos óseos.
La tensión entre los investigadores es palpable. Méndez lamenta la falta de contacto con la Fundación Monte Verde, revelando que Todd Surovell intentó una colaboración con Tom Dillehay, la cual no prosperó. Prefiere no entrar en detalles “extracientíficos” que, según él, distraen de lo esencial: el debate científico.
La Fundación Monte Verde, por su parte, enfatiza la importancia de considerar la experiencia acumulada durante décadas de investigación en el sitio. Argumentan que los autores del estudio no comprenden adecuadamente la dinámica del paisaje y los procesos de formación del registro arqueológico en un ambiente tan particular como el de Monte Verde.
El futuro de la investigación en Monte Verde se presenta incierto. La controversia plantea interrogantes sobre la metodología arqueológica, la interpretación de los datos y la necesidad de un diálogo constructivo entre los diferentes actores involucrados. La comunidad científica espera que este debate conduzca a una mayor comprensión del poblamiento temprano de América y a una reevaluación de los conocimientos existentes. La búsqueda de la verdad sobre nuestros orígenes continúa, y Monte Verde, una vez más, se encuentra en el centro de la discusión. La resolución de esta disputa podría reescribir la historia del poblamiento americano, o confirmar la importancia de Monte Verde como un hito fundamental en la comprensión de nuestro pasado.


