A Coruña ha renunciado formalmente a su candidatura para ser sede de partidos del Mundial de Fútbol de 2030, una decisión que marca un giro estratégico en las prioridades de la ciudad. El anuncio, realizado este lunes en un acto institucional, pone fin a meses de especulación y debate, y abre una nueva etapa centrada en la modernización integral del complejo deportivo de Riazor. La alcaldesa Inés Rey, acompañada por el presidente del Real Club Deportivo de La Coruña, Juan Carlos Escotet, y el presidente de la Diputación provincial, Valentín González Formoso, justificó la renuncia como una apuesta por el futuro a largo plazo de la ciudad y su infraestructura deportiva.
La decisión no ha sido tomada a la ligera. Según explicó la alcaldesa Rey, la aspiración inicial era albergar partidos del Mundial, pero “no a cualquier precio”. Las exigencias de la FIFA para las ciudades sede, particularmente la ampliación del aforo del estadio municipal de Riazor de las actuales 32.500 a cerca de 48.000 localidades, se consideraron inviables sin comprometer la estabilidad económica y deportiva del club y de la ciudad. Además de la ampliación del aforo, la FIFA solicitaba mejoras significativas en las zonas VIP y una reorganización de los espacios circundantes al estadio, lo que implicaría una inversión considerable y un impacto significativo en el entorno urbano.
La renuncia, por tanto, se presenta como una decisión pragmática, orientada a evitar un endeudamiento excesivo y a priorizar un proyecto de modernización integral que beneficie a la ciudad a largo plazo. El Ayuntamiento ha alcanzado un acuerdo con Abanca, el accionista mayoritario del Deportivo, para impulsar este ambicioso plan, que no solo incluye la remodelación del estadio, sino también la del Palacio de los Deportes y otras instalaciones deportivas cercanas.
El presidente del Deportivo, Juan Carlos Escotet, se mostró optimista ante este nuevo escenario. Subrayó que el acuerdo establece un marco de estabilidad institucional y planificación que permitirá trabajar con mayor coordinación y eficiencia. Escotet defendió que el estadio de Riazor es un símbolo de identidad colectiva para los coruñeses y que su transformación debe integrarse en la vida diaria de la ciudad. “Riazor es más que un estadio, es un sentimiento, es parte de nuestra historia y de nuestra cultura. Queremos que siga siéndolo durante muchas generaciones”, afirmó.
El proyecto de modernización aspira a convertir el entorno de Riazor en un espacio activo durante todo el año, con actividades deportivas, sociales y culturales que generen valor más allá de los días de partido. La idea es crear un complejo deportivo polivalente que pueda albergar eventos de diversa índole, desde competiciones deportivas hasta conciertos y festivales. Se prevé la construcción de nuevas instalaciones, la mejora de las existentes y la creación de espacios verdes y zonas de ocio.
La decisión de A Coruña ha generado reacciones diversas en el ámbito político y deportivo. Algunos sectores han criticado la renuncia, argumentando que la ciudad ha perdido una oportunidad única de promoción internacional y de generación de ingresos. Otros, en cambio, han aplaudido la decisión, considerándola una muestra de responsabilidad y de visión de futuro.
El gobierno municipal defiende que la inversión necesaria para cumplir con las exigencias de la FIFA sería desproporcionada en relación con los beneficios esperados. Además, argumenta que la modernización del complejo deportivo de Riazor tendrá un impacto más duradero y beneficioso para la ciudad que la celebración de unos pocos partidos del Mundial.
La renuncia de A Coruña deja un hueco en la candidatura española para el Mundial 2030, que se organiza conjuntamente con Portugal y Marruecos. Otras ciudades españolas, como Madrid, Barcelona, Valencia, Sevilla, Bilbao y Málaga, siguen en la carrera por albergar partidos del torneo. La FIFA anunciará las ciudades sede definitivas en los próximos meses.
La alcaldesa Rey insistió en que A Coruña sigue siendo una ciudad comprometida con el deporte y con la promoción de eventos internacionales. Sin embargo, considera que la prioridad ahora es fortalecer la infraestructura deportiva local y mejorar la calidad de vida de los ciudadanos. “Queremos construir una ciudad más moderna, más sostenible y más atractiva para vivir y para visitar”, afirmó.
El proyecto de modernización del complejo deportivo de Riazor se prevé que se lleve a cabo en varias fases, con una inversión total estimada en varios millones de euros. El Ayuntamiento y Abanca ya han comenzado a trabajar en la elaboración de un plan detallado, que se presentará a la opinión pública en las próximas semanas. Se espera que las obras comiencen a principios del próximo año y que se prolonguen durante varios años.
La decisión de A Coruña de renunciar al Mundial 2030 es un ejemplo de cómo las ciudades pueden priorizar sus propias necesidades y aspiraciones, incluso cuando se enfrentan a oportunidades aparentemente atractivas. La apuesta por la modernización del complejo deportivo de Riazor es una inversión en el futuro de la ciudad, que permitirá fortalecer su infraestructura deportiva, mejorar la calidad de vida de sus ciudadanos y proyectar una imagen más moderna y atractiva a nivel nacional e internacional. La ciudad, aunque renunciando a la efímera gloria del Mundial, busca construir un legado duradero para las futuras generaciones.


