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Theia: El planeta perdido que nos dio la Luna y cambió la vida en la Tierra

Los científicos creen actualmente que un misterioso planeta del tamaño de Marte colisionó con una Tierra joven hace 4.500 millones de años y pudo haber sido absorbido por nuestro planeta.

Theia: El planeta perdido que nos dio la Luna y cambió la vida en la Tierra

La Luna, ese satélite natural que ilumina nuestras noches y regula las mareas, no siempre estuvo ahí. Su origen, envuelto en misterio durante siglos, se remonta a un evento cataclísmico ocurrido hace 4.500 millones de años: la colisión de la joven Tierra con un planeta del tamaño de Marte, bautizado como Theia por los científicos. Este “sacrificio cósmico”, como lo describen algunos, no solo dio origen a la Luna, sino que también sentó las bases para la estabilidad climática y, en última instancia, para el desarrollo de la vida tal como la conocemos.

Durante mucho tiempo, el origen de la Luna fue objeto de debate. Antes de las misiones Apolo, tres teorías principales competían por explicar su formación: la teoría de la fisión, que postulaba que la Luna se separó de la Tierra primitiva debido a su rápida rotación; la teoría de la captura, que sugería que la Luna se formó en otra parte del Sistema Solar y fue atrapada por la gravedad terrestre; y la teoría de la coformación, que proponía que la Tierra y la Luna se originaron y evolucionaron juntas.

Sin embargo, las misiones Apolo de la NASA, con la llegada de las primeras muestras de rocas lunares, revolucionaron nuestra comprensión del satélite. El análisis de estas rocas reveló una sorprendente similitud química con las rocas terrestres, lo que sugería que la Luna podría haberse originado a partir de la Tierra. Además, las rocas lunares mostraban indicios de haberse formado bajo condiciones de calor extremo, lo que apuntaba a un evento de impacto masivo.

Estas evidencias, junto con los avances en la modelización informática, llevaron al resurgimiento y consolidación de la hipótesis del gran impacto, que postula que la colisión entre la Tierra y Theia liberó una enorme cantidad de material que eventualmente se aglutinó para formar la Luna. Esta teoría explica no solo la composición química de la Luna, sino también su tamaño y órbita.

El profesor Thorsten Kleine, planetólogo del Instituto Max Planck para la Investigación del Sistema Solar en Alemania, explica que la estabilidad climática proporcionada por la Luna es crucial para la vida en la Tierra. “Sin estabilidad climática, tendríamos condiciones climáticas y meteorológicas mucho más extremas, lo cual no sería favorable para el desarrollo de la vida”, afirma. La Luna, a través de su interacción gravitacional con la Tierra, estabiliza el eje de rotación de nuestro planeta, lo que contribuye a la regularidad de las estaciones y a la moderación de las temperaturas.

Un estudio publicado en la revista Science en noviembre pasado, liderado por un equipo internacional de investigadores, reforzó aún más la hipótesis del gran impacto. El equipo analizó la composición química de muestras de la Tierra y la Luna, encontrando evidencia que respalda la idea de que Theia y nuestro planeta eran vecinos cercanos en un Sistema Solar en formación.

Pero, ¿qué pasó con Theia? A diferencia del asteroide que extinguió a los dinosaurios, Theia no dejó un cráter visible en la Tierra. Según Kleine, la diferencia de masa entre Theia (aproximadamente el 10% de la masa de la Tierra) y nuestro planeta provocó que se fragmentara al impactar y fuera absorbida en gran medida por la Tierra. Algunos fragmentos de Theia podrían haber contribuido a la formación de la Luna, pero su señal química es difícil de detectar.

“Una explicación es que la Tierra y Theia eran muy similares porque se formaron en la misma región del Sistema Solar”, explica Kleine. Esta similitud dificultaría la distinción entre los materiales de ambos planetas. De manera similar, la Tierra comparte rasgos con Venus y Marte, sus vecinos más cercanos.

Sin embargo, investigaciones recientes sugieren que podría haber rastros de Theia en las profundidades de la Tierra. Un estudio de 2023 reveló la existencia de dos áreas del tamaño de un continente en el manto terrestre que podrían ser restos de Theia.

La geóloga lunar de la NASA, Sarah Valencia, destaca que las muestras lunares traídas por las misiones Apolo son solo la punta del iceberg. “Si solo visitáramos seis lugares de la Tierra, ¿podríamos decir que hemos explorado toda la Tierra y comprendido su evolución? ¡Claro que no!”, afirma Valencia. La Luna tiene un potencial científico inagotable, y las futuras misiones Artemis de la NASA, que planean regresar a la Luna y explorar nuevas regiones, como el Polo Sur, prometen revelar aún más secretos sobre su origen y evolución.

Las misiones Artemis permitirán realizar experimentos más avanzados que los que fueron posibles en la era Apolo y analizar muestras de regiones lunares previamente inexploradas. Esto podría proporcionar pistas cruciales sobre la composición de Theia y su destino final.

En definitiva, la historia de la Luna es la historia de un evento cósmico extraordinario que transformó la Tierra y allanó el camino para la vida. Aunque Theia ya no existe como un planeta independiente, su legado perdura en el satélite que ilumina nuestras noches y en la estabilidad que proporciona a nuestro planeta. Agradecer a Theia por su sacrificio, tal vez, no sea una idea tan descabellada. La exploración lunar continua, impulsada por misiones como Artemis, nos acerca cada vez más a desentrañar los misterios de nuestro pasado cósmico y a comprender mejor el lugar que ocupamos en el universo.

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