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Imperio Narco Desmantelado: Uruguay Corta Lazos con el Crimen Organizado

La caída del delincuente uruguayo es la última de tres importantes detenciones a otros malhechores en Uruguay.

Imperio Narco Desmantelado: Uruguay Corta Lazos con el Crimen Organizado

La detención de Sebastián Marset en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, marca un punto de inflexión en la lucha contra el narcotráfico transnacional con vínculos en Uruguay. Este operativo, resultado de años de investigación, desmantela una compleja red criminal que operó impunemente durante años, utilizando a Uruguay como plataforma clave para la comercialización de cocaína a gran escala. La caída de Marset no es un evento aislado, sino la culminación de una serie de capturas que exponen la intrincada conexión entre el narcotraficante uruguayo y sus socios locales, Luis Fernando Fernández Albín, alias “El Flaco”, y Luis Alberto Suárez, conocido como “El Betito”.

Durante años, la conexión de Marset con Uruguay fue un secreto a voces, a pesar de sus constantes negaciones. El narco logró establecer una sólida red de colaboradores en el país, individuos de menor envergadura que ejecutaban sus órdenes y facilitaban sus operaciones. Si bien Marset tuvo etapas de mayor violencia, su principal actividad se centró en la comercialización de grandes cantidades de cocaína, convirtiendo a Uruguay en un territorio estratégico para el envío de la droga a otros destinos.

En el centro de esta red se encontraba Luis Fernando Fernández Albín, “El Flaco”, un delincuente con un largo historial criminal que se remonta a su juventud. Nacido en Argentina, Albín emigró a Uruguay siendo muy joven y rápidamente se involucró en actividades ilícitas, comenzando con hurtos y evolucionando hacia el tráfico de drogas. La familia Albín, según fuentes policiales, siempre ha tenido una fuerte presencia en el mundo de la comercialización de drogas en Uruguay, aprovechando los conflictos entre bandas locales para operar con mayor libertad y discreción.

Las investigaciones del Ministerio del Interior en la gestión pasada revelaron que “El Flaco” Albín actuaba como un “brazo ejecutor” de la organización de Marset en Uruguay, encargándose de coordinar las operaciones logísticas y de seguridad. Su participación en el atentado contra la fiscal de Corte, Mónica Ferrero, es un claro ejemplo de la peligrosidad y la capacidad de acción de esta red criminal. Se presume que Albín y sus hombres fueron los responsables de ingresar a la vivienda de la fiscal, disparar y colocar una granada en el patio, en un intento de silenciarla y obstaculizar sus investigaciones.

La orden de atentar contra Ferrero, según las autoridades, provino directamente de Marset, quien veía a la fiscal como una amenaza para sus operaciones. Ferrero, en su rol como fiscal de drogas, había mantenido a Marset bajo constante escrutinio, obstaculizando sus actividades y acercándose cada vez más a su captura.

Tras el atentado contra Ferrero, Marset adoptó una actitud más desafiante y violenta, apareciendo en un video armado y rodeado de sus colaboradores, en un claro mensaje de intimidación. Sin embargo, este episodio fue el detonante para que las autoridades de Paraguay, donde Marset estaba siendo investigado, intensificaran la búsqueda y finalmente lograran su captura en Santa Cruz de la Sierra.

Paralelamente a las operaciones de Marset y Albín, otro actor clave en esta red criminal era Luis Alberto Suárez, “El Betito”. Suárez, quien operaba principalmente en el barrio Cerro Norte de Montevideo, se presentaba como un hombre de negocios exitoso, dedicado a la representación de futbolistas y con un estilo de vida ostentoso. Sin embargo, tras las rejas, su imagen se desmoronó, revelando su verdadera identidad como cabecilla de una banda dedicada al tráfico de drogas y al lavado de activos.

Suárez fue detenido en noviembre del año pasado, en el marco de una serie de allanamientos en Montevideo. La policía encontró a Suárez en un búnker fortificado, con siete puertas de seguridad, lo que demuestra la sofisticación y la preparación de su organización. Las autoridades investigan a Suárez por lavado de activos, ya que su estilo de vida lujoso no se correspondía con sus ingresos declarados.

La captura de Albín en Argentina y su posterior extradición a Uruguay, junto con la detención de Suárez en Montevideo, completaron el desmantelamiento de la línea de tres que conformaba la estructura criminal liderada por Marset. La caída de estos tres individuos representa un duro golpe para el narcotráfico en Uruguay y abre una nueva etapa en la lucha contra el crimen organizado.

Las autoridades uruguayas, en colaboración con sus pares de Paraguay y Bolivia, continúan investigando las ramificaciones de esta red criminal, con el objetivo de identificar a todos los involucrados y desarticular sus operaciones financieras. Se espera que la detención de Marset y sus colaboradores tenga un impacto significativo en el mercado de drogas en Uruguay, reduciendo la disponibilidad de cocaína y debilitando la capacidad de las organizaciones criminales para operar en el país.

Este caso pone de manifiesto la necesidad de fortalecer la cooperación internacional en la lucha contra el narcotráfico y de invertir en recursos y tecnología para combatir el crimen organizado. La detención de Marset, Albín y Suárez es un paso importante, pero la batalla contra las drogas está lejos de haber terminado. Las autoridades uruguayas deben seguir trabajando incansablemente para proteger a la sociedad y garantizar la seguridad de todos los ciudadanos.

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