El dólar estadounidense continúa su escalada, acumulando tres jornadas consecutivas de alza, impulsado por un panorama internacional cada vez más tenso y una creciente demanda global por activos considerados refugio. La divisa norteamericana cotizaba al alza este viernes, situándose en $40,62 en el promedio interbancario, según datos de la Bolsa Electrónica de Valores (Bevsa), superando el cierre del jueves en $40,45 (+0,75%).
Este comportamiento del dólar no es aislado, sino que se enmarca en un contexto global marcado por la escalada de tensiones geopolíticas, especialmente en Medio Oriente, y el consiguiente aumento en los precios del petróleo. La confrontación retórica entre Estados Unidos e Irán mantiene en alerta a los mercados, ante el riesgo de interrupciones en las exportaciones de energía desde el Golfo Pérsico. Irán ha amenazado con garantizar el cierre efectivo del Estrecho de Ormuz, una vía crucial para el transporte de petróleo a nivel mundial, lo que agudiza la incertidumbre y alimenta la búsqueda de activos seguros.
El petróleo, por su parte, ha experimentado un fuerte incremento en los últimos meses, superando un aumento del 60% desde principios de 2026. Este alza se produce a pesar de los esfuerzos por estabilizar el mercado, incluyendo la liberación coordinada de reservas estratégicas por parte de la Agencia Internacional de la Energía y la concesión de exenciones temporales para la compra de petróleo ruso por parte de la administración estadounidense. Sin embargo, estas medidas no han logrado contrarrestar el impacto de las tensiones geopolíticas y la percepción de una oferta energética restringida.
Goldman Sachs ha advertido que, de continuar limitada la circulación de crudo a través del Estrecho de Ormuz, el precio del petróleo podría superar el máximo histórico alcanzado en 2008, cercano a los US$150 por barril. Esta perspectiva agrava aún más las preocupaciones sobre la inflación global y el impacto en el crecimiento económico.
En Estados Unidos, los datos económicos recientes han mostrado una desaceleración en el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) en el cuarto trimestre, revisado a la baja a 0,7% frente al 1,4% estimado inicialmente. Esta cifra generó presión sobre las acciones más sensibles al crédito. No obstante, el informe del índice PCE indicó una moderación en la inflación anual, que se situó en 2,8%.
Estos datos han reforzado las expectativas de que la Reserva Federal (Fed) pueda recortar las tasas de interés este año, posiblemente en septiembre. Los operadores estarán atentos a la próxima reunión del banco central, que se celebrará la semana próxima, en busca de señales sobre la trayectoria de la política monetaria para el resto de 2026. Aunque no se prevén cambios inmediatos en la tasa de fondos federales, cualquier indicio sobre la futura orientación de la Fed podría tener un impacto significativo en los mercados financieros.
La fortaleza del dólar también se atribuye a la percepción de que la economía estadounidense está mejor posicionada que otras para enfrentar los desafíos actuales, gracias a su mayor independencia energética. A diferencia de muchos otros países, Estados Unidos no depende en gran medida de las importaciones de petróleo del Golfo Pérsico, lo que le otorga una mayor resiliencia ante las posibles interrupciones en el suministro.
En contraste con la incertidumbre que rodea a la economía global, las acciones estadounidenses han mostrado cierta recuperación, avanzando y recuperando parte de las pérdidas registradas el día anterior. Los inversores están reevaluando el impacto del aumento de los precios de la energía sobre los márgenes corporativos y las tasas de interés, buscando oportunidades en un mercado volátil.
La situación actual exige un monitoreo constante de los acontecimientos geopolíticos y económicos, así como una evaluación cuidadosa de los riesgos y oportunidades que se presentan en los mercados financieros. La tensión en Medio Oriente, el aumento del precio del petróleo y la incertidumbre sobre la política monetaria de la Fed son factores clave que determinarán la evolución del dólar y de otros activos en los próximos meses.
La combinación de estos factores ha llevado a una mayor aversión al riesgo entre los inversores, quienes buscan refugio en activos considerados seguros, como el dólar estadounidense. Esta tendencia podría continuar en el corto plazo, especialmente si las tensiones geopolíticas se intensifican o si los precios del petróleo siguen aumentando. Sin embargo, una eventual resolución de los conflictos en Medio Oriente o una señal más clara de que la Fed está dispuesta a recortar las tasas de interés podrían revertir esta tendencia y debilitar el dólar.
En resumen, el alza del dólar es una respuesta lógica a un entorno global complejo y desafiante. La tensión geopolítica, el aumento del precio del petróleo y la incertidumbre sobre la política monetaria de la Fed están impulsando la demanda de activos refugio, beneficiando a la moneda estadounidense. Los inversores deben estar preparados para un período de volatilidad y tomar decisiones informadas basadas en un análisis exhaustivo de los riesgos y oportunidades que se presentan en el mercado.


