Tras la pandemia de Covid-19, la vigilancia epidemiológica global ha experimentado una transformación crucial, desplazando su enfoque de la reacción a la anticipación. La comunidad científica internacional ahora se centra en identificar y monitorear de cerca a los virus que exhiben signos de expansión o adaptación, con el objetivo de prevenir que se conviertan en futuras crisis sanitarias. Un reciente análisis internacional, liderado por investigadores de la Universidad de Virginia, ha puesto de manifiesto una serie de patógenos que podrían definir el panorama sanitario en los próximos años, generando una alerta temprana entre los expertos.
Entre los virus identificados como de mayor preocupación se encuentran la influenza aviar H5N1, el Mpox (anteriormente conocido como viruela del mono) y el virus Oropuche, junto con otros virus respiratorios que continúan circulando en diversas regiones del mundo. La identificación de estos patógenos no es un ejercicio alarmista, sino una respuesta proactiva a la creciente amenaza de enfermedades emergentes, impulsada por factores como el cambio climático, la interacción humana-animal y la globalización.
La doctora María Isabel Oliver, experta en ciencias biológicas y directora de Ingeniería en Biotecnología de la Universidad Andrés Bello, explica que uno de los principales motivos de inquietud para los especialistas es el fenómeno del “salto de especie”. Este proceso ocurre cuando un virus que originalmente circula en animales adquiere la capacidad de infectar a humanos, abriendo la puerta a nuevas epidemias y pandemias. “La mayoría de estos virus actualmente circula en animales, pero cuando comienzan a adaptarse y a infectar mamíferos aumenta la probabilidad de que puedan llegar al ser humano. Mientras más tiempo circula un virus, más oportunidades tiene de mutar y encontrar la forma de entrar a nuestras células”, advierte la doctora Oliver.
Comprender la evolución de estos patógenos es, por lo tanto, fundamental para anticipar escenarios de riesgo y fortalecer las medidas de prevención. La doctora Oliver destaca que el cambio climático, la creciente interacción entre humanos y animales, y la movilidad global son factores que favorecen la propagación de estos virus, facilitando su circulación a través de diferentes zonas del planeta. El cambio climático, en particular, altera los ecosistemas y puede acercar a los humanos a animales portadores de virus, aumentando el riesgo de transmisión.
Actualmente, la influenza aviar H5N1 es uno de los casos que atrae mayor atención. Históricamente, este virus ha afectado principalmente a aves, pero recientemente se han registrado contagios en mamíferos, lo que ha incrementado la preocupación científica debido a la mayor cercanía biológica con los humanos. La capacidad del virus para infectar a mamíferos sugiere que podría estar evolucionando para superar las barreras de especie y volverse más fácilmente transmisible a los humanos.
El Mpox, que causó brotes en varios países, también sigue siendo un motivo de vigilancia. Aunque la propagación del virus se ha ralentizado en comparación con los primeros brotes, la posibilidad de que resurja y se propague nuevamente es real. El virus Oropuche, transmitido por mosquitos, representa otra amenaza, especialmente en regiones donde las condiciones ambientales y climáticas favorecen la proliferación de estos insectos.
Frente a este escenario, la doctora Oliver enfatiza la importancia de fortalecer los sistemas de vigilancia epidemiológica, especialmente en la detección temprana de virus emergentes. La detección temprana permite implementar medidas de control y prevención de manera oportuna, evitando que los brotes se propaguen rápidamente. En el caso de Chile, si bien el sistema sanitario se ha fortalecido tras la pandemia de Covid-19, aún existen desafíos relacionados con la descentralización del diagnóstico y monitoreo sanitario. La descentralización permitiría una respuesta más rápida y eficiente a los brotes, especialmente en regiones remotas o con recursos limitados.
La académica subraya que, mientras la ciencia continúa investigando estos virus emergentes, la población debe mantener medidas básicas de prevención frente a enfermedades respiratorias, como vacunarse contra la influenza, evitar la exposición a contagios en grupos de riesgo y acudir a centros de salud ante síntomas sospechosos, especialmente en niños pequeños y adultos mayores, quienes suelen ser los más vulnerables. La vacunación contra la influenza no solo protege a los individuos vacunados, sino que también reduce la carga sobre el sistema sanitario y disminuye el riesgo de que la influenza se combine con otros virus, como el H5N1, generando nuevas variantes.
La preparación para futuras pandemias no es solo una responsabilidad de los gobiernos y las instituciones de salud, sino también de cada individuo. Adoptar hábitos saludables, como lavarse las manos con frecuencia, cubrirse la boca al toser o estornudar y evitar el contacto cercano con personas enfermas, puede ayudar a prevenir la propagación de enfermedades. La educación y la concienciación pública también son fundamentales para garantizar que la población esté informada sobre los riesgos y las medidas de prevención.
En resumen, la identificación de nuevos patógenos emergentes y la comprensión de su potencial de propagación son cruciales para proteger la salud pública. La vigilancia epidemiológica, la investigación científica, la prevención y la preparación son elementos clave para enfrentar estas amenazas y evitar que se conviertan en futuras crisis sanitarias. La colaboración internacional y el intercambio de información también son esenciales para abordar este desafío global de manera efectiva. La lección aprendida de la pandemia de Covid-19 es clara: la prevención es siempre mejor que la cura, y la inversión en salud pública es una inversión en el futuro.


