La llegada confirmada de El Niño Costero, con una duración estimada hasta noviembre de 2026, ha encendido las alarmas en el sector salud peruano ante el inminente incremento de casos de dengue. La Comisión Multisectorial ENFEN ha oficializado la presencia del fenómeno climático, caracterizado por lluvias torrenciales y un aumento sostenido de las temperaturas, creando un caldo de cultivo perfecto para la proliferación del Aedes aegypti, el mosquito transmisor del dengue. Hasta la fecha, la enfermedad ha cobrado la vida de 12 personas y ha infectado a más de 7,400 ciudadanos, con una concentración significativa de casos en las regiones de la costa norte y la Amazonía.
La situación es particularmente preocupante debido a la aceleración del ciclo biológico del mosquito. El médico infectólogo Leslie Soto advierte que el calor extremo ha reducido drásticamente el tiempo que tarda el Aedes aegypti en pasar de huevo a adulto, pasando de un promedio de 10 a 11 días a tan solo 5 días. Esta velocidad en la reproducción del vector incrementa exponencialmente el riesgo de contagio y dificulta las labores de control.
El exministro de Salud, Víctor Zamora, añade otra capa de complejidad al panorama. Según sus observaciones, el mosquito ha superado las barreras geográficas tradicionales, apareciendo ahora en zonas que superan los 1,000 metros de altura y en depósitos de agua contaminada, un fenómeno poco común en años anteriores. Esta expansión del rango geográfico del mosquito amplía la población vulnerable y exige una revisión de las estrategias de prevención.
Un factor clave que contribuye a la proliferación del mosquito es la falta de acceso a agua potable permanente en muchas ciudades, especialmente en Piura. La necesidad de almacenar agua en los hogares, aunque esencial para la supervivencia, crea inadvertidamente criaderos ideales para el Aedes aegypti. Esta situación pone de manifiesto la necesidad urgente de invertir en infraestructura de agua potable y saneamiento básico para reducir la vulnerabilidad de la población.
Si bien el 90% de los casos de dengue suelen ser leves, el sistema sanitario peruano se enfrenta al temor de un colapso similar al experimentado en 2023. La debilidad del primer nivel de atención, representado por las postas médicas, obliga a muchos pacientes a acudir directamente a los hospitales, saturando los servicios de emergencia y comprometiendo la capacidad de respuesta del sistema. Se estima que aproximadamente el 6% de los afectados requiere hospitalización, y hasta el 4% necesita una cama en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI), especialmente aquellos con comorbilidades preexistentes como diabetes o hipertensión.
Actualmente, las regiones de San Martín, Ucayali y Loreto concentran más de la mitad de los pacientes y fallecidos a nivel nacional, lo que evidencia la necesidad de focalizar los esfuerzos de prevención y atención en estas zonas más afectadas. La situación en la Amazonía es particularmente crítica debido a las condiciones climáticas y la dificultad de acceso a los servicios de salud.
El Ministerio de Salud (Minsa) ha elaborado un plan nacional para enfrentar la epidemia de dengue, que incluye innovaciones como la liberación de mosquitos con la bacteria Wolbachia, una estrategia que busca reducir la capacidad del mosquito de transmitir el virus, y la ampliación de la vacunación. Sin embargo, especialistas critican la desproporción en la asignación presupuestaria. Mientras que se destinan S/ 110 millones a diagnóstico y tratamiento, la prevención solo cuenta con S/ 33 millones. Esta disparidad sugiere una falta de visión estratégica y una priorización reactiva en lugar de proactiva.
Además del problema presupuestario, la alta rotación de funcionarios y la politización del sector salud dificultan una respuesta técnica eficiente frente a la epidemia. La falta de continuidad en la gestión y la injerencia política pueden comprometer la implementación de estrategias basadas en evidencia científica y obstaculizar la coordinación entre los diferentes niveles de gobierno.
La magnitud final de la epidemia de dengue sigue siendo incierta, pero la combinación de factores climáticos, biológicos y socioeconómicos sugiere que la situación podría agravarse en los próximos meses. Es fundamental que el gobierno peruano tome medidas urgentes y coordinadas para fortalecer el sistema de salud, invertir en prevención, garantizar el acceso a agua potable y saneamiento básico, y promover la participación comunitaria en las labores de control del mosquito. La salud de la población está en juego, y la respuesta a esta crisis climática y sanitaria requiere un compromiso firme y sostenido de todos los actores involucrados. La vigilancia epidemiológica constante, la comunicación efectiva con la población y la movilización de recursos son esenciales para mitigar el impacto de esta epidemia y proteger la salud pública.


