Un alarmante estudio de la Universidad Estatal a Distancia (UNED) ha revelado que el Parque Internacional La Amistad (PILA), joya de la biodiversidad costarricense y Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, ha sido devastado por una ola de incendios forestales en la última década. Entre 2012 y 2020, se registraron cerca de 447 incendios, consumiendo más de 30 mil hectáreas de bosque y pastizales, poniendo en riesgo la integridad de este ecosistema crucial y las comunidades que dependen de él.
La investigación, liderada por Felena Casado Ramos y Daniela Vargas Sanabria, no solo cuantifica el daño, sino que profundiza en la identificación de los factores que contribuyen a la propagación de estos incendios, con el objetivo de informar y mejorar las estrategias de prevención y gestión del riesgo. El estudio subraya la particular vulnerabilidad de la zona de amortiguamiento del PILA, esa franja de terreno que rodea el área protegida y actúa como un escudo contra las amenazas externas.
Los hallazgos son contundentes. La mayoría de los incendios se concentraron por encima de los 1,600 metros sobre el nivel del mar, una altitud donde las condiciones climáticas y la vegetación particular hacen que la propagación del fuego sea especialmente rápida y difícil de controlar. Además, las áreas con pendientes pronunciadas y una alta cobertura de pastizales demostraron ser especialmente propensas a los incendios, tanto en términos de frecuencia como de severidad. Esta correlación sugiere fuertemente la influencia de actividades humanas, como la quema de pastos para la renovación de terrenos agrícolas o ganaderos, como una de las principales causas de estos desastres.
El impacto de los incendios no se distribuye uniformemente. El Territorio Indígena Ujarrás ha sido el más afectado, con más de 24,600 hectáreas de bosque y pastizales perdidas a causa del fuego. Las comunidades indígenas de Salitre y Cabagra también han sufrido daños significativos, lo que pone de manifiesto la vulnerabilidad particular de estos grupos a los efectos del cambio climático y la degradación ambiental. La pérdida de estos ecosistemas no solo implica la destrucción de la biodiversidad y los recursos naturales, sino también la amenaza a la seguridad alimentaria, la salud y el bienestar de las comunidades indígenas que dependen directamente de ellos.
Daniela Vargas Sanabria, una de las investigadoras principales, enfatiza la necesidad urgente de priorizar la prevención y la educación ambiental. “Es fundamental que trabajemos juntos, como sociedad, para crear conciencia sobre los riesgos de los incendios forestales y promover prácticas sostenibles que protejan nuestros bosques”, afirma Vargas Sanabria. “La educación ambiental debe llegar a todos los sectores de la población, desde los agricultores y ganaderos hasta los turistas y los niños, para que todos comprendan la importancia de proteger este valioso patrimonio natural”.
La metodología empleada en el estudio es rigurosa y sofisticada. Los investigadores analizaron datos satelitales MODIS y VIIRS, que proporcionan información detallada sobre la ubicación y la intensidad de los incendios forestales. Estos datos fueron combinados con Sistemas de Información Geográfica (SIG), que permitieron mapear con precisión los patrones espaciales de los incendios y asociarlos con variables geográficas clave, como la altitud, la pendiente, la cobertura vegetal y la proximidad a áreas pobladas. La validación experta, realizada por especialistas en incendios forestales y ecología, aseguró la fiabilidad y la precisión de los resultados.
El estudio destaca la compleja relación entre incendios forestales, cambio climático y presión humana. El cambio climático, con sus patrones de sequía más prolongados y temperaturas más altas, crea condiciones más favorables para la propagación de los incendios. A su vez, la presión humana, a través de actividades como la deforestación, la agricultura y la ganadería, aumenta el riesgo de ignición y facilita la propagación del fuego. Esta combinación de factores crea un círculo vicioso que amenaza la sostenibilidad de los ecosistemas forestales y el bienestar de las comunidades que dependen de ellos.
Felena Casado Ramos, la otra investigadora principal, concluye que el propósito de la investigación es “destacar la importancia de proteger nuestros recursos naturales de Costa Rica, promoviendo el uso de la tecnología y la ciencia aplicada para enfrentar los desafíos ambientales del país”. El estudio no solo proporciona información valiosa para la toma de decisiones, sino que también sirve como un llamado a la acción para todos los sectores de la sociedad.
Las recomendaciones del estudio incluyen el fortalecimiento de los sistemas de monitoreo y alerta temprana de incendios forestales, la implementación de programas de prevención y educación ambiental dirigidos a las comunidades locales, la promoción de prácticas agrícolas y ganaderas sostenibles, y el aumento de la inversión en la gestión y la restauración de los ecosistemas forestales. Además, se destaca la necesidad de una mayor coordinación entre las instituciones gubernamentales, las organizaciones no gubernamentales y las comunidades locales para abordar este problema de manera efectiva.
La situación del Parque Internacional La Amistad es un claro ejemplo de los desafíos que enfrenta Costa Rica en la protección de su biodiversidad y sus recursos naturales. La pérdida de más de 30 mil hectáreas de bosque y pastizales en menos de una década es una señal de alarma que no puede ser ignorada. Es hora de actuar con determinación y responsabilidad para proteger este valioso patrimonio natural para las generaciones futuras. La investigación de la UNED ofrece una hoja de ruta clara para abordar este problema, pero su éxito depende del compromiso y la colaboración de todos los actores involucrados. El futuro de La Amistad, y de Costa Rica, está en juego.

