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¡Silenciadas por la FIFA! La historia oculta del Mundial femenino de México 71

Con más de 70 años, las exfutbolistas reconocen que su historia ha cobrado nueva visibilidad con el “boom” del Mundial 2026 de México, Estados Unidos y Canadá.

¡Silenciadas por la FIFA! La historia oculta del Mundial femenino de México 71

México, 8 de marzo de 2026 – Más de medio siglo después de una hazaña deportiva sin precedentes, las integrantes del equipo mexicano de fútbol femenino que llegó a la final del Mundial no reconocido de 1971 están saliendo de las sombras. Con el inminente Mundial de 2026 en México, Estados Unidos y Canadá, su historia de talento, sacrificio y discriminación está cobrando una nueva relevancia, revelando una verdad incómoda sobre el machismo y la exclusión que marcaron los inicios del fútbol femenino en el país.

En 1971, México albergó un torneo mundial femenino no oficial que atrajo a miles de espectadores al Estadio Azteca, llenándolo con una multitud de 110,000 personas para la final contra Dinamarca. Un récord de asistencia que, hasta la fecha, no ha sido superado por un partido de fútbol femenino. Sin embargo, en lugar de reconocimiento y apoyo, las jugadoras recibieron el veto de la FIFA, que ordenó a las federaciones nacionales impedirles jugar en estadios controlados por el organismo.

“Fuimos subcampeonas del mundo, llenamos un estadio que nadie había llenado”, recuerda Elvira Aracén, arquera de la selección en 1971, ahora con 80 años. “Lo que nunca había sucedido en ninguno de los mundiales de varones”. Pero el éxito no fue celebrado, sino castigado. La FIFA, en un acto de desprecio y exclusión, decidió ignorar su logro y prohibirles continuar su carrera deportiva.

La semana previa a la final contra Dinamarca estuvo marcada por la intimidación y la presión mediática. Las jugadoras recibieron amenazas, llamadas telefónicas anónimas y fueron objeto de rumores maliciosos sobre supuestos pagos millonarios por jugar, a pesar de que el equipo era considerado amateur y no recibía salario alguno.

“Esa semana fue definitiva para nuestro rendimiento, fue una total desconcentración”, afirma Bertha Orduña, defensa central que jugó aquella final en el Estadio Azteca, que será sede del partido inaugural del Mundial 2026. La presión psicológica y el hostigamiento afectaron su desempeño en el campo, pero no pudieron apagar su espíritu de lucha.

Tras el silbatazo final, la exclusión institucional se convirtió en su realidad. Se les prohibió volver a jugar un Mundial o integrarse a un equipo profesional, truncando los sueños de una generación pionera que había demostrado su valía en el terreno de juego.

Alicia ‘Pelé’ Vargas, capitana y goleadora del equipo, lamenta que los “hombres de pantalón largo” las “sepultaron” en la historia por miedo. “Hicimos en tan poco tiempo lo que ellos no han hecho en 100 años desde que juega el varonil”, declara con amargura.

María Hernández, exfutbolista, critica la falta de reconocimiento de la FIFA, que hasta 1991 solo reconoció un Mundial femenino. “FIFA calló por mucho tiempo el fútbol femenil, y a la fecha siguen sin reconocer que van cuatro mundiales (en México). Como institución, mencionan tres… Somos cuatro y no lo van a matar”, afirma con determinación.

A pesar de la falta de apoyo institucional, el legado de estas pioneras perduró y sembró la semilla para las futuras generaciones de futbolistas mexicanas. Figuras como la portera Yolanda Ramírez, las defensas Lourdes de la Rosa, Martha Coronado e Irma Chávez y la mediocampista Patricia Hernández inspiraron a muchas jóvenes a seguir sus pasos.

“La semilla se sembró y entonces las que siguieron pudieron seguir luchando hasta que se forma la Liga (mexicana femenil) hace nueve años”, describe Aracén. Las integrantes del equipo de 1971 dedicaron parte de su vida a formar a niñas en el fútbol, transmitiendo su pasión y conocimientos a las nuevas generaciones.

“Abrimos brecha”, se dicen entre ellas las mundialistas, pero advierten que el pasado “de puertas cerradas” no puede repetirse. Ni hombres ni mujeres deben “dar marcha atrás” sobre lo que se ha logrado en el fútbol femenil.

Celebran los avances que se han logrado, como el hecho de que las niñas ahora entrenan en campos empastados, en lugar de los lotes de tierra con vidrios y piedras en donde ellas jugaron. También se alegran de que los padres festejen a sus hijas por elegir el fútbol, en lugar de “prohibirlo” con violencia, como les ocurrió a Lourdes de la Rosa y a Silvia Zaragoza.

“El machismo inició desde casa, mi padre nunca me dejó jugar fútbol, entonces comencé a luchar contra eso”, lamenta Zaragoza, delantera del 71.

Sin embargo, las exfutbolistas advierten que persisten desigualdades, como la brecha salarial, que deja a las jugadoras que hoy compiten en torneos como el próximo Mundial de Brasil 2027 con ingresos hasta diez veces menores que los hombres.

Con más de 70 años y unidas por la amistad, estas pioneras reconocen que su historia ha cobrado nueva visibilidad con el “boom” del Mundial 2026. Agradecen que las autoridades mexicanas las incluyan en los eventos para continuar su verdadera misión: “Hacer que muchas niñas jueguen fútbol”. Su lucha por el reconocimiento y la igualdad en el fútbol femenino continúa, inspirando a nuevas generaciones a perseguir sus sueños y romper barreras. La historia de estas subcampeonas olvidadas es un recordatorio de que el camino hacia la igualdad es largo y lleno de obstáculos, pero que la perseverancia y la pasión pueden superar cualquier adversidad.

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