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Ellas Florecen en Chiquintad: Historias de Empoderamiento Rural que Inspiran

En la parroquia rural de Chiquintad, las mujeres sostienen tradiciones y emprendimientos que fortalecen a sus familias y comunidad. En el Día de la Mujer, sus historias reflejan la fuerza y el valor de la mujer rural. En la parroquia rural de Chiquintad, al norte de Cuenca, las mujeres han construido su propio camino entre...La entrada Mujeres rurales sostienen la tradición y construyen el futuro se publicó primero en Diario El Mercurio.

Ellas Florecen en Chiquintad: Historias de Empoderamiento Rural que Inspiran

En la tranquila parroquia rural de Chiquintad, ubicada al norte de Cuenca, Ecuador, las mujeres se erigen como pilares fundamentales de sus familias y de toda la comunidad. Su labor incansable, arraigada en tradiciones ancestrales y alimentada por un espíritu emprendedor, se visibiliza especialmente en este Día Internacional de la Mujer, revelando una fuerza y un valor inquebrantables. Lejos de los reflectores mediáticos, estas mujeres han construido un camino propio, entrelazando la agricultura, el comercio y la artesanía para asegurar el bienestar de sus seres queridos y preservar el legado cultural de la región.

Cuatro historias, cuatro ejemplos palpables de resiliencia y creatividad, ilustran cómo el trabajo femenino no solo sostiene economías locales, sino que también conserva oficios milenarios y abre nuevas oportunidades en un entorno rural a menudo desafiante.

Elvia Jara, con 44 años a sus espaldas, es una prueba viviente de que la determinación puede convertir una pasión en un sustento. Hace más de una década, Elvia decidió apostar por el cultivo de orquídeas y la creación de arreglos florales. Lo que comenzó como un hobby, una forma de conectar con la belleza de la naturaleza, se transformó en un próspero emprendimiento que le permite mantener a sus tres hijos y alcanzar su independencia económica. Desde su casa, ha construido pequeños invernaderos donde cuida con esmero cada flor, seleccionando variedades exóticas y combinándolas en arreglos que cautivan a los habitantes de Chiquintad y sus alrededores.

“Es bonito tener un trabajo, un emprendimiento, poder salir adelante y no depender de alguien más para decir ‘yo sí puedo’”, confiesa Elvia con una sonrisa radiante, mientras muestra con orgullo sus invernaderos repletos de orquídeas de todos los colores y formas. Para ella, el trabajo con flores tiene un significado especial, casi terapéutico. “Es algo hermoso porque tal vez nunca me regalaron una flor, y ahora estoy rodeada de tantas orquídeas”, añade, revelando una vulnerabilidad que la hace aún más cercana y admirable. Elvia no solo ha logrado su independencia económica, sino que también ha encontrado en las flores una fuente de alegría y empoderamiento personal.

La tradición también tiene un rostro y un sabor en Chiquintad, gracias a Magdalena Gahuancela, una mujer de 58 años que mantiene viva la llama de los dulces caseros. Cada fin de semana, Magdalena se dedica a preparar roscas, suspiros, arepas y empanadas integrales de trigo, utilizando recetas transmitidas de generación en generación. Sus dulces, elaborados con ingredientes frescos y el cariño de una tradición familiar, se han convertido en un deleite para los paladares locales y en un recuerdo apreciado por aquellos que han emigrado.

“Mi mamá me enseñó, y antes los papás de ella también hacían”, cuenta Magdalena, evocando los recuerdos de su infancia y la importancia de preservar el legado culinario de su familia. Su madre, Tránsito Merchán, de 79 años, aún la apoya en la venta de los productos, demostrando que la tradición se fortalece con la colaboración intergeneracional. Las roscas son, sin duda, el producto estrella de Magdalena, tan solicitadas que algunos clientes las compran para llevarlas a Estados Unidos como un pedacito de su tierra natal.

En un mundo cada vez más industrializado, el oficio tradicional del sombrero de paja se resiste a desaparecer gracias al trabajo de Gladys Vidal Merchán, una mujer de 58 años que se ha dedicado a la labor de hormado desde niña. Gladys aprendió a armar y reparar sombreros junto a su padre, Samuel Vidal, heredando una tradición familiar que se remonta a su abuelo. Hoy en día, es la única persona en la parroquia que aún se dedica a este arte ancestral, dando forma al sombrero, blanqueándolo, prensándolo y colocando el cintillo final con una destreza y una precisión admirables.

“He mantenido esta tradición y no quisiera que se pierda”, asegura Gladys con un profundo sentido de compromiso. Su labor no solo consiste en preservar un oficio artesanal, sino también en mantener viva la identidad cultural de Chiquintad. Gladys es consciente de que su trabajo es fundamental para evitar que una parte importante del patrimonio local se desvanezca en el tiempo.

El liderazgo femenino también se manifiesta en la organización comunitaria, como lo demuestra Angelita Viñanzaca, gerente de la Cooperativa de Producción Artesanal Centro de Bordados Cuenca. Esta cooperativa, integrada por 32 mujeres de zonas rurales de Cuenca, Gualaceo y Paute, nació hace 37 años como un proyecto de cooperación internacional y hoy produce bordados a mano de alta calidad, especialmente tarjetas con motivos de flora y fauna del país, así como blusas y camisetas.

Para muchas integrantes de la cooperativa, el bordado ha sido una tabla de salvación, una fuente de ingresos que les ha permitido sostener sus hogares, especialmente en familias marcadas por la migración. “Hay compañeras que están al frente del hogar, tanto en lo económico como en el cuidado de los hijos”, señala Angelita, destacando el papel fundamental que desempeñan las mujeres en la economía familiar y en la cohesión social.

En Chiquintad, el trabajo femenino florece entre orquídeas, dulces, sombreros y bordados, demostrando que la fuerza de la comunidad también se teje con manos de mujer. Estas historias de empoderamiento rural, que a menudo pasan desapercibidas, son un testimonio de la resiliencia, la creatividad y el espíritu emprendedor de las mujeres ecuatorianas, que siguen construyendo un futuro mejor para sus familias y para su país. En este Día Internacional de la Mujer, es importante reconocer y valorar el invaluable aporte de estas mujeres, que son el motor del desarrollo local y la guardiana de las tradiciones ancestrales.

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