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Trump Desata Tormenta en América Latina: ¿Nuevo Orden o Intervención Descarada?

Este sábado, los mandatarios de Bolivia, Argentina, Ecuador, Honduras, República Dominicana y Paraguay, entre otros, formarán el cónclave regional apuntado a temas de migración, narcotráfico y la relación con Cuba

Trump Desata Tormenta en América Latina: ¿Nuevo Orden o Intervención Descarada?

El presidente Donald Trump se prepara para una cumbre de alto riesgo este sábado en Doral, Florida, con una docena de líderes latinoamericanos y caribeños, en un evento bautizado como “Escudo de las Américas”. La reunión, que se lleva a cabo en el club de golf de Trump, cerca de su residencia en Palm Beach, busca consolidar una alianza regional frente a la creciente influencia de China y abordar la escalada de la inseguridad y el crimen organizado que azota el continente. Sin embargo, la sombra de la reciente ofensiva estadounidense contra Irán y las declaraciones incendiarias de Trump sobre Cuba han añadido una capa de tensión y especulación a la cumbre.

La iniciativa cuenta con el respaldo de los presidentes Rodrigo Paz (Bolivia), Rodrigo Chaves (Costa Rica), Luis Abinader (República Dominicana), Daniel Noboa (Ecuador), Nayib Bukele (El Salvador), Javier Milei (Argentina), Nasry “Tito” Asfura (Honduras), Mohamed Irfaan Alí (Guyana), José Raúl Mulino (Panamá), Santiago Peña (Paraguay) y Kamla Persad-Bissessar (Trinidad y Tobago), quienes se autodenominan socios fundadores. El mandatario electo de Chile, José Antonio Kast, también se unirá a la cumbre, anticipando una posible alineación con la política exterior de Trump.

La cumbre se enmarca dentro de lo que la Casa Blanca ha denominado la “Doctrina Donroe”, una clara señal de la intención de Trump de reafirmar la hegemonía estadounidense en la región. Karoline Leavitt, vocera de la Casa Blanca, describió el propósito de la cumbre como la promoción de “la libertad, la seguridad y la prosperidad” en América Latina, aunque los críticos ven en esta retórica un pretexto para una mayor intervención en los asuntos internos de los países de la región.

La reciente operación “Furia Épica”, la ofensiva estadounidense contra Irán, y la captura del ex dictador venezolano Nicolás Maduro han puesto de manifiesto la agresiva política exterior de Trump. El mandatario ha insinuado que Cuba podría ser el próximo objetivo, especialmente tras la colaboración con Delcy Rodríguez, la sucesora de Maduro, en el desarrollo de las reservas petroleras venezolanas. Esta colaboración, aunque pragmática, ha generado controversia y ha sido interpretada por algunos como una señal de que Trump está dispuesto a trabajar con regímenes autoritarios si sirve a los intereses estadounidenses.

La creciente inseguridad en América Latina, impulsada por el auge de los cárteles de droga y las organizaciones criminales, ha creado un terreno fértil para la cooperación con Estados Unidos. Países como Ecuador, que se han visto abrumados por la violencia, han intensificado su colaboración con Washington en la lucha contra el narcotráfico. La reciente difusión por parte del Ejército estadounidense de un video que muestra la destrucción de una vivienda en Ecuador, presentada como un golpe contra los “narcoterroristas”, ilustra la creciente presencia militar estadounidense en la región.

La política de presión de Trump sobre los regímenes latinoamericanos ha sido evidente en su campaña de bombardeos contra embarcaciones “narcoterroristas” en el Caribe, que según sus declaraciones estaban vinculadas a la dictadura chavista de Maduro. La captura de Maduro y su esposa, Cilia Flores, en enero, y su traslado a Nueva York para enfrentar cargos por narcoterrorismo y conspiración, marcaron un punto de inflexión en la política estadounidense hacia Venezuela.

Tras la caída de Maduro, Washington ha centrado su atención en Cuba, amenazando con imponer aranceles a cualquier país que suministre petróleo a la isla. Trump ha anunciado la apertura de negociaciones con La Habana y ha sugerido la posibilidad de una “toma amistosa de Cuba”, aunque la agenda internacional se ha desplazado hacia Oriente Medio tras el inicio de la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán.

La postura de los líderes latinoamericanos ante la cumbre es diversa. El presidente argentino Javier Milei, conocido por su ideología libertaria y su cercanía a Trump, se espera que sea un firme aliado de Estados Unidos. El mandatario ecuatoriano Daniel Noboa, que ha declarado una guerra contra el narcotráfico, también ha mostrado su disposición a colaborar estrechamente con Washington. Sin embargo, el presidente electo de Chile, José Antonio Kast, ha adoptado una postura más cautelosa, afirmando que su país buscará mantener “las mejores relaciones” tanto con China como con Estados Unidos.

La relación de Chile con China es crucial, ya que el gigante asiático es el principal socio comercial del país, el mayor productor de cobre a nivel global. Estados Unidos, por su parte, es el mayor inversionista extranjero en Chile. Kast ha reconocido la importancia de equilibrar estas relaciones y de no comprometer los intereses económicos de su país.

La cumbre “Escudo de las Américas” representa un momento crucial para el futuro de las relaciones entre Estados Unidos y América Latina. La reunión podría conducir a una mayor cooperación en materia de seguridad y economía, pero también podría generar tensiones y divisiones en la región. La sombra de la “Doctrina Donroe” y las ambiciones de Trump de reafirmar la hegemonía estadounidense en la región plantean interrogantes sobre el futuro de la soberanía y la independencia de los países latinoamericanos. La experta en América Latina del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS), Irene Mia, advierte que la creciente inseguridad en el continente ha facilitado la aceptación de los intereses estadounidenses, pero también subraya la necesidad de que los líderes latinoamericanos defiendan sus propios intereses y eviten convertirse en meros peones en el juego geopolítico de las grandes potencias.

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